Los recursos hídricos compartidos entre Chile y Bolivia



Por Teodoro Ribera, rector de la Universidad Autónoma de Chile y ex ministro de Relaciones Exteriores

El ex presidente de Bolivia y agente en la disputa marítima con nuestro país, Eduardo Rodríguez Veltzé, señaló días atrás que la hidrografía del río Silala, que nace en Bolivia y fluye hacia Chile es excepcional, pues la gran mayoría de los cursos de agua transfronterizos entre nuestros dos países escurren en la dirección contraria. También propuso, a raíz de la disputa internacional por ese río, una mirada más integral, con el fin de alcanzar un modelo de uso y aprovechamiento de los recursos hídricos compartidos.

Constituye un error masificado en Chile creer que dichos cursos de agua fluyen hacia Chile y que podríamos regar el desierto con la misma. Casi 8.000 lts/seg. de agua (dependiendo de la época del año) atraviesan superficialmente diversos puntos fronterizos a lo largo de los más de 800 kms. de frontera entre Chile y Bolivia, principalmente en dirección a dicho país. Los mayores volúmenes de agua se originan en la Región de Arica y Parinacota y fluyen hacia el vecino altiplánico (río Caquena y Lauca), aunque también por esta región chilena debiesen escurrir cursos de agua que naciendo en Perú, atravesaban territorio chileno y desembocaban en Bolivia (río Uchusuma). Sobre los 4.000 mts. de altura, Chile y Bolivia comparten un escenario hídrico de alto valor ambiental, ubicado dentro de la gran cuenca endorreica altiplánica, cuyo uso y aprovechamiento carece aún de regulación jurídica y se rige por la práctica interna de ambos países.

Que Chile y Bolivia detenten recursos hídricos no es un fenómeno geográfico aislado ni único en la región. La cuenca del río Amazonas, que alcanza una superficie de casi 9 veces nuestro Chile continental, se erige como un formidable corredor geográfico de recursos hídricos, que atraviesa ocho países de la región. Lo mismo ocurre con la gran Cuenca del Plata y sus 3 millones de kms2, en la que convergen aguas continentales de cinco naciones. Ambas cuencas, que vierten hacia el océano Atlántico, cuentan con institucionalidades que les permite diálogos y acuerdos en materia de aprovechamiento de sus recursos naturales, entre ellos del agua. También en el plano bilateral, Bolivia y Perú mantienen una entidad binacional de manejo de recursos hídricos transfronterizos que convergen en lo que se denomina el sistema hídrico del Lago Titicaca, un buen ejemplo para un trabajo mancomunado de cómo gestionar dichos recursos.

La crisis del agua es uno de los principales desafíos a nivel global. En el caso de Chile es de excepcional relevancia estratégica, porque no solo se encuentra entre los 30 países de mayor riesgo hídrico al año 2025 (WRI, 2015), sino que sus aguas continentales en gran proporción escurren por cuencas hídricas compartidas con sus vecinos.

En su relación con Bolivia, Chile ha precisado que le interesa contar con una Bolivia democrática, estable y en crecimiento. El hecho que sobre el 80% de las aguas transfronterizas superficiales fluyan hacia dicho país, hace de este un tema que para Bolivia es necesario abordar, no solo para desarrollar actividades mineras (litio), sino que igualmente para procurar una gestión más prudente y racional de la misma.

La legislación internacional promueve un uso de las aguas bajo criterios de equidad y razonabilidad, ambos orientados a preservar, entre otros fines, los modelos culturales y los ecosistemas locales existentes, sobre la base de acuerdos que conduzcan a alcanzar un aprovechamiento más integral de los recursos hídricos compartidos. Por ello, llegar a acuerdos, en el momento que sea el más adecuado, sobre un tema de esta relevancia medioambiental, cultural y económica para Chile y Bolivia, puede ayudar a generar instancias técnicas que aporten con el tiempo mayores niveles de confianza y generen beneficios recíprocos.

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