El factor Kast



No es fácil ser de derecha, reconozcamos que tiene mala prensa, mientras la izquierda aparece preocupada de la igualdad y de quitarle a los ricos -o a los súper ricos- para darle a los pobres, a nosotros nos imputan defender a los poderosos, cuidar privilegios, ser "economicistas" y bastan un par de opiniones que contradigan lo políticamente correcto para ser ubicado en la extrema derecha. A Bolsonaro se le crucifica, a Maduro se le relativizan o niegan sus tropelías; lo que dice J.A. Kast "violenta", lo que dicen o hacen Camila o Giorgio, por mencionar a algunos, se recibe con un halo de "buena onda".

Si el partido que formará J.A. Kast pacta con Chile Vamos se denunciará la derechización del oficialismo; si lo hace el Frente Amplio con la Nueva Mayoría será por pragmatismo y se celebrará como un paso de institucionalización de toda la "centroizquierda". Pero, como dice Serrat, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Estas son las cartas con que la derecha tiene que jugar y punto.

Entre un Kast y el otro la derecha cubre un amplio espectro, claro que hay diferencias importantes a lo largo de todo ese arco, pero cualquiera sean esas discrepancias, por más socialmente conservadores que sean unos y por más liberales que sean otros, hay puntos de coincidencia que colocan a todos en una misma vereda en relación con la izquierda, que se ubica claramente en la del frente.

J.A. Kast está muy lejos de ser esa derecha xenófoba, proteccionista y contraria al libre comercio que ha crecido en Europa, su proyecto es una combinación de liberalismo económico y de un conservadurismo social que contradice muchas de las bases de la organización liberal sobre las que se estructura la modernidad. Pero esto es bastante más de fondo y complejo que simplemente acusarlo de ser un extremista o un fanático, porque la verdad no lo es.

Su discurso no teme desafiar lo políticamente correcto, eso lo lleva a plantearse como un político que no hace concesiones, que defiende cada una de sus convicciones, denuncia a quienes buscan ser mayoría y lo hacen, en su visión, a cualquier costo. Por eso, plantea la tensión entre principios y pragmatismo, conectando con una parte del electorado de derecha que, por sí mismo, es insuficiente para ser mayoría, pero que es imprescindible sumarlo para serlo.

¿Cuál es el límite del purismo enfrentado al pragmatismo de la actividad política? En la respuesta a esa pregunta está la medida de su responsabilidad, porque llevado al extremo se convertiría en el mejor aliado de la izquierda. Al final, lo que importa es no confundir nunca al verdadero adversario, a partir de ahí se defienden los principios. Ojalá todos los recuerden, desde un Kast al otro.

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