Las pruebas de tensión y el pilar 2

El área donde el rol del Banco Central es insustituible es la generación de los parámetros macro de los ejercicios de tensión, que son los que debería usar la CMF tanto para sus propios ejercicios Top-Down, a objeto de entregarlos a los supervisados en el marco de Pilar 2.




Después de la crisis financiera de 2009, las pruebas de tensión han pasado a ser parte del instrumental estándar de los supervisores bancarios y de las entidades supervisadas. Estas pruebas cumplen tres objetivos: 1) Permiten anticipar riesgos y su impacto potencial (y de ser el caso, pedir acciones correctivas); 2) Dicha mirada prospectiva ayuda a establecer prioridades para la supervisión de campo; 3) Son esenciales como parte de la gestión de riesgos que cada supervisado debe realizar.

Lamentablemente, no existe una forma única de abordarlas, lo que contribuye muchas veces a generar confusión acerca de la manera correcta de abordarlas. Existe el enfoque Top-Down, realizado por el supervisor usando metodologías estadísticas en base a datos agregados recolectados por las propias entidades. Típicamente, en el caso chileno, fue el Banco Central el que inauguró esos ejercicios (publicados en el IEF), y posteriormente la CMF ha venido incorporándolos en su quehacer regulador como supervisor. Existe también el enfoque Bottom-Up, que consta de ejercicios realizados por cada supervisado en base a sus propias proyecciones y modelo de negocios, con un marco de supuestos provisto por la autoridad.

A partir de la aprobación de la ley de bancos de 2019, la CMF cuenta con la herramienta del Pilar 2, que en lo fundamental permite a la CMF solicitar capital a bancos específicos para cubrir sus riesgos, ayudando a definir, por ejemplo: ¿como podrían las entidades bancarias enfrentar en mejor forma escenarios de tensión?. Esta facultad lleva a una serie de interrogantes respecto de lo que se ha hecho hasta ahora en el ámbito de pruebas de tensión en Chile, tales como: ¿Cuál son los roles que deben tener el Banco Central y la CMF? ¿Qué tipo de ejercicios de tensión se deben hacer?

Como siempre, la experiencia internacional es útil en este ámbito. Respecto de las pruebas de tensión dentro del Pilar 2, la evidencia es bastante contundente: dichas pruebas son ejercicios bastante simples, efectuados por cada entidad en base a sus propias proyecciones de negocios. En efecto, en primer lugar, cada entidad debe estimar su demanda y oferta de capital en base a su particular escenario base. Posteriormente, dichos cálculos son modificados en base a escenarios y parámetros de tensión de tipo macro (PIB, desempleo, etc) provistos por el propio supervisor. Estos ejercicios tienen dos propósitos principales: incentivar a los supervisados a gestionar sus riesgos con una mirada prospectiva, e identificar entidades que puedan ser candidatas a mayores requerimientos de capital. En importante destacar entonces que, en el caso de los supervisados, más que una sofisticación metodológica del ejercicio, lo relevante es que ellos estén anclados en la propia gestión de las entidades.

¿Qué pasa con los ejercicios Top-Down? Dichos ejercicios siguen siendo una herramienta de gran utilidad para los supervisores, aportándoles un benchmark que permita validar si los ejercicios de cada entidad tienen lógica y coherencia o están subestimando las necesidades de capital. Para ilustrar este punto, se puede pensar en las provisiones, donde cada entidad las debe calcular, y el supervisor cuenta con sus propios benchmark para contrastarlas y pedir eventuales correcciones.

En este contexto, la pregunta que queda por responder es ¿Cuál debiera ser el rol de los ejercicios efectuados por el Banco Central dentro de la nueva institucionalidad? Lo primero que es necesario señalar es lo que NO se debiera hacer. El Banco Central no debe seguir trabajando con cada banco mostrando los resultados de sus propios ejercicios de tensión. Ello tiene el gran riesgo de generar incoherencias con los resultados de los ejercicios desarrollados con la CMF, una situación que potencialmente posee altos costos asociados. En el nuevo marco legal es la CMF la que tiene facultades para pedir aumentos de capital basados en los resultados de dichos ejercicios, una situación que explica por qué la relación con los bancos debiera ser exclusiva de la CMF.

Lo anterior no quita que el Banco Central pueda seguir haciendo sus ejercicios Top-Down con datos agregados para su propio consumo interno, especialmente a propósito de gatillar el colchón contracíclico.

Por último, cabe levantar como interrogante si, en el nuevo marco institucional, el Banco Central debiera seguir publicando los resultados agregados de sus ejercicios de tensión en el IEF. Este es ciertamente un punto de debate. Efectivamente los bancos centrales de países desarrollados los publican en aquellos casos en que ellos mismos son los que tienen facultades para establecer acciones correctivas. Ello no es así en el caso chileno. Una segunda interrogante es ¿qué ocurre si dichos resultados guardan diferencias con los ejercicios efectuados por la CMF? Ello podría dar lugar a dificultades para que la CMF pueda solicitar acciones correctivas a los bancos. Tercero, ¿qué ocurre si como resultado de dichos ejercicios muchas entidades quedan bajo el agua?

Por último, el área donde el rol del Banco Central es insustituible es la generación de los parámetros macro de los ejercicios de tensión, que son los que debería usar la CMF tanto para sus propios ejercicios Top-Down, a objeto de entregarlos a los supervisados en el marco de Pilar 2.

-El autor es exvicepresidente de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF).

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