Los turbulentos 18 meses de De Aguirre reflejados en la pantalla

Autor: D. Obilinovic

El actual director ejecutivo de TVN, Jaime de Aguirre. Foto: Mario Téllez

El ejecutivo tiene claro que es en el prime donde está su gran deuda; básicamente, ha echado mano a lo que tiene a su alcance.


La misión de Jaime de Aguirre cuando arribó a TVN en su rol de director ejecutivo, en diciembre de 2016, era sacar al canal del cuarto lugar de sintonía, bajo la premisa de reinstalarlo como una señal competitiva. La labor no era simple: al asumir, De Aguirre se topó con varios proyectos ya resueltos, heredados de la administración anterior, por lo que su planificación apuntaba a un plazo de poco más de un año para poder mejorar las cifras. En ese sentido, en su calendario, los primeros frutos de su gestión debían comenzar a verse en 2018. Y en esa fase de transición, enfrentó diversas turbulencias, sin éxitos rutilantes.

Por ejemplo, puso en pantalla frustrados estrenos, como la teleserie nocturna Dime quién fue, la que llegó en noviembre pasado como una de las grandes apuestas del segundo semestre. Sin embargo, pasó a la historia como una de las ficciones menos vistas del historial de TVN, con un promedio de 5,5 puntos de rating. Y lo mismo ocurrió en el bloque vespertino, con la producción nacional Wena profe. Parte del discurso de De Aguirre es que las teleseries son “la columna vertebral” de TVN. Pero acá reconoció el traspié: en una entrevista en abril con este diario, asumió que, por ejemplo, Dime quién fue “no había quedado bien”.

En medio de los malos resultados del área dramática, hubo un pequeño respiro veraniego gracias a los festivales de Olmué y Talca, los que siempre logran cautivar a los televidentes. Pero bastó con que llegara marzo para que el canal se reencontrara con su realidad: esa que no logra dar con un exitoso programa prime. Así, debutó Santiago paranormal, unos cortos unitarios de ficción con la participación de Francisco Reyes. El fracaso fue lapidario, ya que el programa no superó los cinco puntos de rating.

Sin embargo, al interior de la red pública todos apuntaban a mayo como el mes clave. El momento en que De Aguirre podría poner al aire sus propias apuestas, los programas que él mismo había empujado y diseñado desde hace meses. El más representativo de todos era Rojo. Aunque varias voces al interior de la estación no estaban convencidos de reciclar un espacio que fue éxito hace más de una década, el ejecutivo insistía en la calidad del formato y en que no entendía por qué lo habían congelado por tanto tiempo. Y el espacio familiar logró aumentar la sintonía, con una audiencia cercana a los 10 puntos, lo que también ha beneficiado al noticiario central. Y para hacer un bloque aún más potente, antes de Rojo es emitido Carmen Gloria a tu servicio, el que también llegó para acrecentar los números.

Pero también su jugada simboliza un desbalance: el reforzamiento que hizo al horario vespertino fue, en cierto modo, en desmedro del bloque prime. Con el presupuesto que manejaba la señal, sólo pudo concentrar la inversión en algunos bloques del día, precisamente los que De Aguirre considera esenciales.

Y una muestra es Familias en jaque. El programa de Karen Doggenweiler que mezcla realidad con ficción tiene un paupérrimo rendimiento los lunes a las 22.40 horas: no supera los cinco puntos, y hasta su animadora ha manifestado públicamente que el formato del espacio es complejo de entender.

El ejecutivo tiene claro que es en el prime donde está su gran deuda; básicamente, ha echado mano a lo que tiene a su alcance. Por eso está en sus planes próximos estrenar un programa de entretención, un formato importado. En ese punto, la administración del canal aún espera US$ 47 millones aprobados por el gobierno. La fecha máxima para recibirlos es en noviembre, ya que la ley de capitalización establece un plazo de seis meses desde que entra en vigencia (lo que sucedió en mayo). A partir de ahí se espera el desarrollo de otras iniciativas programáticas.

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