Un castigo al egoísmo de Colo Colo

Foto: Photosport.

Universidad de Concepción le da vuelta el partido a los albos y se impone por 2-1, con dos goles en los últimos 10 minutos.


El cuento del gigante egoísta, pero sin la muerte feliz del gigante. Colo Colo sufre su segunda derrota en seis fechas del campeonato nacional. Y principalmente por culpa de Colo Colo. Por confiado, por guardarse a la mitad de sus titulares, por una apuesta irritante y tacaña. Se puso arriba igual, pero la Universidad de Concepción le da vuelta el partido con muy poco y se queda con la victoria por 2-1.

Cinco titulares menos y la visita no la pasa mal. No están Barroso, Valdivia, Baeza, Carmona ni Paredes… Y se siente cómodo en Collao. Usted puede concluir que esto demuestra la potencia del plantel albo. También puede decir que por algo la Universidad de Concepción la pasa (o la pasaba) mal en la tabla o que es una prueba del pobre nivel de competitividad del torneo. Puede elegir todas las anteriores incluso y al final llega al mismo resultado: el Cacique gana casi sin llegar al arco rival. Con lo mínimo.

Guede, intencionadamente, instala a su equipo en campo propio. Se agazapa frente a contrincante menor. Acumula gente en el medio y amasa desde ahí el partido a su gusto. Y ese gusto es ganar con lo justo. Una tarea que además se ve facilitada por la pobre oferta del rival, un equipo que venía de obtener su primera victoria en el torneo (ante Unión Española) y del que se esperaba, ingenuamente, mucho más.

Quizás lo más llamativo hasta ahí es el infortunio de César Pinares, que se niega a salir de la cancha, pese a estar visiblemente averiado. Guede, por cierto, le reprocha su porfía en la misma banca, frente a las cámaras de la transmisión.

¿Cuál es la diferencia en el primer tiempo? Que Colo Colo tiene en sus filas a un jugador inspirado. El uruguayo Octavio Rivero, quien en la única que tiene, por mérito absolutamente individual, abre la cuenta a los 44’. Recibe, aguanta, la hace correr y define con un potente zurdazo cruzado: golazo.

La ventaja refuerza la estrategia ruin del cuadro popular. Excesivamente medida. A lo Mourninho, con una hoja de cálculo en la mano. Administrar los tiempos, jugar con freno, dejar solo a Rivero arriba para que haga lo que pueda, tal como en La Paz, pero sin la excusa de la altitud. Con esos argumentos tan mezquinos, Colo Colo no pasa susto, lo que hace el partido todavía más aburrido. La UdeC no tiene por dónde y el Cacique, simplemente, no quiere.

El partido parece controlado. En la práctica, lo está. Pero claro, la ecuación en el fútbol es archiconocida: mientras más avara es la apuesta, más grande es el peligro de que se caiga. Cualquier error, cualquier rebote perjudicial, cualquier detallito, puede cambiar todo el escenario de un golpe.

Dicho y hecho. La desinteligencia de la marca en un tiro libre y el desvío en Opazo termina con el empate de los locales, tras un remate de Jean Paul Pineda. A los 79’, cuando nadie lo espera, con poco tiempo para una reacción del conjunto de Macul.

Después del tanto Orión la emprende contra el guardalíneas, coquetea con la expulsión, asegurando que la falta previa al balón detenido no existió. Y se equivoca, se cobró bien. En la paridad no tiene nada que ver el árbitro Héctor Jona, que sí tendrá total injerencia en lo que vendrá después. Porque el castigo fue más grande para los capitalinos. Merecido, además. Porque la trampa de Jean Meneses, quien simula una falta penal de Opazo, se lo come entera el juez.

Sorpresa total, la mala decisión del pito le permite a Fernando Manríquez anotar el gol del triunfo penquista. Como ya es habitual en estos casos, la banca del Cacique se vuelve loca: Guede es expulsado por sus aireados reclamos. Se enciende la polémica.

Y para qué, si en lo que importa, la cancha, el fútbol, gana Universidad de Concepción. El equipo de Bozán doblega al campeón vigente y les genera un problema grande a Guede y sus muchachos. Sólo 10 de 18 puntos posibles. Y también les deja una lección: por irregular que sea el campeonato, los partidos no se ganan sólo con la camiseta.

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