Una reforma fiel a sus objetivos

Ministro de Hacienda por Reforma Tributaria

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO


Hace algunos días, el Congreso aprobó el proyecto de modernización tributaria por una amplia mayoría, fruto de los acuerdos logrados entre gobierno, oficialismo y oposición. Sin dudas, una gran noticia para iniciar el 2020.

Junto con agregar medidas para aumentar la recaudación en unos US$ 2.200 millones, la reforma incorpora una serie de medidas pro inversión, pro emprendimiento y pro certeza tributaria, las que desde un inicio fueron elementos centrales del proyecto y bien vale destacar.

Primero, la reforma establece medidas concretas que favorecen la inversión. Es cierto, se mantiene la integración parcial para empresas grandes, pero eso no significa que la reforma las haya olvidado. Estas empresas podrán depreciar sus inversiones en activo fijo en forma 50% instantánea y 50% acelerada por los próximos dos años. Así, la ejecución de estas inversiones les reducirá su tasa efectiva de tributación. Además, la reforma reducirá en casi cuatro veces los tiempos de recuperación de IVA invertido en activo fijo (de ocho meses a 80 días), y expandirá los créditos por impuestos pagados en el extranjero por empresas chilenas, evitando situaciones de doble tributación.

Segundo, el régimen pro Pyme impulsará al emprendimiento. Se trata de un sistema 100% integrado, particularmente simple, con incentivos potentes a la inversión (depreciación instantánea permanente) y reinversión de utilidades (se reduce a la mitad la tasa efectiva por la reinversión de hasta 10 mil UF), junto a un régimen de transparencia en el que la empresa no paga impuestos, sino que lo hace su dueño con su tasa personal más baja (en muchos casos será cero). La reforma también reducirá el impuesto de primera categoría de 27% a 25% a más de 170 mil Pymes, y eliminará el sobre impuesto de 9,45% a sus propietarios.

Tercero, la reforma otorga mayor simplicidad y certeza tributaria. Se establece un único sistema aplicable automáticamente a las empresas, eliminando así una multiplicidad de regímenes y decisiones que deben enfrentar hoy. Además, se avanza en la transformación digital de la relación SII-contribuyentes, y se ajustan las normas de gasto a la realidad de los negocios, para asegurar que no se cuestionen gastos vinculados al giro de la empresa y se reconozcan materias ampliamente reconocidas, como las de responsabilidad social empresarial o de economía circular. Así, gastos que hoy se rechazan y gravan con un 40%, pasarán a aceptarse.

Finalmente, la reforma refuerza el catálogo de derechos del contribuyente e incorpora la figura del defensor del contribuyente, poniéndonos al día con las mejores prácticas internacionales de países como México, Canadá y Australia.

Por tanto, estamos ante una reforma fiel a sus objetivos, que no solo nos permitirá recaudar más, sino también contar con un sistema tributario más eficiente y moderno, con nuevos incentivos a la inversión y mayor certeza para los inversionistas.

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