Victoria Pírrica



Por Robert Funk, Instituto de Asuntos Públicos Universidad de Chile

En una pandemia y crisis económica sin precedentes, cualquier propuesta de solución a los problemas de hambre, desempleo y desesperación de la gente es bienvenida. De ahí, viene el trabajo de analizar dichas propuestas, sus costos y beneficios, su efectividad y sus implicancias a futuro. El plan de retirar el 10% de los ahorros de fondos previsionales es, a primera vista, interesante, pues se supone que respondía a la necesidad mientras no representa una carga adicional al Fisco. Para los que han abogado por una total reforma al sistema previsional, el proyecto podría significar, además, el comienzo del fin de las AFP. Gran triunfo.

Sin embargo, los costos no estarían donde se cree.

Todavía falta mucho, comisiones y votaciones e indicaciones. Pero examinando algunas de las propuestas, hay cosas que llaman la atención.

Si se sigue uno de los modelos propuestos, el gobierno reemplazará lo retirado a través de un fondo común. O sea, la idea original, que no le costaría dinero al fisco, se cae. Más aún, el gobierno, que pudo haber entregado al cotizante el mismo monto, endeudándose por el mismo total a un costo, con las tasas de interés actuales de UF+0%, tendrá que agregar el mínimo de 4% que hubiera ganado la pensión invertida. Las AFPs no pierden (ni si quiera sus comisiones); el gobierno sí.

Segundo, la medida es regresiva, contraviniendo, se supone, los principios de una izquierda preocupada por la solidaridad. Dentro de un cierto rango, los que más se beneficiarán son los que pueden retirar $4m (subsidiado por el gobierno). Luego se benefician los que no les da para retirar $1m, pero que los recibirán igual gracias al piso impuesto por el proyecto. Los del medio, básicamente la clase media, pierde. Más aún, la clase media independiente, las Pymes y el sector informal, que nunca ha cotizado, no recibe nada.

Que el progresismo se haya subido al carro del individualismo es sorprendente. La izquierda, que dice abogar por la universalidad, no hubiera aceptado un cheque universal para todas y todos, ricos y pobres. En vez de eso, se han realizado campañas online como #QuieroMi10xCientoAhora, recalcando el hecho de que los ahorros son de los cotizantes (nadie lo discute), y que tienen el derecho de retirarlos cuando quieran (debatible). El hecho que sea nuestro dinero no significa que este siempre accesible. Un fondo mutuo, por ejemplo, puede tener una fecha de vencimiento. Cobrarlo antes de la fecha implica un costo. Una casa no se convierte en dinero de un día para el otro. Por muy real que sean las necesidades, nada garantiza que todo el sistema económico este sujeto a los deseos personales por mayor liquidez.

La falta de conocimiento, los rumores y las campañas virales han llevado a todo tipo de errores, desde la noción de que los fondos en realidad no existen, hasta la idea de que un sistema público de pensiones, por muy solidario que sea, no invierte de una manera muy parecida a las AFPs. El sistema canadiense, por ejemplo, tiene un 28% de sus fondos en la bolsa, 11% en propiedades, 25% en capital privado, mientras que solamente un 15% de sus $409 mil millones está invertido en Canadá.

Dicen que cuando el Rey Pirro, luego de su triunfo militar, se dio cuenta que no podía seguir así. “Si le ganamos una batalla más a Roma,” dijo, “estaremos totalmente destruidos”. Las y los chilenos necesitan urgentemente un sistema más equilibrado entre lo privado y lo solidario. Pero avanzar hacia lo segundo a través de combatir lo primero, en base de slogans y mitos, puede fácilmente terminar en una victoria pírrica.

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