Correa y Morales dan un giro y adoptan pragmatismo económico

Los presidentes de Ecuador y de Bolivia han tomado decisiones para estimular la industria extractiva. Correa adoptó medidas de austeridad. Evo se ganó la oposición de algunos de los que lo apoyaron cuando llegó al poder en 2006.




Se han definido de izquierda, protectores del medio ambiente y a favor de las políticas sociales. Sin embargo, a diferencia de algunas definiciones que hicieron al momento de asumir, los presidentes de Ecuador, Rafael Correa y de Bolivia, Evo Morales, dieron un giro y han tomado el camino del pragmatismo económico.

Rafael Correa decidió poner fin a la iniciativa Yasuní-IT, argumentando que el mundo "ha fallado" y no ha contribuido con el proyecto que buscaba salvaguardar un sector de la selva amazónica y no explotar un importante yacimiento petrolífero a cambio de ayuda económica de protección ambiental por un valor superior a los US$ 3.000 millones. Correa sólo consiguió US$ 13,3 millones.

"El factor fundamental del fracaso (del proyecto) es que el mundo es una gran hipocresía", dijo Correa, quien obtuvo la autorización del Legislativo el jueves para explotar crudo en el parque nacional Yasuní, una reserva natural de la biosfera declarada por la Unesco. La explotación petrolera en el Yasuní sólo incluirá unas mil hectáreas del millón de selva del país y podrá representar ingresos por US$ 18.000 millones a Ecuador.

Por otro lado, el diario El País, de Uruguay, señala que en materia económica, el mandatario ecuatoriano está adoptando algunas de las medidas de austeridad "de las que una vez se burló". Por ejemplo, está considerando un fuerte recorte en los subsidios al combustible y el departamento de seguridad social ya despidió a más de 1.000 empleados.

Para el politólogo ecuatoriano Jorge León, consultado por el diario, antes de que asumiera el poder, estas medidas habrían motivado la movilización de sus simpatizantes en las calles. "Hoy en día, lo que los une es más el nacionalismo que el socialismo", sostuvo. Así, añadió: "Casi no quedan izquierdistas en el gabinete".

Por otro lado, el gobierno de Evo Morales también decidió apostar a la explotación de los recursos naturales del país como una opción para su alicaída economía. Pese a mostrarse con cierta reticencia, han mostrado cambios a favor de la explotación minera, Evo Morales presentó una ley de minería que establece que no se requerirá una consulta previa a los pueblos indígenas en las fases de prospección y exploración.

En el terreno político, el mandatario no goza de un buen momento. Según señala el diario español El País, el Movimiento Al Socialismo (MAS) de Morales, que mantiene el control hegemónico en la Asamblea Legislativa, ha perdido parte de sus bases entre los indígenas del oriente boliviano y segmentos importantes en el altiplano, que se alejaron tras denunciar el incumplimiento de la Constitución.

Una de las impulsoras del Frente Amplio es la activista Loyola Guzmán, conocida por haber participado en la guerrilla de Ernesto Che Guevara en Bolivia en los años 60 y haber participado en el MAS. A su juicio, considera el ideal del "sistema político pluralista institucionalizado" no se hizo realidad en el gobierno de Morales. El documento inicial del Frente afirma que en su lugar "se ha instaurado en el país un régimen autocrático, que reproduce los peores vicios del sistema de partidos tradicionales: el caudillismo, el sometimiento de la justicia al poder político, la corrupción generalizada, el abuso de poder y el desconocimiento de la legalidad constitucional".

El diario señala que desde que llegó al poder, el que fue líder de los cocaleros e ícono indígena se ha ganado el rechazo de los productores de hoja de coca, los cooperativistas mineros y los sindicatos campesinos del oeste boliviano. "Morales tiene un discurso antineoliberal y antimercado, pero su gobierno no ha desarrollado políticas ni acciones a favor de la construcción del socialismo. Sus medidas son liberales y sus acciones están orientadas a fomentar, profundizar y conservar políticas económicas orientadas al libre mercado y más impuestos a los mismos sectores que tributan y tributaron siempre. Pero al mismo tiempo viene fortaleciendo el aparato estatal y las áreas de acción estatal. Por esta vía se está dando lugar a tener un Estado más grande y fuerte pero menos ciudadano", dijo a La Tercera el analista boliviano Carlos Cordero.

"El gobierno ha tomado decisiones que han lastimado a las clases medias, urbanas, profesionales, asalariadas. En muchos sentidos promueve el centralismo, la verticalidad, el pensamiento único y la concentración de poder. Esta actitud es rechazada y es el origen del descontento", añadió.

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