¿Y la vacuna para el machismo?

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¿De qué sirve contar con proyectos como el de Sala Cuna Universal o la reforma a las pensiones si los mantendrán congelados en el Congreso? Ir sanando los daños que ha dejado el machismo debiese ser uno de los temas prioritarios en la agenda, pues no afecta solo a la mujer, sino que perjudica a su entorno y a la sociedad en su conjunto.



Ha pasado poco más de un año desde que llegó el primer caso de Covid-19 a nuestro país. Más de un año desde que se han hecho tremendos esfuerzos para intentar remediar los estragos que este virus ha provocado en nuestra ciudadanía. Sin embargo, y a propósito del 8M, no puedo evitar pensar en aquella pandemia que lleva tanto tiempo infectando a nuestra sociedad de manera silenciosa, y para la cual aún no hay una vacuna integral ni efectiva: el machismo.

Según indica la RAE, el machismo se refiere tanto a la actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres, como a una forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del hombre. Lo lamentable de esta enfermedad es que, al normalizarla en nuestros espacios socioculturales, genera un círculo vicioso de desigualdad y violencia que, en tiempos de crisis, termina por visibilizar la precariedad de la situación jurídica y social de la mujer.

En el caso de la llegada del coronavirus y las medidas que debieron tomar los gobiernos para frenarlo (cuarentenas, cierres de escuelas y suspensión laboral), ellas han sido quienes se llevaron la peor parte. Esto se puede ver desde el aumento del 130% de llamadas a Carabineros por hechos de violencia -por encima del promedio histórico-, hasta el aumento al 15% de la tasa de desocupación femenina a lo largo de la pandemia. Esto último es muy relevante si consideramos que, como lo indica un informe de Comunidad Mujer, el 88% de ellas no estaría buscando trabajo, lo que se relaciona con el aumento significativo del trabajo no remunerado. De acuerdo a la Universidad Católica, en promedio las mujeres dedican, en contexto de pandemia, 17,8 horas a tareas del hogar, mientras los hombres destinan 8,2 horas.

Complementando, según datos del INE, la participación laboral femenina cayó a un 41,3%, teniendo como resultado el retroceso de una década en lo que a inserción laboral de la mujer respecta, consiguientemente un 27,1 % trabaja de manera informal. A esto se suma el hecho de que, en iguales condiciones, reciben un salario por hora un 17,4% inferior que los hombres.

Se han hecho diversos esfuerzos para paliar esta situación, pero no han sido suficientes. ¿De qué sirve contar con proyectos como el de Sala Cuna Universal o la reforma a las pensiones si los mantendrán congelados en el Congreso? Ir sanando los daños que ha dejado el machismo debiese ser uno de los temas prioritarios en la agenda, pues no afecta solo a la mujer, sino que perjudica a su entorno y a la sociedad en su conjunto. Necesitamos ya aquella cohesión y capacidad de diálogo que nos permite avanzar en las reformas culturales y políticas públicas precisas para lograr una real equidad de género.

Hoy no es el día en que felicitamos a las mujeres por ser mujer; hoy es el día en que conmemoramos una deuda pendiente. En su dignidad, educación, trabajo, cuidado y respeto a sus derechos. Sinceramente espero que, de una vez por todas y especialmente en un momento tan decisivo como el que vivimos como país, seamos capaces todos de hacer efectiva aquella igualdad y libertad que les corresponde.

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