10 experiencias para conocer el corazón de la selva amazónica peruana

El Río Amazonas –el más largo y caudaloso del mundo– alberga en sus aguas a más de 2.000 tipos distintos de peces y otros animales marinos.

Con una flora y fauna salvajes como principal gancho, Loreto –en el norte– y Madre de Dios –en el sur– son dos regiones que concentran toda la riqueza de una zona única en el mundo, con decenas de reservas naturales, parques nacionales, gastronomía selvática y un viaje de aventura asegurado. Acá, una decena de actividades como base para comenzar a recorrer.




Con una superficie que supera los 5 millones de kilómetros cuadrados, el Amazonas es el pulmón verde más importante del mundo y concentra la mayor biodiversidad en especies del planeta. Poco más del 13% de estas tierras se encuentran en Perú: más de la mitad del territorio de ese país está compuesto por selva amazónica, y por eso, se convierte en uno de los destinos más importantes para el turismo de aventura y naturaleza en el continente. Pero no es solo eso: la riqueza de la Amazonía peruana también se extiende a su cultura, gastronomía e historia.

Con una completa guía que permite planificar viajes de acuerdo con los intereses de cada viajero –actividades al aire libre, sitios de interés histórico, playas o flora y fauna, por nombrar algunos–, el sitio Peru-aventura.com recomienda como destinos esenciales dos grandes regiones exponentes de la selva amazónica peruana: Loreto, al nororiente del país, en la frontera con Ecuador, Colombia y Brasil, y Madre de Dios, al sudeste, compartiendo bordes con Bolivia y Brasil.

Ambas regiones concentran las reservas nacionales más importantes del Perú y experiencias inolvidables, como recorrer el río Amazonas –el más caudaloso y largo del mundo-, conocer comunidades nativas, sus costumbres y rituales; y, sobre todo, lograr una profunda conexión con la naturaleza en su más puro estado.

A continuación, proponemos diez destinos y experiencias que debieran estar en el itinerario fundamental para cualquier viajero que quiera conocer a fondo este destino imprescindible.

1. Conocer Iquitos, la puerta de entrada a la aventura

A una hora y 40 minutos en avión desde Lima, Iquitos, capital de la región de Loreto, también es conocida como la capital de la Amazonía peruana: una ciudad-puerto llena de atractivos históricos –con varias construcciones que datan del siglo XIX y que dan cuenta del boom que vivió durante esa época la producción de caucho–, culturales y gastronómicos que son una muy buena antesala a la aventura que vendrá después.

Lo ideal sería destinar unos tres días como mínimo para recorrer el núcleo urbano y sus alrededores. El primero, a recorrer lugares esenciales de la ciudad como su Iglesia Matriz, que se terminó de construir en 1924 y que es de estilo neogótico, con un gran reloj suizo en su torre que da la hora hasta hoy.

La misma salida se puede aprovechar para pasear por la plaza y admirar la belleza de las casas de la época del caucho, que se caracterizan por sus llamativos azulejos y diseños modernos. Construcciones como la Casa de Fierro (Plaza de Armas, cruce de los jirones Putumayo y Próspero), el Exhotel Palace (Casa Malecón Palace, Cruce del jirón Putumayo y Malecón Tarapacá) o la Casa Fitzcarrald (Cruce de los jirones Raimondi y Napo) son vivo testimonio de la opulencia de la época.

Iquitos es la puerta de entrada norte a la selva amazónica, con infinidad de actividades para realizar en su radio urbano y cercanías.

En la zona también hay varios museos que vale la pena conocer, como el Museo de las Culturas Indígenas (Malecón Tarapacá 332), que tiene una valiosa colección de objetos precolombinos y de la cotidianidad de las etnias originarias de la zona, o el Museo de Iquitos (Jr. Yavarí cdra. 12, al noreste de Iquitos), que da cuenta de la rica historia de la ciudad además de tener una colección de piezas del pintor César Calvo de Araujo.

Otros buenos lugares para incluir en la ruta son el Mariposario y centro de rescate Pilpintuwasi (A 15 min a pie desde el pueblo de Padre Cocha, al noreste de la ciudad de Iquitos), que exhiben más de 20 especies de mariposas exóticas (si se va entre las 9 y las 11 am se las podrá ver en pleno vuelo); o el Mirador turístico del Amazonas (margen izquierdo del río Amazonas, al noroeste de la ciudad, unos 20 min en bote a motor del embarcadero de Bellavista Nanay): una colina con una gran vista del río Amazonas, la ciudad y la selva amazónica.

El segundo y tercer día pueden destinarse a conocer lugares que van más allá del radio urbano. Una alternativa es partir conociendo Santa Clara, a 12 km al sureste de Iquitos (30 minutos de camino en auto desde la ciudad): un pueblo a orillas del río Nanay que, entre julio y noviembre, cuando el caudal baja, deja ver unas lindas playas de arena blanca que son ideales para una primera aproximación a la naturaleza; aquí, incluso está permitido acampar.

Otra opción –más cercana a una experiencia etno-turística– es viajar hasta Santo Tomás, a 16 km al suroeste de la ciudad; este pueblo es la casa de la etnia Kukama kukamiria, dedicada principalmente a la pesca y artesanía. Allí se puede compartir con los locales, conocer sus productos y también realizar paseos en bote por el lago Mapacocha.

Si lo que se busca es pasar un día de caminatas en medio de la flora y fauna, el lugar indicado para conocer es el Complejo Turístico de Quistocha, en el km 6,5 de la carretera Iquitos-Nauta, al suroeste de Iquitos: un lugar tiene 369 hectáreas de bosque natural, paseos en bote por la laguna del mismo nombre y también una pequeña playa.

2. Vivir, en primera persona, la labor de un centro de rescate amazónico

Más de 10 mil animales silvestres liberados –entre delfines rosados, tortugas, perezosos, manatíes y aves, entre otras especies– son parte del récord del Centro de Rescate Amazónico (en el kilómetro 4,5 de la carretera Iquitos-Nauta, al suroeste de la ciudad de Iquitos).

Esta institución, que se dedica a rescatar, rehabilitar y liberar animales que han sido víctimas de tráfico ilegal, además de organizar actividades educativas en tornos a la conservación ambiental, está abierto a las y los visitantes, quienes pueden interactuar con distintos animales rescatados. Especialmente con los manatíes, que por años fueron cazados y vendidos como carne hasta que en 2001 fueron declarados especie protegida por Perú.

En la Isla de los Monos se recuperan diversas especies que han sido víctimas de caza ilegal, con el fin de ser devueltos a su hábitat natural.

Este tipo de centros es sumamente importante en un lugar como la selva amazónica, donde la caza ilegal de especies silvestres y exóticas para ser vendidas como mascotas es muy frecuente; tanto, que según cifras del Centro de Rescate Amazónico solo uno de cada diez animalitos nacidos en el Amazonas sobrevive en libertad.

Ahora, si se quiere ser parte de una experiencia mono-temática, la Isla de los Monos (a una hora de Iquitos en bus o en auto) es el lugar que hay que conocer: un refugio y centro de rescate de 450 hectáreas para estos animales, quienes llegan aquí en alguna condición de vulnerabilidad y que luego de ser rehabilitados son devueltos a su hábitat natural.

3. Recorrer el “segundo mejor lugar del mundo” para la vida silvestre

A aproximadamente 2 horas en auto o bus desde Iquitos, la Reserva Nacional Pacaya Samiria (km 183 al suroeste de la ciudad) es uno de los lugares fundamentales para experimentar la enorme biodiversidad de la selva amazónica peruana. Partiendo porque es el área protegida más extensa de Perú y acoge en sus fronteras a 1025 especies de plantas silvestres, 527 especies de aves, 102 especies de mamíferos, 69 de reptiles, 58 de anfibios y 269 de peces. No por nada, en 2015 fue elegida como el segundo mejor lugar del mundo para la vida silvestre.

En ella, a la orilla de los ríos Marañón y Ucayali, también viven más de 42 mil personas, muchas de las cuales se dedican al turismo vivencial, por lo que las actividades que se pueden realizar aquí son muchas: desde recorrer ríos en medio de caimanes, tortugas y pirañas, pasando por caminatas nocturnas por la selva hasta realizar jornadas de avistamiento de animales.

Para conocer Pacaya Samiria se recomienda programar una estadía de por lo menos cinco días; siempre contratando a un operador turístico que entregue estos servicios.

4. Internarse en comunidades nativas en su más puro estado

En el mismo pueblo de Padre Cocha donde está el Mariposario y centro de rescate Pilpintuwasi (a 20 minutos en bote desde el puerto Bellavista-Nanay, en Iquitos) hay también todo un patrimonio vivo por descubrir: sus comunidades nativas, que preservan muchas de sus tradiciones y forma de vivir ancestrales en pleno siglo XXI, y que las comparten con los viajeros a través de distintas experiencias.

Entre las etnias que se pueden visitar están la Kukama Kukamiria, especialistas en la construcción en madera y en desarrollar objetos de alfarería; ellos, además, tienen una comunidad de sabios que siempre está abierta a conversar con los visitantes. También están los Boras de San Andrés, quienes hasta hoy celebran distintas fiestas con espectaculares trajes y maquillajes con los que representan, a través de danzas y rituales, distintas escenas mitológicas sobre el origen del mundo. Con todos ellos pueden realizarse distintas actividades para conocer más de sus culturas y tradiciones.

5. Recorrer el Amazonas en un crucero

Podría decirse que el gran camino –acuático– que une a la selva amazónica es su río, que recorre el pulmón verde casi de punta a cabo y que alberga en su caudal a más de 2.000 tipos distintos de peces y otros animales marinos.

La oferta de cruceros de lujo que cruzan el río Amazonas es amplia y ofrece programas de, en promedio, cinco días de navegación.

Formas de conocerlo hay decenas; tantas, como actividades que se pueden hacer durante su recorrido. Quizá la más exclusiva de todas es navegarlo a bordo de algún crucero; sus itinerarios por lo general duran entre cuatro a cinco días, que comienzan saliendo desde Iquitos hasta la Reserva Nacional Pacaya Samiria, para avanzar durante las jornadas siguientes por el Corredor Turístico del Amazonas realizando actividades como avistamiento de flora y fauna, excursiones por la selva y contacto con las comunidades locales.

Pero los cruceros no son la única alternativa. En medio del bosque amazónico hay distintos albergues ecoturísticos –a los que se llega previa contratación de un operador– que también organizan caminatas de exploración y navegaciones en bote.

6. Pasar unos días en la “Capital de la biodiversidad” de Perú

Así es conocida Puerto Maldonado, la capital de la región de Madre de Dios, en el sudeste del país y a 1 hora y 40 minutos en avión desde Lima. Al igual que Iquitos en el norte, aquí es esta ciudad la puerta de entrada a un nuevo trozo de la Amazonía; un centro urbano que destaca por la importancia de su economía para toda zona.

Un primer paseo de inmersión por Puerto Maldonado debiera considerar la visita a lugares como la plazoleta y mirador Miguel Grau (a una cuadra de la plaza de Armas; ideal visitarlos durante la tarde), desde donde hay muy bonitas vistas de la confluencia entre los ríos Madre de Dios y Tambopata; luego, puede hacerse una caminata por el puente colgante sobre el río Madre de Dios, el más largo de Perú, con 723 metros de longitud.

El puente colgante sobre el río Madre de Dios, el más largo de Perú, tiene 723 metros de longitud.

Para conocer más sobre la artesanía amazónica, imperdible es una pasada por el Centro Turístico Artesanal (Jr. Billinghurst 480, a dos cuadras de la plaza de Armas); en cuanto a museos, vale la pena visitar la Sala de exhibición de arqueología, paleontología y vestidos típicos amazónicos del Ministerio de Cultura (Jr. Gonzales Prada 222), que recopila objetos y piezas arqueológicas de toda la región, donde hay once sitios declarados Patrimonio Cultural.

Ahora, si la intención directa es aprovechar la fama de la ciudad, nada mejor que darse una vuelta por el Mirador de la Biodiversidad (Cruce de las avenidas Fitzcarrald y Madre de Dios), donde se puede ver todo Puerto Maldonado desde las alturas, enclavado en medio de la selva.

7. Probar los contundentes sabores amazónicos

La gastronomía de Madre de Dios es cien por ciento representativa de los sabores que nacen en los fuegos de la selva amazónica. De aquí han surgido varios de los platos típicos de la cocina peruana a nivel nacional, que tienen como ingredientes base yuca, plátano, maní, castaña –producida en gran cantidad en esta zona–, legumbres y verduras, más carnes de animales como picuro (roedor amazónico), carachama (pez), venado o motelo (tortuga).

El tacacho (plátanos asados en forma de albóndigas) con cecinas es un plato tradicional de la cocina de la selva amazónica.

¿Qué probar? Las preparaciones más típicas son los juanes (una especie de tamal relleno con arroz y distintos tipos de carne; el asado de picuro y el tacacho (plátanos asados en forma de albóndigas) con cecinas.

8. Descubrir la Amazonía en su forma más natural

Considerado Patrimonio Natural de la Humanidad, el Parque Nacional del Manu (al que se puede llegar desde Cusco –recorriendo 240 km por tierra en nueve horas de viaje, a las que se suman seis horas en bote– o desde Puerto Maldonado –140 km por tierra más unas siete horas en embarcación–) es quizá la reserva donde se puede observar la biodiversidad en su estado más puro. Esto se da principalmente por la intensidad de su clima, que va desde la selva tropical hasta la puna (en los sectores que están sobre los 4 mil metros de altura por sobre el nivel del mar). Aquí, además, viven de forma voluntariamente aislada varias comunidades nativas.

Aquí se pueden observar más de 221 especies de mamíferos, miles de aves y más de 100 tipos diferentes de murciélagos repartidos en 1.692. 137 hectáreas, donde además crecen árboles de más de 40 metros de altura, como ceticos, topas, cedros, tornillos, lupunas blancas y mata palos.

En unos tres a cuatro días de recorrido, son diversas las actividades que pueden realizarse en esta zona: desde avistamiento de animales al amanecer y observación de insectos que pululan en pleno día hasta circundar riachuelos habitados por caimanes. Para vivir todas estas experiencias, es requisito fundamental contratar los servicios de un operador turístico autorizado.

9. Enamorarse de la selva más fotogénica

Si el Parque Nacional del Manu es el paraíso de la naturaleza pura, probablemente la Reserva Nacional Tambopata sea el mejor lugar para llenar discos y discos de memoria con fotografías inolvidables; esto, porque acá los animales se dejan ver como si nada lograse perturbar su estado de equilibrio.

Durante la navegación por Lago Sandoval se pueden realizar avistamientos de animales y aves amazónicas a plena luz del día. Foto: Luifran González.

Hasta acá se llega luego de dos horas de navegación desde Puerto Maldonado, y se pueden ver 632 especies de aves, 1.200 especies de mariposas, 169 de mamíferos, 205 de peces, 103 de anfibios y 67 de reptiles. ¿Qué hacer? Realizar una navegación por el lago Sandoval para avistar a las familias de lobos de río, por ejemplo, o hacer observaciones diurnas de mariposas (e intentar tomarse fotos junto a ellas).

10. Aventurarse en un territorio casi inexplorado

Además de ser la única zona del Perú con clima de sabana húmeda tropical –lo que explica sus más de 20 mil especies distinta de flora exótica y sus llanuras de más de dos metros de altura–, el Parque Bahuana Soneme (a unas cinco horas de navegación desde Puerto Maldonado en embarcación a motor) tiene más de un millón de hectáreas, de las cuales gran parte aún están inexploradas.

¿La razón? Esta zona está libre de asentamientos humanos, por lo que su fauna se mueve con calma por el territorio; acá se pueden ver a ojo desnudo nutrias gigantes, osos hormigueros y las águilas arpías, además de más de un millar de especies de mariposas. Por eso, el lugar es ideal para realizar rutas cortas de trekking, jornadas de rafting y canotaje, en tours que van desde uno a tres días y que siempre requieren de la organización previa de un operador turístico.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.

Una manzana sin pelar contiene más vitamina C, vitamina K, calcio, potasio y fibra que una pelada.