La obsesión santiaguina de Pablo Valenzuela

El estallido social le cambió el foco al reconocido fotógrafo. Después de octubre de 2019, pasó de retratar grandes paisajes a las protestas en Santiago Centro y sus consecuencias. Esta es su bitácora gráfica y la historia de su repentina inquietud.




Pablo Valenzuela Vaillant (56) llevaba tiempo sin sacar fotos en la ciudad. A él, un reconocido retratista de patrimonio, le gustaba lo urbano. Sólo que en los últimos años había optado por enfocar su lente hacia el montañismo y los paisajes de la naturaleza. Fue entonces que vino el estallido social de 2019. A partir del 21 de octubre de ese año, se le ocurrió adentrarse en ese mundo que se tomaba las calles.

“Me gustaba la idea de tener un registro histórico de lo que estaba pasando allí. No quería hacer algo tan documental, sino que un trabajo con una estética personal”, cuenta. Así, durante dos semanas, salió todos los días en bicicleta desde su casa en Las Condes hasta Av. Condell en Providencia -donde la estacionaba en el departamento de un amigo- para luego caminar hasta el Metro Baquedano. Lo que le interesaba era capturar esas aglomeraciones populares. “Me recordaba a una exposición de fotos que hice de una fiesta religiosa de Calama, que se llenaba de gente. Ese tipo de fotografía tiene mucho de personas, movimiento, expresiones y rostros. A eso iba yo”.

Ese proyecto, que comenzó como un trabajo circunstancial, con los meses fue mutando en algo distinto. Luego de las primeras dos semanas de protestas, Valenzuela siguió yendo -ya más esporádicamente- a hacer un seguimiento del después de lugares que resultaron quemados, como la sede de la Universidad Pedro de Valdivia o la Iglesia San Francisco de Borja de Carabineros. El más importante, sin embargo, era otro: la estatua del general Baquedano. Valenzuela registró todas las secuencias que se daban en torno a la escultura. Cuando la rayaban, cuando la volvían a pintar, el antes y después de las protestas. También cuando la retiraron con una grúa y, finalmente, cuando cercaron la plaza con murallas y carabineros.

“Me podía pasar tres horas, siempre en la ‘zona cero’ y alrededores. Muchas veces fui al amanecer muy temprano para ver cómo quedaba todo lo que pasaba. Tengo registros de todos esos lugares con basura, restos de rayados y edificios quemados”, cuenta.

La pandemia cambió las rutinas de Santiago y Valenzuela fue testigo. Ampliando sus recorridos se encontró con calles que quedaron vacías, un Paseo Bandera que se transformó en una improvisada pista de patinaje durante la Franja Deportiva y ciertos sectores, como el de La Moneda, que a pesar de todo lograban mantenerse como siempre. Esta obsesión que se extiende por más de dos años le ha dejado ciertas reflexiones sobre el casco histórico. El fotógrafo coincide con que hay un deterioro y la fecha de inicio la fija en el estallido. El problema, apunta, es que en muchos de los puntos más afectados no ha habido ningún trabajo de restauración patrimonial. “Hay sectores, como Vicuña Mackenna y la primera cuadra de la Alameda hacia el poniente, que han empeorado. Quienes han podido levantar el barrio y darle algunos signos de recuperación han sido los mismos dueños de locales y restoranes”.

Lo mismo ha ocurrido en otras zonas de Santiago Centro, donde ha podido capturar la basura que se ha juntado en gran parte de los barrios y cómo el comercio ambulante hoy está más presente que nunca. Sobre todo en el sector de Estación Mapocho y en el Paseo Ahumada, donde varias tiendas -las que están detrás de los feriantes- se han puesto en venta o arriendo por este problema. “Si yo traigo un turista a conocer Santiago y lo llevo solamente por el Mapocho, desde el sector de La Vega a Borde Río, en Vitacura, la persona viaja desde la India a Dinamarca, es así de drástico”.

Esta mirada la resume en su libro 18/O ZONA CERO, publicado por We Print , y en paralelo también en su cuenta de Instagram -subiendo sus registros diarios-. Ahí, hay algunos que lo han criticado, según dicen los comentarios, por estar más preocupado de la estética que de las demandas sociales.

“Yo les respondo que una cosa no descarta la otra, te puedes preocupar tanto de la estética, del patrimonio, como de las demandas sociales”.

Eso a Valenzuela lo afecta. Su reflexión, señala, está lejos de eso: “Ninguna demanda justifica un daño al patrimonio. Vivir en una ciudad amable nos hace a todos más felices”.

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