Apuestas a ganador

Hay caballos que han inscrito con letras grandes su nombre en la hípica chilena. Total Impact, Wow Cat, Dacita e Il Campione son algunos de ellos. Ejemplares cuyas excepcionales campañas en el turf nacional los han llevado a ser altamente cotizados en el mercado internacional. Negocio de una exportación no tradicional chilena, que atrae cada día a más actores, pues las ganancias afuera se alzan por las nubes.


Esta historia comienza con Robert Bruce, el ejemplar chileno que en agosto pasado se empinó a lo más alto de la hípica mundial, al imponerse con una fulgurante victoria en el prestigioso premio Arlington Million, en Illinois, Estados Unidos.

Era su tercera carrera -y segunda victoria- en el país del Norte, luego de dejar atrás una actuación excepcional en el turf nacional, con seis victorias en igual número de presentaciones, incluido el Gran Clásico El Ensayo (versión 2017) en el Club Hípico de Santiago, y premios por más de 300 millones de pesos. Lo que, por supuesto, abrió el apetito de sus dueños, el Stud Haras Convento Viejo, quienes decidieron llevarlo a probar suerte a Estados Unidos. Mal no le ha ido.

La exportación de caballos de carreras es uno de los negocios que hay detrás de la hípica nacional. Una exportación no tradicional chilena que cada día se vuelve más lucrativa e involucra a más actores. Los llamados “brokers” -como se hacen llamar en Chile, “bloodstock agent” en el resto del mundo- conocen muy bien de esto, pues negocian millonarias transacciones al extranjero de ejemplares chilenos, extraordinarios en su tipo. Corredores de caballos. Una verdadera profesión para los hermanos Fernando e Ignacio Díaz de Valdés, los más antiguos del rubro, con más de 20 años de experiencia y varias de las ventas de los mejores exponentes chilenos al exterior.

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“Exportamos a Estados Unidos, Arabia Saudita y Dubai alrededor de una decena de caballos al año. En 2017, el más barato lo vendimos a 150 mil dólares, mientras el más caro a US$ 800 mil”, cuenta Ignacio, quien ubica en Chile su cuartel de operaciones, mientras su hermano hace lo propio en EE.UU., logrando así una importante cartera de reconocidos clientes.

Entre ellos, se cuenta al Sheikh Mohammed al Maktoum, monarca de Dubai, quien luego de ver en acción al destacado ejemplar chileno Cocoa Beach en tierras norteamericanas, compró la yegua para regalársela a su mujer y llevarla a correr a su país.

Se pagan exorbitantes sumas por destacados caballos chilenos. El seleccionado chileno y aficionado a la hípica Arturo Vidal bien lo sabe, puesto que uno de sus caballos se inscribe como la venta más cara de Chile. Compró al rebautizado Il Campione en 2013, a 55 millones de pesos, el cual tras ganar ocho de las 10 carreras disputadas -incluyendo El Ensayo y El Derby, dos de los tres grand slams del turf nacional- y superar los 200 millones de pesos en premios, fue transferido a Estados Unidos dos años más tarde, por un cifra estimada en US$ 2 millones.

Negocio redondo, aunque solo para Vidal, pues el finasangre pudo correr solo una vez allá, ya que problemas respiratorios obligaron a retirarlo de las pistas para ir a servir como potro a un criadero argentino.

» Premios a repartir

Si bien se está lejos de llegar a cifras como las de Argentina, que exporta alrededor de 200 caballos al año, según datos del Stud Book de Chile, una especie de registro civil de los caballos, el año pasado se vendieron 53 ejemplares en total, siendo Estados Unidos el principal destino, con 16 de las transferencias.

Entendidos en la materia afirman que Chile tiene un gran potencial para la producción de caballos de carrera de excelencia, con ventajas comparativas en lo que a clima, suelo, genética y condiciones sanitarias se refiere. &”A diferencia de otros países de la región, tenemos cuatro estaciones muy bien marcadas, que posibilitan una crianza más amable, sin inviernos crudos ni veranos tan calurosos&”, argumenta el avezado broker criollo, que pasa su tiempo entre criaderos, corrales y distintas pistas de carreras, pues la genética, crianza y, por supuesto, resultados cuentan a la hora de saber si un ejemplar es bueno.

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Cualquiera sea el país de exportación, todos los caballos viajan de la misma forma. &”Por vía aérea, a bordo de un corral muy moderno (con agua y pasto), con una capacidad máxima para tres caballos, los que van al cuidado de un empleado especialista y un veterinario&”, cuenta Fernando Ojeda, director del diario impreso La Hípica.

No todos los ejemplares, eso sí, se van vendidos. Hay algunos, como Robert Bruce, que se van a correr al extranjero representando los colores nacionales. &”Si bien la inversión es altísima, los premios que se pagan en la hípica de primer nivel también lo son&”, asegura el reportero especializado, agregando que &”una vez en el país de destino, el ejemplar debe instalarse en un corral, cuya pensión a sus dueños bien podría costarle tres veces más que en Chile -alrededor de unos tres mil dólares mensuales-, además, deben contratar a un preparador (&…). El período de adaptación obligatorio es de seis meses y su inscripción en el Stud Book tendría un precio cercano a los 10 mil dólares&”.

Queda claro que se trata de una gran inversión que, sin embargo, se puede recuperar con creces si se tiene al ejemplar correcto. Dacita fue una de ellos. Hija de Scat Daddy, un famoso semental purasangre, y oriunda del Haras Paso Nevado, fue vendida a Estados Unidos por los hermanos Díaz de Valdés en 2015.

Allí fue entrenada por quizás el mejor en la materia, Chad Brown, quien la puso a punto para llevar una notable campaña en tierras norteamericanas, cuyas carreras ganadas reportaron un millón de dólares en premios y otros US$ 1,7 millones luego, cuando se vendió para la cría. MT

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