Viaje a la infancia de Esteban Paredes

Autor: Ignacio Leal

El rey, el hijo, el vecino, el barrista, el crack. Desde niño, las ansias de Esteban Paredes por anotar, por ser el más goleador de todos, lo llevaban incluso a chutear dormido. Esta es una radiografía a los orígenes del mejor jugador del Campeonato de Apertura, tan ídolo en Colo Colo como en el Franja Juvenil, su primer club.

Mejor jugador chileno

Paredes (Colo Colo)

7

Fuenzalida (U.Católica)

6

N.Castillo (U.Católica)

5

Rodríguez (Colo Colo)

4

Valencia (Palestino)

4

Caroca (Iquique)

2

Tres de la mañana. El silencio es absoluto en casa de los Paredes. Todos duermen, pero un ruido constante, seco, irrumpe de golpe en la humilde morada. Es el ¡paf… paf…! de una pelota de fútbol chuteada contra la muralla del living, en medio de la madrugada. Es Esteban, el mayor del clan, que otra vez se levantó dormido, soñando con los goles que mañana anotará en los entrenamientos con la Sub 12 de Audax Italiano.

Con 11 años y su camise de colegio, Paredes ríe para la foto.
Con 11 años y su camise de colegio, Paredes ríe para la foto.

La obsesión de Esteban Efraín, el mejor jugador del Apertura según los entrenadores y capitanes del fútbol chileno, era tan grande que ni siquiera la olvidaba mientras descansaba. Sonambulismo goleador, así se formó Paredes.

Marisol Velásquez (49 años), su madrastra, o más bien su segunda mamá, recuerda que esos episodios eran comunes en el Paredes niño. “Los vecinos después me preguntaban que qué eran los ruidos que se escuchaban en la casa”, cuenta entre risas. “Cuando eso pasaba, teníamos que bajar a buscarlo y volver a acostarlo, pero con cuidado, porque a los sonámbulos no hay que despertarlos”.

Ambos se conocieron cuando el crack apenas tenía ocho años. “Lo recuerdo tal como ahora”, dice: “Carismático, humilde, respetuoso, cariñoso… Un siete”. La mujer es la segunda pareja de Mario Paredes (58), el papá del artillero, un contratista en mármol. Ella es quien se encargó de educarlo y acompañarlo a las prácticas durante toda su infancia.

Junto a Pinina, una de sus primeras mascotas.
Junto a Pinina, una de sus primeras mascotas.

No es de su sangre, pero es como si lo fuera. Cuenta que la relación con ese pequeño inquieto y “pelusón” fue tan fluida que de inmediato pasaron a ser como amigos. “No me costó nada acercarme a él”, asegura, sentada en el sofá de su casa, frente a la misma muralla que hace más de dos décadas servía de arco para Visogol, ahora decorada con fotos y recortes del capitán albo. “Tengo una colección completa de todo lo que salga de él en los diarios”, confiesa. “Soy su fan número uno”.

En la casa de sus padres, el cariño que representa Esteban es enorme. Es un príncipe. Sandy (26), la penúltima de sus cuatro hermanas, rememora que cuando aún no se iba de casa y llegaba de entrenamientos, debían atenderle en todo: “Nos pedía que le trajéramos jugo, que le acercáramos el control de la tele, que le rascáramos la espalda…”. No lo cuentan con desgano, denotan una admiración por el mayor, el único hombre, el regalón.

Con Gustavo Benítez. Esteban con el gorro
Con Gustavo Benítez. Esteban con el gorro

Tanto así que cuando cumplió 18 años y jugaba sus primeros partidos por Santiago Morning, su papá le hizo un regalo especial. “No quería que fuera menos que sus compañeros, así que le regalé una camioneta Chevrolet Luv”, cuenta Mario. Paredes ha sabido retribuir ese cariño. Su padre es su gran referente, tanto así que apenas termina un partido, no duda en llamarlo y consultarle qué tal lo hizo. “Incluso desde México lo llamaba”, reconoce Marisol.

Todos, absolutamente todos son colocolinos, por lo que su alegría al verlo triunfar y golear es un sueño hecho realidad. Tan fanático que durante su adolescencia Paredes perteneció a la Garra Blanca, al piño de los Gángster, con quienes iba a alentar al Cacique, a veces incluso a escondidas de su familia. “A nosotros no nos gusta ir mucho al estadio, porque los hinchas a veces son mal agradecidos. Si no hace un gol, lo insultan y eso nos pone nerviosos”, arguye Marisol.

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Esteban Abraza a Marisol, en el día del cumpleaños del ariete.

“Ganó un partido solo”

Pero antes de los goles, las copas y las celebraciones, Esteban tuvo que transitar un largo camino de esfuerzos. No de carencias, porque pese a su origen humilde, nunca le faltó nada. En su hogar, las opiniones son divididas. Mario confiaba en que llegaría a ser profesional sí o sí, pero Marisol lo dudaba. No porque le faltaran capacidades o talento para serlo, sino porque notaba que, como él, había una larga fila de promisorias estrellas. Eso sí, nunca le quitó el apoyo, eso ni pensarlo. “Era distinto. Yo sabía que iba a llegar donde está”, dice el padre, con una seguridad evidente.

En la Villa Carrascal, el pequeño Esteban era el compañero favorito de todas las pichangas. Estudió en el Complejo Educacional Cerro Navia desde kinder a 4º medio, donde se graduó como técnico en Mecánica Automotriz -“aunque no sabe ni cambiar una rueda”, se ríe Mario- y allí, después de clases, se quedaba horas jugando al fútbol junto a sus amigos. “Salía a la una de la tarde, pero a la casa a veces llegaba a las cuatro, porque se quedaba jugando en la escuela”, recuerda Marisol. No destacaba en notas, pero nunca repitió un año.

Disfrazado de soldado de la Guerra del Pacífico. 11 años.
Disfrazado de soldado de la Guerra del Pacífico. 11 años.

En su casa y en la población era conocido por todos como el Totó, bautizado así por el estilo similar al jugador de moda en la época, el italiano Salvatore Schillaci. Y el Totó de Cerro Navia jugaba, hacía goles, brillaba. Todos los clubes amateurs querían contar con él en sus filas, pero del que fue goleador exclusivo fue el Franja Juvenil.

La sede del club albirrojo está ubicada a la vuelta del hogar de sus padres. En él, dos collages gigantes con fotos de sus hazañas coronan la sala principal, que está en plena remodelación. Teodoro Quintero, un taxista de 51 años que ya perdió la cuenta del tiempo que lleva presidiendo a la institución, cuenta que ahora, gran parte de lo que allí se construye fue por aporte del Tanque. Asegura que hace varios meses que no los visita, pero que cuando lo hace, es capaz de estar un día entero apoyándolos en la cancha o en sus distintas actividades.

Si hay algo que todos destacan del goleador, es que nunca se ha olvidado de sus orígenes. Y aunque hace años cambió las calles de Cerro Navia por las de Chicureo, sigue tan conectado al barrio como cuando aún soñaba en ser quien hoy es. No puede estar lejos, si hasta su esposa es del sector, la conoció en el colegio. “Él llega a ver los partidos y se raja con completos o comida para todos. O ve que estamos vendiendo choripanes para un beneficio y aporta con una ronda para todos. Compró las camisetas de tres series… Cosas así. Nadie se las pide, él las hace porque le nacen”, asegura Quintero.

Esteban Paredes
En la infantil de Franja Juvenil.

El dirigente recuerda a la perfección que la habilidad del crack era tan grande que jugaba en la serie de honor del Franja Juvenil, con apenas 16 años. Rememora también una hazaña irrepetible, que ocurrió cuando aún era cadete de Santiago Morning. “Hubo un partido en el que él tuvo que jugar al arco. Le hicieron un gol. Y en un momento sale desde el fondo con la pelota, se pasó a todos e hizo el gol del empate. Lo sacamos del arco y terminó haciendo él todos los goles… Ganamos 4-1. Nosotros decimos que ese partido lo ganó él solo”.

Esteban , junto a sus tres hermanas, su madrastra, el padre, el cuñado y sus nuevos sobrinos
Esteban , junto a sus tres hermanas, su madrastra, el padre, el cuñado y sus nuevos sobrinos

En la Villa Carrascal, las historias en torno a Visogol son muchas. Ninguna es negativa. El cariño de su gente es transversal, tanto que hinchas azules como albos han hecho fila para fotografiarse con él. Es recíproco: ni Paredes pierde la memoria, ni el barrio reniega de su ídolo.

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