La profunda ausencia de Rebeka Pierre

REBEKA PIERRE

Rebeka Pierre tenía nueve semanas de embarazo, llegó con dolores al hospital, pero fue dada de alta.

Hoy son los funerales de la médico haitiana que falleció la semana pasada tras recibir el alta médica en el Hospital Félix Bulnes. Su autopsia consigna que murió por un tromboembolismo pulmonar y trombosis venosa profunda de miembro inferior. Tenía un hijo de 5 años y estaba embarazada de 9 semanas. Su hermano y sus amigos cuentan cómo es la vida sin Rebeka.




Royse (5) está frente a su madre. Ella está ahí y a la vez no está. Es solo un cuerpo y el niño lo mira sin asombro ni recelo. Es lo que queda de quien más lo ha amado y él se despide sin llorar: Rebeka Pierre Julmiste (38) ha muerto y su hijo, Royse, que ha intuido por días que algo no andaba bien, se guarda la pena. Decide jugar y guardar silencio. Rebeka era tímida, dicen sus amigas. Royse, introvertido, moreno, de apariencia frágil, tampoco habla.

Es la tarde del martes 21 de mayo, Santiago tiene un otoño especialmente frío.

Durante mucho rato, Royse ha permanecido fuera de la Iglesia Unión Pentecostal El Triunfo, de calle Pertesen. Se ha negado a entrar entre la multitud de vecinos, muchos de ellos miembros de la comunidad haitiana, como su mamá, a mirar ese cajón café donde le dicen que está Rebeka. Profesionales de la Cruz Roja que fueron compañeros de ella y han compartido con el niño en estos días le explican qué significa morir y Royse asiente. Pide que salgan los demás y entra sólo con sus más cercanos: su tío Dief-Herson Yacinte y Roxana Silva, amiga de Rebeka.

Se acerca al ataúd y mira el rostro de su mamá, como cerciorándose de que es ella. Luego pide ir a casa. Nada más.

La vez anterior que el niño había visto a Rebeka había sido la mañana del jueves 16 de mayo antes de salir a la escuela. Ella lo había despedido como siempre. Es difícil saber cuándo un día será el último.

Esa jornada, Rebeka, con nueve semanas de embarazo, había acudido al Centro de Salud Familiar Doctor Steeger de Cerro Navia aquejada por taquicardia y un dolor en el pecho, por lo que fue derivada al Hospital Félix Bulnes en Providencia. Allí llegó en ambulancia y salió con un alta médica e indicaciones de llamar en caso de emergencia. No pudo hacerlo.

Al bajarse de un paradero en la intersección de las calles Mapocho con Huelén, intentó sostenerse desde un pilar de un paradero del Transantiago, pero se desplomó a las 14.22 horas. Vecinos que circulaban por el sector la trasladaron a un recinto de atención primaria donde intentaron reanimarla. A las 15.05 horas se declaró oficialmente su deceso.

Según la autopsia del Servicio Médico Legal, Rebeka murió por un tromboembolismo pulmonar y trombosis venosa profunda de miembro inferior. Una amiga de Rebeka, Djine Leveilli, comenta que llevaba mucho tiempo con dolor en una pierna y había consultado el jueves porque le faltaba el oxígeno. Nada de ello fue detectado en el establecimiento de calle Holanda que cursa hoy un sumario interno y una investigación del Ministerio Público por eventual negligencia médica. La causa, que originalmente estaba radicada en la Fiscalía Centro Norte, fue derivada el lunes a la Fiscalía Oriente.

Roxana comenta que tras los funerales, que son hoy a las 13.00 horas en el Cementerio General, se dedicará a recopilar los antecedentes sobre qué falló en la atención de su amiga.

Hoy le preocupa Royse:

-Fue al colegio en la mañana. Él sabe lo que pasa, pero no lo asume, siente que en algún momento Rebeka va a volver. Es inteligente, sabe que eso no va a pasar, pero lo espera.

***

Roxana fue la primera en saberlo. Su nombre figuraba en los contactos de emergencia de Rebeka y la llamaron en cuanto se confirmó la muerte de su amiga. Acudió a Cerro Navia y detalla, sólo se preguntó qué querría Rebeka que hiciera por ella: ayudar a Royse, se respondió. Y eso ha hecho sin parar en estos días.

En paralelo, Carabineros acudieron al colegio de Royse y allí encontraron el contacto de Dief. Al pequeño no le contaron de inmediato la gravedad de la situación, pero Roxana cree que el lo ha sabido desde que fue interrumpido ese jueves. En Haití, el resto de la familia se enteró recién al día siguiente. También sus otros amigos cercanos como Djine.

Rebeka había muerto.

Todos esperaban otra noticia: que había alcanzado a reunir el dinero para la convalidación de su título de médico y podría ejercer; que había cortado para siempre vínculos con el hombre que la abandonó apenas supo que esperaba un hijo y que la maltrataba, cualquier otra cosa.

Era, dicen sus cercanos, una mujer buena. Había estudiado en Escuela Latinoamericana de Medicina Doctor Salvador Allende de Cuba y se había radicado en Chile en 2014 sin recursos, pero con la convicción de que podía revertir su suerte. Trabajaba de voluntaria en la Cruz Roja. Llegaba con lo justo a fin de mes.

-Ella era tan amable. Por sus conocimientos de medicina podía haber exigido otra atención en el hospital. Estoy segura de que no lo hizo. Era callada. Aceptó que le dieran el alta y pasó esto-, reflexiona Roxana.

El municipio de Cerro Navia, relata el alcalde Mauro Tamayo, está haciendo lo posible por alivianar la carga de la familia migrante. "Se dispone de un programa para los vecinos que no pueden sustentar los servicios funerarios y de un espacio en el cementerio para depositar su cuerpo. Evacuamos un subsidio de arriendo porque no podemos permitirnos que no tengan donde vivir. El hijo de Rebeka va a una escuela pública y vamos a ampliar las horas de permanencia del menor para que su tío pueda trabajar", plantea.

Dief (26) cree que en la partida de su hermana hay una mezcla de desidia y racismo. Que fue mal atendida "por ser pobre, por ser negra". Era una mujer culta. Hablaba español, inglés, francés y creole. Podía darse a entender sin problema. La barrera, a diferencia de lo que ocurrió con Joane Florvil, no era idiomática.

Hoy Dief debe hacerse cargo de su sobrino. Su hermana Jumelle está viajando desde Puerto Príncipe para ayudarlo. Podrá quedarse el tiempo que dure su visa de turista.

-Estoy muy mal, mal- cuenta Dief a minutos de enterrar a Rebeka.

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