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Opinión

Max Weber y el PDC


SEÑOR DIRECTOR
Hace 100 años, Max Weber dictó una notable conferencia, “La política como vocación”, y sugería que fuese “lectura obligada para muchos jóvenes políticos”. Weber sostenía que cuando la pasión del político conduce hacia una exaltación de un hecho, sin tomar distancia de sí mismo, suele ser una pasión vulgar, que termina por enajenarlo de la realidad. Lo definía como “un político diletante”, “estérilmente exaltado” y su fuerza matriz: “la vanidad”.
Las acusaciones que se han hecho a la Pontificia Universidad Católica por parte de políticos del Partido Demócrata Cristiano no pueden venir en el mejor momento para entender a Weber. Los calificativos de la directiva del PDC hacia la UC, poniendo en duda “su estándar ético”, o la honestidad en su “defensa de los DD.HH.”, permiten constatar empíricamente el brutal choque entre lo que Weber llamaba una ética de la convicción y una ética de la responsabilidad. Cuando la ética de la convicción lleva al político apasionado a pensar que debe hacerse justicia, “aunque el cielo se venga abajo”; cuando el resultado que se desea no se da, y se culpa del fracaso a “la estupidez del mundo” o “la conspiración del mal”, ese político no debe estar en política.
La política exige agregar a las convicciones una ética de la responsabilidad, que pondere las consecuencias de los actos y que permita proteger al político de una suerte de embriaguez. El ensañamiento de algunos políticos democratacristianos sobre el rol jugado por la UC en la investigación sobre la muerte del expresidente Frei Montalva, solo se pueden entender en este contexto: una reacción irresponsable, mezquina y frívola, de un partido que, paradójicamente, nació al alero de la UC.
Carlos Williamson

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