Enseñando en soledad: las 1.123 escuelas con menos de 10 estudiantes

Autor: Carlos Said

En Panguipulli está una de las 75 escuelas que figuran con solo un alumno de matrícula.

Los docentes de zonas aisladas no solo se dedican a las clases: cortar leña, hacer aseo, asegurar el suministro de luz, se suman a las labores administrativas de las escuelas. Cuatro encargados de colegios, que tienen entre uno y cuatro alumnos, cuentan su experiencia.


En Chile, la enseñanza no es fácil. Los profesores enfrentan incontables dificultades para educar a los niños, pese a ser una de las profesiones más necesarias para cualquier sociedad. Y eso lo saben mejor que nadie los miles de docentes que hacen clases en soledad, en medio de cerros, bosques o desierto, para cursos que en algunos casos tienen pocos alumnos.

Ese es el caso de Olegario Cayulef, el profesor encargado de la Escuela Rural Raguintulelfu, distante a 28 km de Panguipulli, y que tiene a su cargo un solo estudiante. “Uno debe desarrollar todo lo que significa llevar adelante una escuela, solo. No tenemos auxiliar ni nadie que nos pueda apoyar. Entonces, de existir una emergencia, como un corte de agua, uno se las arregla solo”, explica.

Su caso no es único. Según registros del Mineduc, en Chile existen 1.123 escuelas que tienen 10 escolares o menos, equivalentes al 9,7% de los establecimientos del país, la mayoría ubicada entre las regiones del Biobío y Los Lagos. De todas ellas, 75 establecimientos figuran con solo un alumno, lo que denota el impacto que tiene la geografía nacional en la labor pedagógica.

Hace unas semanas, la comisión “Todos al Aula” le entregó al Presidente Piñera 46 medidas para desburocratizar las escuelas, y entre ellas plantea la necesidad de incentivar la fusión de escuelas pequeñas. Y si bien los encargados de estos reducidos recintos creen que eso es casi imposible, debido a las grandes distancias, sí creen que se les puede dar una mano con las gigantescas labores administrativas que tienen.

Mariela Sarabia es la encargada de la Escuela La Cascada, de Toltén, con una matrícula de dos alumnos de enseñanza básica, situación en la que están 133 escuelas del país. Dice que junto con hacer clases, se tiene que hacer cargo “de todo el papeleo que hacen otros directores”, lo que además se suma a las complicaciones propias del mundo rural.

“No tenemos acceso a internet, no tenemos luz, generamos nuestra energía con una turbina implementada hace poco. No sabemos utilizar medios audiovisuales en las clases, por estar alejados y no tener acceso a varios medios. Y a eso se suma a la carga administrativa y a las labores propias del colegio, como cortar leña y dar desayuno… hay una serie de inconvenientes”, relata.

Y a eso, agrega, se suman los problemas de sociabilidad que tienen los escolares, producto del aislamiento en que viven.

La Escuela La Cascada (Toltén) usa una turbina para la luz.

Burocracia y papeleos

Para las escuelas unidocentes, que poseen solo un profesor que cumple todas las labores a la vez, el traslado es uno de los principales problemas. En Carahue, Luis Emilio Proust es el encargado de la Escuela El Manzano, con tres alumnos, y dice que debe coordinarse con otras escuelas pequeñas para trasladar en un furgón a los escolares.

Dice que todas esas preocupaciones hacen que el tiempo escasee, “aunque tenga a cargo solo a tres niños, porque tengo que preocuparme de que funcione bien el sistema de agua y luz, y uno hace cosas que debieran estar a cargo de otras personas. Eso me quita tiempo para hacer clases, lo tengo que compartir con el trabajo administrativo”.

Pese a que reconoce que este modelo permite que las clases sean más personalizadas, lo que pedagógicamente es bueno, cree que el Estado podría facilitarles la tarea, por ejemplo, dándoles de una vez por todas internet.

“A veces la burocracia hace que la tecnología no llegue a todos los colegios, porque las autoridades tiene una visión de los niños de campo que es discriminatoria. Quise tener una pizarra interactiva y me dijeron que para qué la quería, que los niños no la iban a comprender. La burocracia es bastante discriminatoria, en especial con el niño mapuche”, relata.

Otro aspecto de la burocracia en que les gustaría recibir ayuda es en el papeleo, algo que también está planteado en “Todos al Aula”. Richard Fernández, encargado de la Escuela Rural Los Bajos, de Los Lagos, con una matrícula de cuatro escolares, cuenta que las obligaciones administrativas les roban harto tiempo privado en la casa.

“Hay harto papeleo, sobre todo a fin de año, hay que entregar informes y un plan de mejoramiento. Y nosotros hacemos todo, desde picar leña hasta firmar las actas y hacer aseo. En ese trabajo, hay que ejecutar todas esas labores, pero junto a todo eso hay que cumplir con las clases, que es lo principal”, comenta.

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