10 años mirando la energía desde otra perspectiva



Casi sin notarlo, en noviembre el Centro de Excelencia en Geotermia de los Andes (CEGA) cumple diez años de existencia en nuestro país. Fue a fines de 2010 cuando se nos informó que fuimos una de las propuestas seleccionadas para su financiamiento por parte del programa del Fondo de Financiamiento de Centros de Investigación en Áreas Prioritarias (FONDAP) de la ex-CONICYT (hoy ANID). Durante esta década hemos ido madurando, y esa idea inicial de aprovechar el calor de la Tierra -que tan generosamente nos brindan los volcanes de nuestra Cordillera de Los Andes para generación de electricidad- fue madurando y tomando forma, hasta ser el motivo principal de investigación de nuestro centro.

Ha sido un largo camino, no exento de obstáculos y piedras, pero si algo sabe hacer un geólogo es mirar a esas piedras con otra perspectiva, reconocer las oportunidades que ofrecen y, en última instancia, aprovechar los beneficios que nos puedan aportar.

Si uno vuelve la mirada podrá comprobar cómo ha cambiado Chile en estos diez años. La sociedad chilena no es la misma y, por lo tanto, la manera de abordar la ciencia a disposición de la sociedad tampoco se debe hacer hoy como se planteaba una década atrás. Además, en estos años hemos podido ver cómo la geotermia en Chile pasó a ser la solución energética que prometían algunos diarios a ser hoy día la energía renovable más confiable que tenemos, la única que puede garantizar suministro eléctrico las 24 horas del día, la única que puede realmente ser considerada energía de base, la única que puede, además, ser utilizada de manera directa para suministrar calor y permitir calefaccionar hogares, escuelas e invernaderos, pero igualmente la más olvidada de todas las renovables y la que menos marketing y publicidad muestra. Y no es porque no haya recursos geotérmicos en nuestro largo y angosto país. Todo lo contrario.

La geotermia es la energía renovable más democrática que tenemos en nuestro país. Tenemos recursos geotérmicos a todo lo largo de nuestro territorio, desde Arica a Punta Arenas, tanto para generación de electricidad como para su aprovechamiento de manera directa. Pero, por increíble que parezca, tan sólo tenemos una planta de generación de electricidad en nuestro Norte Grande: Cerro Pabellón, en la Alta Cordillera, a 4200 m de altura y con una generación de energía limpia y sustentable de 48 MW, con un plan de expansión de 33 MW adicionales durante el próximo año.

El CEGA ha sido actor y testigo directo de este cambio de paradigma respecto a la generación de electricidad mediante geotermia. Nuestras investigaciones han contribuido a conocer mejor los diferentes controles geológicos de los sistemas geotermales andinos. Hemos implementado laboratorios analíticos de primer nivel. Introdujimos el concepto del uso directo de la geotermia para la mejora de la calidad de vida de nuestros conciudadanos e implementamos incluso algunos proyectos pilotos en el sur de Chile, en donde estamos demostrando que es posible tener lechugas frescas en invernaderos geotérmicos en Puerto Aysén o sacar las estufas a leña en salas de clase, como los proyectos implementados en Coyhaique y Curacautín. Hemos generado, además, una manera diferente de acercar la ciencia en general y la geotermia en particular a nuestras comunidades indígenas, entendiendo su cosmovisión y haciéndolos partícipes de esos proyectos demostrativos. Hemos contribuido, por último, a generar una manera diferente de difundir la geotermia a nuestra sociedad.

Muchos de estos logros han sido reconocidos internacionalmente y, hoy día, Chile puede decir con orgullo que -gracias al financiamiento del programa Fondap de la ANID (ex-Conicyt)- tiene un centro de investigación en geotermia de excelencia, con alto reconocimiento internacional y que la geotermia en Chile, tanto la generación de electricidad como su uso directo, tuvo un antes y un después del CEGA. Como director de este sueño, me siento muy orgulloso de haber tenido el privilegio de guiarlo durante esta década. Aún nos queda un año adicional de financiamiento por parte de la ANID. ¿Después? Nadie sabe. Se terminará el financiamiento estatal de este centro exitoso, formador de decenas de profesionales, geólogos e ingenieros, apasionados todos ellos por la geotermia, una nueva generación que estará formada y en condiciones de cambiar la mirada de generar electricidad en nuestro país.

Creo que hemos cumplido con creces el cometido que Fondap depositó en nosotros: hacer ciencia de primer nivel para que la geotermia -esa fuente energética, sustentable y amigable con el medio ambiente- se instale e implante definitivamente en nuestro país. Han sido diez años, pero debemos tener la mirada puesta en 10, 20 o 50 años más. El futuro es geotérmico sí o sí. Es cosa de mirar Europa y otros países de la OCDE. Los beneficios y alcances de la geotermia se han multiplicado, y en esos países a los que admiramos y con los que por lo general nos gusta compararnos, la geotermia, tanto para la generación de electricidad como para su uso directo, se ha instalado como una alternativa energética viable.

Por supuesto que en Chile se deben hacer mejoras y aún nos queda un camino por recorrer. Hay que reducir los costos de implementación y la incertidumbre inherente a esta fuente de energía. Sin embargo, cuando estas trabas se contrastan con el tremendo impacto social, ambiental y soberanía energética que supone la geotermia, uno puede darse cuenta que el apostar por la geotermia es el camino correcto para un futuro sustentable. Hoy es el momento de mirar lo construido, pero al mismo tiempo de tener la visión suficiente para trazar un futuro más ligado al calor de nuestra Tierra.

* Director del Cetro de Excelencia en Geotermia de Los Andes- CEGA- Universidad de Chile.

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