Chile-Argentina, lo que preocupa a Cancillería

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El retorno del kirchnerismo abrió un nuevo período en las relaciones entre ambos países. Sin la familiaridad que había entre Piñera y Macri, la meta es recuperar el diálogo formal entre cancilleres.


Apenas 12 días después de recibir oficialmente el beneplácito del gobierno del Presidente Alberto Fernández, Nicolás Monckeberg viajará a Buenos Aires este miércoles 15 de enero para tomar posesión de su cargo al mando de la embajada chilena en Argentina.

La premura en el traslado del exministro del Trabajo y exdiputado RN a su nueva destinación en la capital transandina obedece al interés de la Cancillería chilena por institucionalizar y encauzar por la vía diplomática la relación con el gobierno argentino tras el retorno de los peronistas -y en particular del kirchnerismo- al poder.

Hasta el 10 de diciembre pasado, la cercanía y amistad personal entre el Presidente Sebastián Piñera y el hasta entonces mandatario argentino Mauricio Macri aseguraba un canal directo de comunicación entre los jefes de Estado y suplió los errores cometidos por el gobernante chileno en las fallidas designaciones anteriores de un representante oficial en Buenos Aires.

El 23 de diciembre pasado, sin embargo, una espontánea declaración del nuevo inquilino de Casa Rosada dejó en claro a las autoridades chilenas que las cosas serían diferentes y que debían restablecerse los canales formales.

Ese día, ante la presión de un periodista argentino que le consultaba sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela, el Presidente Alberto Fernández salió al paso, replicando que nadie decía nada acerca de lo que estaba pasando en Chile.

"En 2013, yo recibí a las organizaciones de derechos humanos venezolanas cuando Maduro, después de una manifestación, puso presas a 800 personas (...). Piñera metió presas a 2.500 personas y no pasa nada; nadie dice nada, nadie habla nada. Seamos justos", fue la frase que lanzó en la entrevista televisiva con el programa En la cornisa.

Pese al enojo que generaron los dichos de Fernández en La Moneda, el canciller Teodoro Ribera optó por no escalar un conflicto. Tras analizar todos los cursos de acción posibles, el ministro de Relaciones Exteriores chileno desechó el envío a Argentina de una nota formal de protesta -alternativa que estuvo sobre la mesa- o de plantear siquiera la palabra molestia. En vez de eso, Ribera eligió una salida propia del estilo de la "diplomacia vaticana". Llamó directamente a su homólogo transandino, Felipe Solá, para expresar "la sorpresa" e "incomodidad" del gobierno por la intromisión de Fernández en la situación interna de Chile.

Pero, a la vez, le ofreció enrielar la relación bilateral a través de un diálogo directo entre las dos cancillerías. En esa decisión primó el hecho de que Solá, exgobernador y exdiputado por Buenos Aires, tiene fama de ser un hombre directo y en cuya palabra se puede confiar. El excandidato presidencial peronista, además, no es del núcleo duro de los Kirchner, de quienes estuvo distanciado por casi una década.

Piñera

Quienes conocen la conversación entre Ribera y Solá aseguran que fue cordial y que ambos coincidieron en la urgencia de institucionalizar las relaciones y, sobre todo, en la necesidad de construir una agenda franca, basada en lo que cada país quiere y puede hacer, para así evitar un diálogo improductivo.

El rol de ME-O

La urgencia de encaminar la relación a través de las cancillerías se debía a otro factor de preocupación para la diplomacia chilena: el rol que podría jugar Marco Enríquez-Ominami.

El exabanderado presidencial del PRO es amigo del mandatario argentino Alberto Fernández y, a través del Grupo Puebla, han estado estrechamente vinculados en temas internacionales.

Tres días después de la conversación telefónica entre los cancilleres de Chile y Argentina, el 26 de diciembre, Enríquez-Ominami señaló a través de su cuenta de Twitter: "Piñera exige al resto conductas que él nunca ha tenido. Intervino en las elecciones argentinas con declaraciones a favor de su amigo Macri. Afirmaciones sobre violaciones a los DD.HH. en Chile de Alberto Fernández son ciertas y @sebastinapinera no tiene autoridad para pedir silencio".

En esos mismos días hubo otro hecho que llamó la atención al interior del edificio de la sede de la diplomacia chilena. El gobierno argentino solicitó a la Cancillería chilena que enviara formalmente la solicitud de agreement para dar curso al nombramiento de Monckeberg como embajador en Buenos Aires, pese a que, hasta entonces, usualmente bastaba una comunicación informal, muchas veces un simple llamado telefónico, para notificar el nombre de quien sería el representante.

La solicitud argentina atrasó en más de una semana el nombramiento del exministro como embajador en Buenos Aires. El hecho contrastó con el inmediato beneplácito que brindó Chile al nombramiento del excanciller Rafael Bielsa como embajador en Chile.

Kirchnerista acérrimo -fue canciller de Néstor Kirchner-, el hermano del recordado exentrenador de la Selección, Marcelo Bielsa, llegará a Chile el mismo día en que asuma Monckeberg en Buenos Aires, pese a que aún le falta ser ratificado por el Congreso argentino. El gesto, sin embargo, refuerza el acuerdo alcanzado entre los cancilleres Ribera y Solá por institucionalizar las relacionales bilaterales en el ámbito diplomático.

El nombre de Bielsa fue bien recibido por las autoridades chilenas no solo por su trayectoria política y expertise en temas internacionales. Como abogado estuvo ligado al estudio jurídico argentino Da Rocha, Gené y Murabá, que representa al gobierno chileno en el proceso de extradición del exlíder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Galvarino Apablaza, para que comparezca en Chile en el juicio por el asesinato del exsenador de la UDI Jaime Guzmán.

Sin embargo, en los últimos 12 años, su principal tarea ha sido la de gestor de intereses del empresario argentino de origen armenio Eduardo Eurnekian, considerado como uno de los grandes financistas de los Kirchner e impulsor del fallido proyecto de construcción de un tren de carga entre Chile y Argentina por el Paso Los Libertadores.

Desde la presidencia de la Corporación América Internacional -cargo que dejó a comienzos de diciembre al ser nombrado embajador-, Rafael Bielsa promovió esta iniciativa. Dado su costo y complejidades técnicas, nunca encontró el apoyo ni el interés del gobierno chileno.

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