Columna de Isabel Mercado: Silala: un punto menos en la agenda

Foto: AFP



Por Isabel Mercado, directora de Innovación Periodística y Jefa de la Unidad de Investigación del diario boliviano Página Siete

En Bolivia todo pasa por la narrativa que se elija. En el caso de los dos diferendos con Chile ante La Haya podría concluirse que fueron dos derrotas evitables, o por lo menos dos costosos procesos prácticamente inútiles. No hablemos del primer proceso ante La Haya (porque podría decirse que existía una tesis que daba cierta luz de esperanza sobre una vía diferente para abordar la histórica demanda boliviana por una salida soberana al mar a la que la Corte le negó toda posibilidad de existencia), sino a la petición en torno a la soberanía de las aguas del Silala.

Bolivia llegó al final del proceso ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ), que emitió su fallo el 1 de diciembre, habiendo admitido lo que antes se negaba, es decir, que las aguas del Silala representan un curso de agua internacional. La CIJ no hizo más que ponerle sello a la inexistencia de divergencias entre ambos países sobre el punto principal de la discordia; en otras palabras, hizo recomendaciones sobre un asunto que nunca debió arribar a sus manos.

¿Cuántos millones se han gastado en estos cuatros años de proceso y para qué?, es la pregunta que nos hacemos los bolivianos en estos días.

La narrativa que nos ofrecen nuestros gobernantes (el de antes y los de ahora), es que “se resolvió la controversia con un pueblo hermano”, y que ahora a Bolivia se le reconoce el derecho a modificar la canalización localizada en su territorio, como si con estos juicios hubiésemos avanzado en algo sustancial en la agenda de 13 puntos que tenemos pendiente con Chile (desarrollo de la confianza mutua; integración fronteriza; libre tránsito; integración física; complementación económica; tema marítimo; Silala y recursos hídricos; instrumentos de lucha contra la pobreza; seguridad y defensa; cooperación para el control de tráfico ilícito de drogas; educación; culturas).

No es así, pero no podemos esperar transparencia ni autocrítica. Lo que sí debiera ocurrir es que se entienda finalmente que ambos pueblos merecen la oportunidad de encontrarse y resolver sus diferencias cuanto antes y de la manera más fraternal y democrática. Ahora con un punto menos en la agenda, claro está.

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