¿Y si las próximas elecciones presidenciales fuesen bajo un sistema parlamentario?



Por Alejandro Corvalán, académico de Ingeniería Industrial, U. de Chile; investigador del Instituto Milenio MIPP

Una de las características principales de los sistemas parlamentarios es que atenúan la polarización partidista, generando coaliciones de mayoría. En la práctica, estas grandes coaliciones de partidos permiten implementar agendas de transformación social.

¿Cuál sería el resultado de las próximas elecciones de noviembre, bajo un sistema parlamentario?

La actual distribución de preferencias políticas en Chile es de “tres-tercios”, donde derecha, centro e izquierda tienen similares pesos electorales. Esta configuración ya se dio en nuestro país entre 1958 y 1973, y la dictadura culpó a estos “tres-tercios” de la polarización que desestabilizó al país hacia el final de dicho período. El sistema binominal se diseñó, en consecuencia, para generar una nueva configuración bipartidista basada en la división y exclusión de la izquierda. Con el aumento en la proporcionalidad del sistema electoral, en 2015 se retomó el pluralismo político y la izquierda volvió a la arena política. Paulatinamente, el país se volvió a reconfigurar en base a “tres-tercios”. Así lo muestran la reciente elección de concejales municipales, como también los sondeos de la carrera presidencial.

En la elección actual, hay cuatro candidatos fuertes en competencia. Uno de izquierda, Gabriel Boric, y uno de derecha, José Antonio Kast, quienes lideran las encuestas; y Yasna Provoste y Sebastián Sichel, quienes disputan el tercer y cuatro lugar, respectivamente, en los sondeos. De estos candidatos, Provoste tiene una característica especial. En una segunda vuelta, es decir en una competencia entre pares, probablemente se impondría a cualquiera de los candidatos de los extremos, dado que el otro extremo votaría por ella. En política, esto se conoce como ganador de Condorcet.

Los sistemas presidenciales no eligen necesariamente al ganador de Condorcet. En nuestro caso, esto ocurriría al no llegar Provoste a la segunda vuelta. Hasta ahora, los candidatos de izquierda y de derecha llevan la delantera y, por lo tanto, el centro desaparecería del balotaje. Así, el Presidente será miembro de uno de los extremos de los “tres tercios”, y casi con seguridad no contará con una mayoría parlamentaria de su propio sector.

Esta polarización, o desaparición del centro, depende de la regla para elegir al Presidente, pero los sistemas electorales más frecuentemente usados dan un resultado similar. Un buen ejemplo es la regla de pluralidad, según la cual se elige en primera vuelta al candidato más votado. Este era el sistema prevalente en Chile en el período histórico de los “tres-tercios”. Bajo este sistema, tanto en la elección de 1958 como en la de 1970 los extremos de derecha e izquierda fueron elegidos, respectivamente. Solo en 1964, cuando la derecha constató el triunfo de la izquierda en una elección complementaria anterior y decidió votar estratégicamente por el centro, fue elegido el ganador de Condorcet.

¿Qué ocurriría en un sistema parlamentario bajo esta misma configuración de “tres-tercios”? Si bien los sistemas parlamentarios tienen variadas reglas de elecciones, el esquema usual sería gruesamente el siguiente. En una primera etapa, se elegiría al Parlamento bajo una fórmula proporcional. De esta forma, el nuevo Parlamento reflejaría los “tres tercios” de nuestra actual distribución de preferencias. En una segunda etapa, el Congreso elegiría al jefe de gobierno. Dado que típicamente la primera fuerza política conforma el gobierno, y los tres tercios actuales están más cargados hacia uno de los extremos, el extremo con más votos debiese conformar el gobierno junto al centro.

Vemos entonces que, bajo la fórmula parlamentaria, el gobierno lo conformarían el tercio más votado junto con el centro. Esta configuración atenuaría el programa del extremo ganador, pero, al mismo tiempo, conformaría una mayoría parlamentaria que permitiría avanzar en esa dirección.

En términos más concretos, dadas las actuales cifras de los sondeos electorales, un gobierno parlamentario tendría a Gabriel Boric a la cabeza del Ejecutivo, y una coalición parlamentaria integrada tanto por la Concertación como por la izquierda. Mientras que en el actual sistema presidencial, la Concertación, o al menos una parte de ella, será oposición a la izquierda, el sistema parlamentario los obligaría a formar un gobierno juntos. Ciertamente, la incorporación del centro impondría una agenda más mesurada a la izquierda. Pero las presiones de esta minoría dentro de la coalición de gobierno no podrían impedir el programa reformista de la izquierda, pues la alternativa sería romper el gobierno de coalición. En este escenario, la centroizquierda tendría el control tanto del Ejecutivo como del Legislativo, y podría dar mayor gobernabilidad a una agenda de transformaciones sociales.

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