Entrevista a Niall Ferguson: “El problema de la inflación va a persistir y se convertirá en un rasgo de esta década”

El historiador británico Niall Ferguson. Foto: Patricio Fuentes

Según el historiador británico, autor de Desastre, las catástrofes pueden llevar de una a otra "de manera sorprendente" y es lo que estamos viendo hoy. "La siguiente fase de esta cascada", dice, es "un shock inflacionario" e incluso "una hambruna en África".




“Hace unos días estaba en un avión viajando por Estados Unidos y la mujer al otro lado del pasillo estaba viendo una película horrorosamente violenta, donde un gran número de jóvenes era apuñalado hasta morir y tuve que esforzarme para no mirar”, comenta el historiador británico Niall Ferguson. “Mis ojos parecían irse sólos hacia ese absurdo derramamiento de sangre y me molestó porque estaba trabajando en algo serio”, recuerda para ejemplificar la fascinación que, según él, tienen los seres humanos con los desastres y la violencia. Un tema que abordó en su último libro (Destastre, 2022) donde analiza cómo la humanidad ha enfrentado las catástrofes a lo largo de la historia y que se publicó poco después de iniciarse la pandemia.

Según él, lo más inquietante es que “un desastre puede llevar a otro de maneras sorprendente”. “No suena muy alegre, pero a eso es lo que estamos enfrentando”, dice desde su oficina en California, donde es investigador senior del Hoover Institution de la Universidad de Stanford, tras una carrera académica que lo llevó de Oxford a la London School of Economics y a la Universidad de Harvard y lo ha convertido en uno de los historiadores más reconocidos de su generación. Hoy la humanidad enfrenta simultáneamente los efectos de una pandemia, una guerra en Europa y un preocupante escenario inflacionario al que, asegura, el mundo deberá acostumbrarse por un largo tiempo. “Al final del libro digo que no vamos a tener un mundo más pacífico después de la pandemia”, recuerda durante el diálogo con La Tercera . Y parece haber acertado.

En su último trabajo aborda los efectos de los desastres a lo largo de la historia. ¿Cree que las catástrofes pueden definir la historia de la humanidad?

La historia es un desastre tras otro y pese a ello se consigue progresar tanto en ámbitos materiales como en otros. El hecho de ver a la historia como una continuación de desastres no ha impedido el progreso de la especie. Y eso es importante, porque en esas circunstancias no puede haber una historia cíclica, porque los desastres son demasiado impredecibles, arbitrarios. ¿Quién podía saber que iba a haber una gran guerra en Europa este año? ¿Quién podía saber que iba a haber una pandemia en 2020? Uno no puede predecir estas cosas y la mayoría de las personas que se dedican a hacer pronósticos tienden a sobrepronosticar y al final tienen suerte. Mis amigos que predecían una crisis financiera cada año desde 2001, al final acertaron. Ese es un punto importante sobre la forma en que funciona la historia y es, por eso, que no podemos subestimar la importancia de los desastres independiente de lo malo que sean. La Segunda Guerra Mundial fue bastante mala, pero no fue el fin del mundo ni fue el fin de la humanidad. En muchos sentidos la economía mundial se comportó incluso mejor en los años 50 de lo que lo había hecho antes.

Voluntarios desinfectan un zona de Shanghai para intentar contener la propagación del virus. Reuters.

El último desastre, antes de la guerra en Ucrania fue la pandemia. ¿Cuánto cree que ésta cambió al mundo?

Creo que la pandemia ha sido en ciertos sentidos transformadora y en otras formas no. Es transformadora en ciertas actividades que dábamos por seguras cada día, como ir a trabajar a la oficina o viajar regularmente en avión. A un nivel asombroso esas cosas han cambiado y no estoy seguro si van a volver a ser como antes. Pero las cosas que no han cambiado son claramente nuestros comportamientos sociales. Estoy asombrado por lo rápido que la gente ha vuelto a su comportamiento previo a la pandemia, como dar la mano, abrazos, fiestas. Es bien sorprendente como todo eso ha vuelto a la normalidad con el virus aún presente.

¿Es posible hacer paralelos entre la pandemia y otras plagas como por ejemplo la Peste Negra a fines de la Edad Media?

Fue sin duda un desastre mucho más grande y nosotros como especie teníamos muchas menos defensas. Son hechos de órdenes de magnitud diferente. Sin embargo, creo que hay algunas similitudes interesantes. Por ejemplo, algunos de los comportamientos que vimos en 2020 tienen una suerte de carácter religioso. Me impresionó cuánto de las protestas que rodearon Black Live Matter después del asesinato de George Floyd traía a la memoria las penitencias o las flagelaciones de las órdenes religiosas de mediados del siglo XIV. Había una sensación de que esas protestas no eran lo que parecían. Superficialmente era un levantamiento y una protesta contra el racismo de la policía. Pero creo que era más profundo. En el contexto de la pandemia, hubo una gran necesidad de salir, de expiar pecados. Muchas de las protestas en Estados Unidos tuvieron un carácter religioso. Fue muy fascinante de mirar. Creo que había algo medieval en lo que pasó. En medio del pánico de una plaga las personas buscan a alguien que culpar y muchos de los episodios de violencia que vimos a fines de 2020, con intensas divisiones políticas, me recordaron la forma en que durante la Peste Negra hubo levantamientos contra los judíos. Creo que la atmósfera de una plaga es muy estresante sicológicamente. No quiero exagerar los paralelos, pero aparece para mi muy llamativo comparar lo que sucedió a mediados de 2020 con lo que pasó en el siglo XIV. Creo que es iluminador. Y lo otro que diría es que la Peste Negra no detuvo las guerras en Europa. La guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia siguió adelante, independiente de las múltiples olas de la Peste. Una de las cosas que digo al final del libro es que no vamos a tener un mundo pacífico después de la pandemia, al contrario. Un desastre puede llevar a otro de maneras sorprendentes.

Y hoy precisamente estamos enfrentando un nuevo desastre, la guerra en Ucrania. ¿Cuánto cree que la pandemia se puede relacionar con eso y qué cree que cambiará más el mundo, la guerra o la pandemia?

No estoy seguro que uno pueda decir que hay una relación de causalidad entre la pandemia y la guerra. Tanto Rusia como Ucrania tuvieron altos niveles de mortalidad por el Covid, pero no creo que eso tenga nada que ver con el estallido de la guerra, que Putin claramente estaba preparando desde principios del año pasado. Pero, por otro lado, la coincidencia entre una plaga y una guerra suena familiar, como la Primera Guerra Mundial, cuando el final el conflicto coincidió con la gripe española. Mencioné también la Peste Negra y la guerra de los 100 años. Es la forma curiosa en que los caballos del Apocalípsis convergen. Creo que estamos en un periodo que los historiadores pueden reconocer fácilmente, donde hay desastres simultáneos e interconectados. Esto es muy interesante por la forma en que los abordamos. La guerra terminó la pandemia sicológicamente. Algunos sugieren irónicamente que Putin debería obtener el Premio Nobel de Medicina por haber terminado con el Covid, al crear una nueva noticia, más grande. Pero creo que en realidad el Covid está lejos de haber sido superado, veamos la situación en Shanghai. Nos cuesta pensar en dos desastres a la vez. En efecto tenemos dos en proceso y tal vez alguno más por venir. La próxima fase de esta cascada es el shock inflacionario en los países desarrollados que dependen de Rusia y Ucrania para su trigo o su fertilizante. Y eso tendrá un poderoso efecto negativo en los precios y en los suministros de alimentos, especialmente en África. Podemos tener una hambruna a la vuelta de la esquina, incluso antes de que la guerra termine y antes de que la pandemia termine. No sueno muy alegre, pero esto es lo extraño de tener simultáneamente una pandemia que mató a millones de personas, una guerra que podría matar a decenas o quizá cientos de miles de personas y una hambruna que podría causar millones de muertes. Y pese a ello, la guerra seguirá. Esto es lo difícil de comprender a veces, estamos fascinados con ver los desastres, ya sean las víctimas de Bucha o las personas en Shanghai encerradas en sus departamentos.

Un hombre camina con su bicicleta por una calle de Mariupol destruida por los ataques rusos. AP

Usted habló recién de la inflación. ¿Cree que tendremos que acostumbrarnos a convivir con ella por largo tiempo o será algo transitorio? ¿Estamos ante un fenómeno similar al de los años 70?

Claramente los banqueros centrales que el año pasado dijeron que la inflación sería transitoria hoy parecen bien torpes. Yo era uno de los que coincidió con Larry Summers en febrero del año pasado en el sentido de que se había cometido un gran error político, porque en el contexto de alteración de los suministros, la Reserva Federal y la administración Biden siguieron metiendo combustible monetario y fiscal por el lado de la demanda, incluso si las vacunas ya estaban controlando la pandemia. Nunca tuve en realidad muchas dudas que iba a haber una alta inflación, la mayor en 40 años. Ahora se escucha el mismo tipo de argumentos diciendo ‘bueno, en cinco años a partir de ahora o en cuatro años va a volver a estar baja’. Creo que esto devela la debilidad del pensamiento económico que no es suficientemente histórico. En los 70 hubo errores de políticas que se iniciaron a fines de los 60 con Lyndon Johnson y continuaron con Nixon, a los que se sumó el shock de 1973 y luego el otro shock, en 1979. Dos fuertes golpes del precio del petróleo. Además, hubo un alza en los precios de los alimentos incluso antes del aumento del precio del petróleo. La inflación vino desde esos dos lados, la oferta y la demanda en los 70. Y las expectativas de inflación se ajustaron al alza de una forma muy difícil de detener. Todo esto está pasando de nuevo. Hay diferencias sin duda, diferencias demográficas, diferencias en la organización de la fuerza laboral y en ese tipo de cosas. Pero por el otro lado, la carga de la deuda fiscal es mayor que la de los 70. Uno debe ser cuidadoso al decir, ‘bueno, no será tan malo como en los 70′. Creo que globalmente va a ser bastante parecido a los años 70, incluso si la situación en Estados Unidos no es tan mala como fue entonces.

Una mujer protesta por más ayuda a causa del alza de la inflación, en Buenos Aires. AFP

¿Está de acuerdo que el dilema de los banqueros centrales al tener una alta inflación y un bajo crecimiento es complejo? ¿Pueden estar sobrerreaccionando?

Estoy de acuerdo con Larry Summers que hay un 50% de probabilidades de una recesión en los próximos dos años cuando la FED finalmente se dé cuenta que la inflación se salió de control. Si quieres tener las expectativas de inflación bajo control debes enfriar la economía, pero nadie quiere hacer eso políticamente y entonces se termina no haciendo lo suficiente y el resultado es que el problema persiste y se vuelve peor. Mi sensación es que el problema de la inflación va a estar con nosotros al menos hasta el próximo año y probablemente más allá. No hay garantías de que esta guerra en Ucrania termine luego, podría en efecto tomar un largo tiempo. Y hay otros problemas que todavía no se han manifestado y que podrían causar más problemas geopolíticos, por ejemplo, en Medio Oriente o en el Lejano Oriente. Además de eso, creo que la economía política de la inflación es un problema. Los Bancos Centrales no son tan autónomos como les gusta creer cuando las elecciones se acercan. Creo que el problema de la inflación va a persistir y se convertirá en uno de los rasgos de esta década.

Hemos visto durante la pandemia un creciente protagonismo del Estado en la economía, con fuertes apoyos monetarios para mantener el sistema funcionamiento. Algunos han dicho incluso que la pandemia podría ser un golpe mortal para las lógicas del neoliberalismo. ¿Cómo ve ese fenómeno?

Creo que el retroceso del Estado en realidad no fue nunca tal, incluso en los 80. Si bien Reagan, Thatcher y por supuesto Pinochet trataron de llegar a un buen acuerdo para terminar con el corporativismo de la postguerra, las instituciones sociales persistieron. El Estado de Bienestar se mantuvo y aunque bajaron los ingresos por impuestos, el gasto de los gobiernos no bajó al mismo nivel. Ahí tenemos el problema del déficit que se volvió crónico en Estados Unidos. Nunca he creído que el neoliberalismo ganó entonces. Si sólo miras los números, el Estado no retrocedió tanto. Esa es una de las ironías de los 80. Se logró mucho menos en la realidad que en el discurso. El proceso en que el Estado comenzó a crecer de nuevo se inició en los 90 y en el 2000, incluso antes de la crisis financiera. Y luego con la crisis financiera tienes esta gran expansión del rol del Estado en el sistema financiero, y una gran expansión de la deuda pública. Creo que la pandemia llegó al final de una crisis que ya existía, que desafiaba la noción de un gobierno neoliberal con baja intervención y baja regulación. Hoy el consenso parece ser el de una mayor intervención del Estado, en ambos lados del espectro político. Es cómico lo mucho que la izquierda habla de neoliberalismo, como si hubiera ganado, pero en realidad la victoria fue muy limitada.

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