¿Los docentes deben adaptar las clases al estilo de aprendizaje de los estudiantes para mejorar su rendimiento?

AgenciaUno

El término estilos de aprendizaje refiere a la idea que distintas personas aprenden de diferentes maneras. De esta creencia se desprende el popular supuesto, difundido ampliamente entre docentes a nivel mundial (Howard-Jones, 2014), que el adaptar las clases al estilo de aprendizaje de los estudiantes mejora su rendimiento.

Actualmente existen más de 70 formas distintas de clasificar estos supuestos “estilos” (Coffield et al., 2004). De todos estos sistemas de clasificación, el más popular es el modelo VAK (visual-auditivo-kinestésico), el cual deriva de lo que se conoce como programación neurolingüística (PNL), una propuesta de los años 70 (Bandler & Grinder, 1975) actualmente desacreditada por el escaso soporte empírico que tienen sus postulados (Witkowski, 2010).

Brevemente, el modelo VAK afirma que las personas pueden ser clasificadas como aprendices visuales, auditivos o kinestésicos. Basados en esta creencia, la tarea de los docentes sería “hacer calzar” su clase con el estilo de aprendizaje VAK de sus estudiantes, con la esperanza de que aprendan más y mejoren su rendimiento.

Haciendo uso de una sana reflexión crítica, cabe preguntarse si existe una base empírica sólida que sustente este tipo de prácticas. La evidencia acumulada desde hace más de cinco décadas (Arbuthnott & Krätzig, 2015; Cuevas, 2015) es consistente en demostrar que no hay soporte empírico que valide la práctica de adaptar las clases al estilo de aprendizaje de los estudiantes.

En otras palabras, los resultados de estudios bien controlados son contundentes en demostrar que adaptar las clases al estilo de aprendizaje de los estudiantes no mejora su rendimiento (Cook et al., 2009; Kirschner, 2017; Massa & Mayer, 2006; Rogowsky et al., 2015).

El caso de los estilos de aprendizaje nos muestra cómo una creencia pseudocientífica puede intervenir en las prácticas cotidianas de los docentes, modificar la forma en que entrega los contenidos, gastar tiempo valioso para adaptar sus clases, y además desembolsar cuantiosas sumas de dinero para capacitarse en una técnica que, al final del día, no tiene ningún efecto en el aprendizaje de los estudiantes.

PhD., Profesor Asociado del Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la Universidad de Chile; Encargado del Laboratorio de Neurociencias, Cognición y Educación del CIAE-Universidad de Chile.



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