El abandono del único médico de Visviri

La Contraloría, el Minsal e incluso la primera dama hoy hacen seguimiento a una serie de denuncias por abandono e irregularidades que denunció el único médico de la comuna de General Lagos y que afectarían la forma en que hoy se imparte salud a una de las poblaciones más vulnerables y aisladas del país.


De Visviri, Christopher Faúndez (33) nada sabía hasta enero de 2018, cuando lo vio en la lista de lugares disponibles para irse como médico general a cumplir su etapa de destinación y formación. Aunque era una plaza A, de las que dan más puntaje para después acceder a una beca de especialización y, por lo mismo, de las más cotizadas, ninguno de los 1.200 médicos que estaban antes que él en el ranking la había tomado. Preguntó por qué. “Esa plaza es nefasta, terrible y súper conflictiva”, recuerda que le dijeron. Pero le dio lo mismo. Quería cumplir un tiempo de servicio social antes de especializarse en lo que le interesa, urgenciología, así que anotó su nombre y entregó el papel.

Visviri, la capital de la comuna de General Lagos, en la Región de Arica y Parinacota, es apenas un caserío. No hay localidad más al norte en Chile. A 4.069 metros de altura, en pleno altiplano, de día el sol pega y de noche hiela. Cuando hay calor, no son más de 20°C y el frío llega a bordear los -5°C. En toda la comuna, según el último censo, viven unas 684 personas repartidas en Visviri y otros pequeños villorrios muy separados entre sí, aunque todos saben que en realidad son más. Están los pastores aimaras que llegan con sus familias de Perú y Bolivia y que nadie contabiliza. La gran mayoría allá es parte de esa etnia.

Hay 697 viviendas, pero más de la mitad están desocupadas. No hay agua potable. La luz eléctrica, generada por motores a diésel, funciona solo unas horas al día. Es un lugar de viejos y de niños, pues los jóvenes y adultos migran para estudiar o trabajar. Y solo hay una posta rural con tres boxes de atención, donde la primera vez que llegó un médico a instalarse fue en 2015. Pero ya cumplió su ciclo y se fue. Faúndez la reemplazaría a partir de abril de 2018.

Apenas llegó el doctor, contratado por el Servicio de Salud de Arica (SSA), se apunó. Se instaló en un pequeño departamento dentro de la misma posta, donde inicialmente compartía pieza con un técnico paramédico y se desempeñaría con un equipo multidisciplinario. Al tercer día, empezó con vómitos, diarrea y fiebre. Como recién partía, no pidió licencia y se apoyó con una doctora de Arica que justo hacía rondas rurales. En su primer fin de semana, aún con los síntomas, fue con ella y un anciano que se había fracturado el tobillo de vuelta a la capital regional, a casi cinco horas de viaje, para atenderse en el Hospital de Arica, el más cercano. Tenía una gastroenteritis bacteriana por salmonella, producto de las pobres condiciones higiénicas. “Esa fue mi primera semana”, cuenta.

En General Lagos, Faúndez se encontró con una realidad sanitaria que no conocía. Si la tendencia nacional es a la obesidad, allá los ancianos están desnutridos. Los niños suelen tener lesiones en la piel por la constante exposición a los rayos UV, una de las más extremas del país, y la mayoría de las consultas son por infecciones estomacales por parásitos. Dice el médico: “Me ha tocado ver gusanos en el vómito y en las deposiciones de algunas personas. Eso es común en África o la Amazonía, pero no en Chile. Salvo en lugares como este, eso casi no se ve en el país”.

También había un profundo desorden. Los meses sin médico fijo ni enfermera -estaba fuera con licencia por estrés laboral- tenían a los menores sin sus vacunas y a los adultos mayores sin sus controles al día. No se entregaba la leche y no había control sobre los medicamentos que salían de la farmacia, incluso sin prescripción médica. Al intentar ordenar la casa, se enfrentó con el entonces jefe municipal de salud Waldo Villalobos, quien -asegura- lo amenazó con echarlo de la pieza donde vivía. Tampoco lo dejaba subirse al bus municipal que trasladaba a los funcionarios desde Arica hasta que todos los demás subieran y usaran sus asientos, bajo la excusa de que él no era empleado del municipio y que el convenio entre el SSA y la municipalidad, aquel que debía regular sus funciones, no los obligaba a entregarle vivienda ni transporte, como sí ocurría con su antecesora en el cargo y los otros médicos destinados a zonas rurales en la región.

Consultó en el SSA y, en efecto, el convenio para su designación no se había firmado. Le dijeron que el documento válido para su antecesora se renovaría automáticamente para él, pero no habría sido efectivo. Dice que tuvo que presionar varias veces para que se firmara. Fue entonces que empezó a darse cuenta de que en muchos aspectos, él y su equipo estaban desprotegidos al momento de prestar atenciones de salud a una de las poblaciones más vulnerables y aisladas del país. Situación que hoy es investigada por la Contraloría y el Ministerio de Salud (Minsal).

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Un día, a un chico que jugaba fútbol se le cayó el arco metálico en la cabeza y cayó inconsciente. Christopher Faúndez y un paramédico lo fueron a buscar y lo llevaron a la posta. Su situación era crítica y empeoraba. Debían llevarlo de urgencia a Arica, así que partieron en la ambulancia. A la altura de Putre, el muchacho empeoró y el médico lo tuvo que intubar, porque “si no lo hacía, se moría en el camino”. Iban tan rápido que un carabinero los paró. Tras un breve y tenso intercambio de palabras, siguieron su marcha a toda velocidad. Ya en Arica, y con el joven estable y hospitalizado, con una hemorragia interna en la cabeza, comentó lo sucedido con su jefatura y lo reprendieron. Le dijeron que si hubiera pasado algo en el camino, el seguro laboral no lo cubría, pues su lugar de trabajo estaba en la posta y que trasladar pacientes no estaba entre las funciones establecidas en el convenio.

“¿Qué querían que hiciera? ¿Que le dijera a esa madre que el niño podía morir, pero que no bajaba con él porque no está en mi contrato? ¿Es aceptable esa respuesta de parte de un médico? Cuando aquí las personas se enferman en una localidad, uno se entera dos o tres días después. Los caminos están en pésimas condiciones, por lo que hay que usar vehículos 4×4 que la gente no tiene, para hacer viajes que duran hasta dos horas entre un punto y otro. Y hay sectores donde ni con auto se puede entrar y se debe caminar kilómetros. No les puedo decir que no está en mi contrato ir a domicilio y esperar a que esa persona llegue, sabiendo cuáles son las condiciones del lugar. Si me apego a lo que dice el convenio, solo tengo que estar en la posta o esperar las rondas una vez al mes”, señala Faúndez.

El documento, firmado en mayo y que se aprobó en julio de 2018, nada dice sobre ese tipo de salidas, por lo que no están reguladas y no son parte de sus funciones. Sí establece un contrato de 44 horas semanales a realizarse en jornadas de lunes a viernes, entre las 8.00 y las 20.00, y su participación en rondas rurales según una calendarización establecida por el SSA. Lo extraño es que aunque el convenio lo firman el SSA y la Municipalidad de General Lagos, se refiere en todo momento a que las funciones del profesional se realizarán en la comuna de Arica, a 263 kilómetros de donde efectivamente está destinado, por lo que Faúndez considera que no lo puede aplicar. Y, además, no contempla de manera explícita el beneficio de vivienda ni transporte.

Lo que plantea el médico es ratificado por otros profesionales del equipo de salud que trabaja en General Lagos. Una psicóloga que cumplió funciones allá y pidió reserva de su nombre, cuenta que atendía a pacientes con depresiones agudas que incluso han intentado suicidarse en más de una oportunidad. “Muchos no tienen cómo llegar a la posta para seguir su terapia y no basta con verlos una vez al mes en las rondas rurales. No es suficiente”, dice. Lo mismo plantea la enfermera Carla Villalba, quien trabajó en Visviri desde abril de 2017 hasta noviembre de 2018 -aunque gran parte del último año estuvo fuera con licencia por estrés laboral-.

Los profesionales coinciden, además, en otras carencias. Dicen que a pesar de los altos índices de radiación UV a los que se exponen a diario, ni el municipio ni el SSA les otorgan implementos de seguridad como anteojos o bloqueador solar. Tampoco zapatos de seguridad para las zonas de acceso complejo o tenidas acordes para soportar las temperaturas extremas del trabajo en terreno. Villalba recuerda que por ir a atender un accidente en medio de la nieve terminó tres semanas con bronquitis, y Faúndez cuenta que ahora, cada vez que sale a una urgencia en el frío, se viste con los pantalones y la chaqueta que le regaló “por pena” un grupo de mineros, luego de que los socorriera en un accidente carretero: “Eso es lo que hoy uso para salir a terreno, con un logo en el pecho que dice Soquimich”.

Todo aparece detallado en las denuncias que el médico presentó formalmente desde fines de noviembre, primero ante el SSA, luego en la Contraloría Regional, en el Minsal e incluso en una carta que envió a la primera dama, Cecilia Morel, durante los primeros días de enero.

Además de los problemas con su convenio y la falta de implementos para realizar su trabajo, en esos documentos acusa la imposibilidad técnica durante toda su estadía para acceder al sistema de la Red Minsal, por lo que no ha podido cursar interconsultas, revisar exámenes en línea ni realizar consultas de telemedicina, la única forma de que pacientes en zonas tan extremas como Visviri puedan acceder a especialistas, aunque sea a través de videoconferencias. También denuncia sobrecarga laboral, que durante varios meses no se le pagó lo que correspondía y que el SSA no le prestó asistencia jurídica luego de haber sido agredido durante una de las rondas rurales.

Eso fue en junio del año pasado. El profesor de la localidad de Alcérreca, Bernardo González, lo golpeó con una silla, le luxó un dedo e intentó apuñalarlo por supuestamente no haber acudido a su llamado unas semanas antes para atender a sus alumnos, que estaban resfriados. El médico dice que sí lo hizo. En el formulario donde registró el incidente ante el SSA señaló explícitamente que requería apoyo institucional. Pero eso no ocurrió, y aunque Faúndez se querelló, lo hizo con la ayuda del Colegio Médico y su Fundación de Asistencia Legal, Falmed.

“Todo lo que señala el doctor va en beneficio de la comunidad. No es una niñería. Es para tener las condiciones básicas para poder trabajar y seguir haciéndolo”, dice la enfermera Villalba.

No hay localidad más al norte en Chile que Visviri, la capital de la comuna de General Lagos.

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Hoy no hay médico activo en Visviri. Desde fines de diciembre que el doctor Christopher Fáundez está con licencia por enfermedad laboral. El diagnóstico: “Trastorno de adaptación”. Mientras, todas sus denuncias siguen su curso.

La primera dama ya pidió, a través de la Intendencia de Arica y Parinacota, que la Seremi de Salud de esa región tome conocimiento de los planteamientos del médico, justificado en “que existe abandono en el área de salud y negligencias múltiples que afectarían el buen desempeño de la Posta de Visviri”. Desde el Minsal señalaron a Reportajes que tras reunirse con él, están “tomando las acciones para resolver de mejor manera los planteamientos que realiza el profesional. Hemos hecho las coordinaciones con el SSA y la Municipalidad de General Lagos para proporcionarle las condiciones de seguridad y protección, entre otras solicitudes que él hace”.

Consultada para este reportaje, la doctora Magdalena Gardilcic, subdirectora del SSA, aseguró que los resultados en las metas sanitarias de 2018 en General Lagos se cumplieron satisfactoriamente, que las consultas interdisciplinarias aumentaron y que en los últimos años se han invertido varios millones en mejoramiento de infraestructura y compra de equipamiento. Respecto del convenio con el municipio para la destinación del médico a Visviri, descarta que haya alguna irregularidad y lo atribuye a un “error de conceptos”. Dice que si el servicio no lo apoyó legalmente en su querella por las lesiones fue porque él mismo habría desistido verbalmente de esa ayuda -algo que Faúndez niega- y que, a pesar de que él asegura que todo lo manifestó en reiteradas ocasiones a sus jefaturas y a distintas instancias dentro del servicio, en el SSA “no consta ningún antecedente de que el médico haya estado disconforme o no tuviera claridad de las funciones que debía realizar”.

Hace poco, la Contraloría Regional rechazó al SSA una solicitud de prórroga en el plazo para responder y evacuar un informe respecto de las denuncias del médico por, precisamente, haberlo solicitado cuando el plazo ya había vencido. Aun así, Gardilcic asegura que todo ha sido respondido oportunamente.

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