Frente interno



El respaldo al retiro del 10% del ahorro previsional generó un decisivo punto de inflexión: confirmó la eficaz incidencia de sectores de izquierda en la agenda pública, la irrelevancia de las posiciones moderadas, y la vulnerabilidad de la coalición oficialista. Esas evidencias pusieron una dosis de realismo en el ajuste ministerial de esta semana.

Sebastián Piñera finalmente asumió que este será un gobierno de emergencia hasta el último día: emergencia sanitaria, con salidas y retornos a las medidas de confinamiento; económica, con un deterioro brutal del mercado de trabajo, caídas en la inversión, cierre de empresas; y política, con un gobierno y un Presidente que no podrán recuperar niveles razonables de respaldo.

Frente a esta realidad, el objetivo prioritario pasó a ser la recomposición de la alianza gobernante, limar asperezas, coordinar y ordenar al conglomerado. Para ello, se integraron al gabinete las distintas sensibilidades de los partidos, reponiendo el eje de poder en la UDI y RN, los entes mayoritarios. Evopoli tuvo que resignarse al término de esa anomalía que significó tener a su cargo los dos ministerios más importantes, aunque mantuvo el control de Hacienda, elemento que le permite seguir incidiendo.

El ajuste ministerial confirmó también que la búsqueda de acuerdos con la oposición pierde prioridad. La Moneda se convenció de que los sectores más moderados de aquella están siendo anulados por una nueva hegemonía de izquierda, y que no hay espacio para que esos sectores tengan independencia para pactar con el gobierno. No cumplieron el compromiso fiscal firmado y que fijaba un marco presupuestario para los próximos 24 meses; acogieron el retiro del 10% de las cotizaciones imponiendo nuevas cargas sobre el presupuesto.

Pero hay otro aspecto que dificulta un diálogo conducente: una mayoría opositora busca debilitar las reglas del régimen presidencial vigente, afectando sus atribuciones exclusivas; a su vez, no respetar la Constitución se ha convertido en un “sacrilegio” aceptado y hasta promovido por parlamentarios de centroizquierda. Por último, los obligados acuerdos electorales que vienen y el buen posicionamiento de la carta presidencial del PC ayudarán a consolidar la nueva hegemonía de izquierda, de la que cada día será más difícil que los sectores moderados puedan desprenderse.

El nuevo gabinete selló entonces este cambio de escenario, donde el gobierno busca ser el componedor del oficialismo, teniendo como horizonte los desafíos de gestión y las exigencias electorales. Se asume que la oposición es una sola y que su actual eje de poder pasa por el PC y el FA. Se constata también que las reglas fijadas por la Constitución y el régimen presidencial dejaron de ser un marco inamovible.

La Moneda terminó de aceptar que el actual vacío solo será llenado por el futuro enfrentamiento electoral, y empezó a prepararse para ello.

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