Daddy Yankee: enciendan los motores

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El puertorriqueño sigue siendo un rapero vertiginoso capaz de cambiar de velocidad en sus versos como un deportivo que acelera de 0 a 100 kilómetros en escasos segundos.


"¡Nos fuimos!" grita Daddy Yankee y se lanza con "Calma" incluyendo las citas al one hit wonder "Informer" (1992) del rapero canadiense Snow. El Movistar arena no está exactamente repleto esta noche de viernes -hay espacios notorios en el sector inmediato al escenario- pero la adrenalina se palpa y el coro es ensordecedor. El clásico entre clásicos del reggaetón está de vuelta en un momento inmejorable. El astro de Puerto Rico se pasea orgulloso y confiado de su posición y de cuanto representa en la música urbana. Es el alfa y el omega del género y esta noche lo demuestra.

Daddy Yankee sigue siendo un rapero vertiginoso capaz de cambiar de velocidad en sus versos como un deportivo que acelera de 0 a 100 kilómetros en escasos segundos. Su voz se escucha fuertísima, el cuerpo de baile se mueve como si estuvieran posesos de espíritus y ritmos tribales, la banda estrictamente masculina es una aplanadora y los coristas -también solo hombres- responden a sus versos como una escuadrilla reacciona a las órdenes de un oficial. Bolas de fuego ascienden desde el borde del escenario, Daddy Yankee se mueve de un lado para otro y sin respiro encaja uno de sus éxitos históricos, la energética "Rompe".

Niños, jóvenes y treinteañeros en un público dominado por mujeres siguen bailando como si se tratara de un carnaval. La intensidad es impresionante en los escasos minutos que van de show. En la pausa Daddy Yankee proclama una de sus ideas fuerza de la noche: que se siente en casa, que Chile ha sido un pivote regional para la música urbana y que hay una historia conjunta y en desarrollo. Luego saluda a "mis hermanos de Venezuela".

Sigue la música y regresa en el tiempo hasta "Barrio fino" que sube aún más las revoluciones para luego dirigirse a las mujeres por el 8M y dejar que el público cante por su cuenta "Lo que pasó, pasó", otra canción que a estas alturas representa un clásico latino contemporáneo. Sin respiro improvisó versos al turno de "La batidora" reiterando que el público estaba en su bolsillo, tan así que hasta los vendedores de bebidas y golosinas bailaban.

Luego el concierto derivó en un segmento más pop con canciones como "La Despedida" y "Qué tengo que hacer", cortes más cadenciosos y menos duros de métrica que el reggaetón tradicional, hasta derivar en pasajes cargados de romanticismo en temas como "Llamada de emergencia", otro título insoslayable.

En su condición de clásico y pionero Daddy Yankee dedicó palabras a las nuevas generaciones de amantes de la música urbana para introducir "Vuelve", el single junto a Bad Bunny sincronizado con el video en pantalla gigante. La diferencia de estilos resaltó: la estrella del trap parece una brizna al lado de la fuerza huracanada de su compatriota.

El show siguió dando muestras de la versatilidad alcanzada por el astro boricua y la consciencia de cómo la música urbana se estableció como un movimiento cultural. "Yo le dije al DJ tírame una pista", contó sobre su manera de resolver los bloqueos creativos para arrancar con "Shaky shaky", una especie de mantra que resume su fe en el ritmo y la aceleración, mientras en "Limpia parabrisas" hizo que todo el público encendiera sus teléfonos para moverlos de un lado hacia otro.

Cuando llegó el momento de "Gasolina" hacia el final del show la audiencia estaba absolutamente extasiada ante la presencia, la historia, los hits, la energía y el sentido del espectáculo del artista que inició una era de música ligera que tras casi dos décadas superó el estatus de moda, para convertirse en sinónimo de masas y diversión.

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