Fábula de dinosaurios




El Reino de los dinos descubrió la fórmula de la sobrevivencia. El genio principal explicó, “ustedes son los primeros que vivirán más de 65 años”, y desde ese día hubo jóvenes y mayores.

Estaban todos felices pensando que tendrían recreo, que no iban a trabajar en esos años de premio. ¿Pero cómo pagarían las cuentas? Fue entonces que el segundo genio descubrió el reparto. “No se preocupen”, les dijo. “Los jóvenes pondrán 5% en la “caja”, para darle a todo dino mayor el ingreso necesario”. No faltó el economista que vino a espantar la alegría. El pesadito contó cuantos jóvenes y mayores había. El genio segundo tenía razón. Había 20 jóvenes del 5% por cada pensión.

Pasó el tiempo y las nuevas generaciones vivieron hasta los 75, los 85 y los 95. “No hay problema” dijo un portento, “subamos los aportes al 10, al 15 y al 20%”. ¡Ay de los jóvenes que vieron cómo evitar el pago! “Con tanta necesidad el ingreso no alcanza”, decían.

De ahí que las cuentas no pudieron calzar, menos dinero entrando a la “caja” y más y más pensiones a pagar. Los gobernantes hallaron nuevos trucos para actuar. El más simpático se llamaba “inflación”, que es pagar cuentas a punta de imprimir billetón. No tardaron las dinas en ver bajo la nata, recibían sus pagos, pero compraban menos con la misma plata.

Las peleas se pusieron feas y llegó el feroz Dictadino. Paró la máquina de hacer billetes, puso orden a la fuerza, obligó a los dinos a comerciar, y mandó a los economistas a estudiar.

Por esos días apareció un huaso con la solución bajo el brazo. “Es muy simple” dijo, “todos somos jóvenes primero, y se puede ahorrar ‘pal’ recreo”. Eso que parecía tan cierto, fue novedoso.

Dictadino mandó a establecer las dinoFePe. “¡Ustedes!”, exclamó: “¡A hacer crecer los ahorros! ¡Hasta nueva orden! Los de las dinoFePe asustados, trabajaron con esmero. Invirtieron en las empresas del reino que empezaban a rentar, y pusieron un poco en otras para diversificar el capital.

Descubrieron los dinos que sus cuentas crecían, y movían sus fondos, y aprendían. El progreso del reino llevó a mejores ingresos. Esto creó un real retroceso. ¿Cómo? ¡Sí! La mensualidad de los mayores no alcanzaba al 50% del último sueldo.

“No más dinoFePe” dijeron, “queremos pensiones dignas”. Los estudiosos salieron a averiguar al extranjero, y a descubrir que la cosa era aún peor. Allá los jóvenes ponían el doble, para obtener el 50% -no sobre el último ingreso-, sino sobre el ingreso promedio.

Investigando estaban cuando llegó la plaga. La orden fue cuarentena, y nadie tenía pega. Por “suerte” el reino por su Congreso brilla: “Ya pues”, dijeron, “que saquen los ahorros para comer hoy”, total que importa el futuro, si no hay recreo sin sobrevida.

Epílogo. El reino sobrevivió la plaga, sin ahorros, ni pensiones, ni recreo. Los dinos de todas edades se comieron las fuentes de empleo. Los más ignorantes celebraron por haber “embarrado” lo que en un momento había sido admirado. Enterándose del entuerto el sabio mundial dijo: “Lo que me cuentan no es más que tontera, pudo solucionarse de tanta otra manera”.

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