Participación, innovación y Constitución




Por Rodrigo Mayorga, director general de Momento Constituyente, y José Manuel Morales CEO de Brinca

Si algo hemos aprendido en Chile desde el 18 de octubre de 2019, es que la forma en cómo hacemos política requiere de cambios. El estallido social chileno reveló la exigencia ciudadana por hacerse parte activa de la toma de decisiones políticas. La voluntad no basta para responder adecuadamente a esta demanda; también se requieren mecanismos que permitan esta participación ciudadana incidente. Es allí donde la innovación tiene mucho que aportar.

Aunque sus relaciones son bastante estrechas, “participación” e “innovación” son términos que no solemos asociar, la innovación, de hecho, puede posibilitar una mayor participación ciudadana en procesos deliberativos. La aún reducida participación electoral en nuestro país es un desafío que puede ser respondido con innovaciones de distinto tipo, reconociendo y enfrentando los factores que la causan. Así también, la innovación puede incrementar la participación ciudadana incidente a lo largo de nuestro actual proceso constituyente. La experiencia internacional demuestra que incluir de manera efectiva a la ciudadanía en el proceso de redacción de una nueva Constitución, requiere innovar en metodologías y mecanismos que permitan una participación incidente. Los consejos consultivos civiles de la experiencia islandesa (2010), las propuestas ciudadanas -escritas y online- en el caso de Ciudad de México (2016), o el uso de plataformas digitales para retroalimentar los borradores del texto constitucional en Egipto (2012), son todos ejemplos de ello, así como potenciales fuentes de inspiración para los y las convencionales, cuando enfrenten el desafío de fijar su propio reglamento y definir los espacios formales de participación ciudadana que poseerá la Convención chilena.

Junto con los mecanismos de participación, también debemos innovar en nuestra forma de hacer política. Las prácticas propias de la vieja política -como la cocina o los amiguismos- son vistas hoy por la ciudadanía con sospecha y rechazo. Vivimos en tiempos inciertos por lo que, más que grandes respuestas que no han sido probadas, necesitamos de preguntas correctas que pongan al centro el bienestar de las personas, e ir validando soluciones con los beneficiarios a lo largo del proceso. Chile requiere más que nunca de innovadores que sean capaces de observar y empatizar con las necesidades concretas de la ciudadanía; que tengan la creatividad para pensar fuera de la caja y proponer soluciones creativas y disruptivas; que muestren un sentido práctico para priorizar los proyectos con mayor factibilidad técnica, viabilidad económica y deseabilidad de los usuarios; y que tengan la honestidad de reconocer y aprender de los errores, transmitir los aprendizajes y seguir perseverando en la ruta de hacer las cosas cada día mejor. Necesitamos de empresas dinámicas que tomen riesgos y de un Gobierno Ciudadano que piense sus servicios desde los usuarios.

Innovación y participación pueden así converger productivamente en nuestro actual proceso constituyente, tanto en su desarrollo como en su resultado. Así lo han destacado en las últimas semanas distintas organizaciones -como Brinca y Momento Constituyente con su estudio “Innovación y Constitución” o el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo con su estudio sobre cómo la innovación es parte de distintas constituciones en el mundo-. Lo que hoy vivimos como país no es solo la escritura de una nueva Constitución; es también una oportunidad para construir una política distinta y una democracia más ágil y robusta. Nuestra participación activa como ciudadanía, así como la innovación en tanto proceso y horizonte, serán elementos esenciales para lograr este cometido.

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