Por algo lo llaman el Marciano

Autor: Laura Tapia

Marcelo Jiménez brilla a contracorriente como skater en Chile. Mormón, presume de llevar vida sana en un mundo lleno de tabaco y alcohol.


Pocos en Chile pueden presumir que viven de su pasión. Marcelo Jiménez (22 años) es una de esas personas. Vive para y por el skate. Su aspiración máxima es, consecuentemente, ser parte del equipo chileno que participará en el debut de esta disciplina en unos Juegos Olímpicos.

Hace 12 años tuvo su primer encuentro con la tabla. Era de un amigo, que los invitó a él y a su hermano a probar. En esa primera instancia no le gustó nada, pero su hermano enganchó; se compró su propio skate y comenzó a hacer trucos. Ese fue el momento en que Marcelo sintió que representaría algo especial para él.

“Me gustan las cosas difíciles”, afirma. Paulatinamente fue probando con la tabla de su hermano. “Lo primero que logré, fue caerme”, comenta entre risas. Una vez que ya había adquirido la técnica, salieron de su barrio en Quilicura y probaron en un skate park más grande. Llegaron al Parque de los Reyes. Con tan solo 10 años, Marcelo, le sacaba el implemento a su hermano por las mañanas, dado que el estudiaba por las tardes, e iba a probar todos los trucos que tenía en mente.

Otro hermano, de su numerosa familia, se sumó a la aventura. Los tres, salían y competían entre sí para desarrollar nuevos y mejores trucos con una única tabla. Durante cuatro meses esa fue su rutina, hasta que uno de los jóvenes que frecuentaba el Parque de los Reyes vio el potencial de Marcelo y le regaló su primer skate.

Un par de meses después ganaría la primera competencia y confirmaría su talento. Extrañamente, confiesa que nunca ha comprado una tabla, pero todo es esperable en un deporte autodidacta, donde cada deportista aprende a punta de caídas, golpes e innumerables intentos.

En competencias existen dos modalidades, bowl y street. La primera es una instalación similar a un tazón, como lo dice su nombre, los patinadores toman impulso gracias a la concavidad del bowl.

En cambio, el street es una pista dispuesta para simular los obstáculos que se encuentran en la calle, tales como barandas, escalones y pasamanos. Los riders realizan piruetas al entrar o salir de tales desafíos.

Marcelo está especializado en el bowl, categoría que ganó en el Rey de Reyes el fin de semana pasado, pero participa de ambas debido a que, sostiene, en Chile no hay una pista de bowl de calidad internacional.

El Marciano, como le dicen sus conocidos, ha logrado destacar como deportista de alto rendimiento en una disciplina calificada como callejera y en la que sus cultores frecuentemente fuman marihuana y toman cerveza durante la práctica deportiva.

Marcelo asegura que desde un comienzo se lo tomó de manera seria y profesional: “No tomo no fumo, me cuido harto la alimentación. Hay otros chicos que lo viven como hobby y estilo de vida. Y ellos se lo toman más de juntarse con amigos, con chelas y fumando, pero se puede vivirlo de las dos maneras; no es un crítica, sino que cada uno se lo toma como quiere”.

Sus decisiones están influenciadas, en buena medida, por su creencias religiosas, pues es un activo miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, también conocida como mormona. Pese a su juventud, está casado y tiene dos hijos, por lo que su vida está ligada a su familia cuando no está sobre un monopatín. “Siempre quise ser padre joven”, explica.

En un futuro, no se imagina su vida fuera del skate: “Quiero crear un marca, o hacer una fundación para que siga creciendo este deporte en Chile. Y así como alguien me ayudó a mí en un principio, yo podré ayudar a los próximos talentos”.

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