El coach millennial de Bachelet

Foto: Mario Téllez

La última entrevista que Michelle Bachelet dio en Chile como presidenta se la hizo Felipe Fuentes, conocido en Twitter como @obvioquesi. Fue en una cocina, distendida, e incluyó un breve entrenamiento previo de gestos y actitudes millennials. Ambos generaron un vínculo que trajo secuelas: cinco meses más tarde, la ex mandataria lo mandó a buscar para que hiciera de maestro de ceremonias en la presentación de su nueva fundación, a la que Fuentes seguirá vinculado. ¿Quién es este nuevo amigo de Bachelet?


Cuando Felipe Fuentes conoció a Michelle Bachelet, en marzo, escuchó su voz e inmediatamente le empezaron a sudar las manos. No pensó que una petición de entrevista -realizada nueve meses antes- podría concretarse realmente. La respuesta que siempre recibía era que había otros medios, otros temas, agenda copada. Sólo nueve días antes de que ella dejara el gobierno, el deseo se concretó. Cuando vio a la Presidenta cruzar la puerta de la cocina del galpón que Felipe se consiguió con el papá de un amigo suyo, en Barrio Italia, para grabar “Sánguche de Bachelet” -programa de capítulo único- para el sitio Pousta, le vino un retorcijón.

Felipe tiene 29 años, es publicista, en ese tiempo trabajaba como editor de contenidos en Pousta –renunció dos meses más tarde- y hace una década, cuando quería abrir una cuenta de Twitter, su pololo le sugirió el nombre @obvioquesi, haciendo eco de la expresión que él siempre usaba para decir que sí a cualquier cosa. Identificarlo en redes sociales es fácil: usa letras mayúsculas en todos sus mensajes y su foto de perfil es un furby, un juguete con forma de búho, el mismo que como muñeco tiene en el velador izquierdo de su cama.

Lo primero que dijo Bachelet cuando lo vio fue: “¡Tú eres @obvioquesi!”. Felipe la miró, le abrió los brazos y le dijo, gritando, que la iba a abrazar fuerte porque era la única persona a la que respetaba en Chile. Hoy, cinco meses después, reconoce que se vio emocionalmente desbordado, y cuando eso pasa se pone hiperlábico. Partió dándole tips justificando su comportamiento a la mandataria que, por supuesto, no le había pedido. Después de decirle que era como una mamá para él, le confesó que era “gay, gritón y millennial”. Bachelet le respondía, suspirando: “Felipe, eso no importa. No importa que seas gay”. Él insistió: “No se asuste porque hablo rápido, no estoy jalado. No jalo, de hecho. Y creo que esta es una pésima talla, pero digo esto porque estoy súper nervioso, no voy a ser así en la entrevista”. La Presidenta lo miraba atónita.

Lo que ni Bachelet ni la comitiva que la acompañaba sabían era que el equipo de Pousta, integrado por 15 personas, llevaba puesta una polera con una fotografía de ella estampada. “¿Dónde estoy?, ¿por qué están vestidos así?”, repetía ella, entre risas. Felipe le pasó un delantal de cocina con la cara de él, y él se puso uno con la cara de ella. “Fue ahí cuando ella comenzó a entrar en la sinergia de todo esto”, dice él.

Cuando el programa empezó, Bachelet lo saludó haciendo un high five con Felipe. Él le había advertido antes que en la conversación abundarían gestos y jerga millennial. Ella, asumida en la dinámica, le había dicho que se dejaran llevar. La onda era juvenil y distendida. Hablaron de política, de memes, de música. Uno de los entonces periodistas de presidencia que presenciaron la entrevista, dice que Felipe ya se había ganado la aprobación de la Presidenta, lo cual dura hasta hoy: “Hay una afinidad espontánea y natural entre ellos. Lo encuentra muy simpático y coinciden en hartos temas, como reivindicaciones de género y diversidad sexual. Además ella tiene interés por estar en los temas actuales, y Felipe representa varias cosas; ser millennial es un plus”.
Cuando la entrevista terminó, Felipe empezó a sudar de nuevo. Fue al baño a lavarse las manos y secarse la cara. Al salir, la esperó para entregarle un regalo. Era el delantal que él había usado que tenía la cara de la Presidenta. Pero ella se lo devolvió. “No, me voy a llevar el que tiene tu cara”, le dijo a Felipe.

-¿Y tú qué le dijiste?

-Es que no pude más. Le dije que qué hacía, que le daba un beso con lengua aunque fuera gay, y que la amaba. Soy así, espontáneo, se me pasa la mano con las cosas que digo. Pero se lo advertí antes, a través de su equipo. Y bueno, ella me contestó: “Creo que estoy un poco mayor para eso, Felipe”. Me abrazó y me dijo que siguiéramos en contacto. Ahí enloquecí.

-¿Votaste por ella en las elecciones antepasadas?

-Sí, obvio. Ella es la única que dio un paso hacia la discusión de género. Los otros gobiernos, todos, han fallado. Ella habló del aborto, habló de identidad de género y orientación sexual, dándole voz a gente que no la tenía. Esos son los temas que a mí más me competen, y por eso los destaco.

-Claro, aunque pudo haber enviado antes el proyecto de ley de identidad de género, ¿o no?

-Sí, pero sé que hay un tema de agendas políticas, y que no puedes apurar algo en el Congreso teniendo a una Jacqueline van Rysselberghe poniéndole 120 interpelaciones al proyecto.

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Agosto, 2018: Michelle Bachelet y Felipe Fuentes -autor de la selfie- al finalizar el lanzamiento de la fundación Horizonte Ciudadano.

Cuando Felipe y Bachelet se dijeron que seguirían en contacto, él se lo tomó en serio. En diversas oportunidades, a través de los asesores que trabajaban con ella en La Moneda, y que hoy trabajan en su nueva fundación Horizonte Ciudadano, él le enviaba recados para hacer algo juntos nuevamente. También le mandaba mensajes de apoyo que eran contestados amablemente por la ex mandataria. Ella, sin que supiese Felipe, ya tenía algo pensado para él: que se incorporara a trabajar en temas de género dentro de la fundación que tenía pensada, así como trabajar allí en el fomento e incorporación de jóvenes.

Pero a él no se lo anunciaron hace mucho. Dos meses antes de que Horizonte Ciudadano hiciera su debut en sociedad, llamaron a Felipe para preguntarle si podían contar con él. Así, sin nada de información adicional. Ni siquiera le insinuaron para qué, sólo le preguntaron si es que podía reservar uno de los últimos días de julio. Él dijo que sí, inmediatamente. Un mes después recibió otro llamado. “Reserva el 2 de agosto”, le dijeron. Nuevamente aceptó. Sólo dos semanas antes anunciaron que sería el maestro de ceremonias y que tendría que hablar frente a la Presidenta, su madre, su hija menor, los ex ministros y otros invitados. “Me sentí importante. Además, iba a ver a la Presidenta por segunda vez”, recuerda.

Desde Horizonte Ciudadano justifican esta elección de Bachelet. Dicen que lo eligió, primero, por la complicidad que tuvieron desde que se conocieron: “La entrevista millennial, las explicaciones de ciertas cosas de Felipe, a ella le parecieron increíbles. Además, él es una persona que tiene calle y está preocupada de los cambios que ocurren en el país; eso es lo que más le gustó a la Presidenta. En la fundación necesitamos converger con los jóvenes que son hoy la población menos votante”.

Felipe aclara que no fue ella quien lo invitó directamente. “Fue otra persona, pero de fondo escuchaba que una mujer decía ‘dile que pueda, dile que pueda’. Y esa era ella. O quiero creer eso. Tuvimos afinidad desde un principio, pero nunca pensé que me iba a invitar a abrir su fundación. No, todavía no puedo creerlo”.

-¿Cómo fue el reencuentro?

-Ella estaba chocha y muy agradecida de que yo haya aceptado estar ahí. Me hizo un tour por toda la casa que es la fundación. Parte por parte. Esta vez yo estaba más relajado y le tiré tallas, tipo: “¿Usted sabe que voy a hacer una transmisión por su fanpage, que puedo publicar lo que quiera, y que si subo una foto en pelota por Facebook, quizá se pasa al suyo?” Ella me miró y suspiró mirando hacia arriba: “Ay, ¡Felipe!”.

-¿Cómo la viste de ánimo?

-Muy emocionada, dicharachera.
Después del tour que le hizo a solas por la casa, ubicada en Las Condes, empezaron a llegar todos los ex ministros y ex subsecretarios invitados. La directiva de la fundación ya estaba ahí cuando Felipe llegó, dos horas antes de la hora de la cita, a las 11:45. La Presidenta subió para darles a todos la bienvenida en una sala del segundo piso, el mismo lugar donde terminó el tour con Felipe. “Ahí mismo vimos juntos el guion que yo preparé, y dejé todas mis cosas ahí, al lado de ella. Tenía que hacer un live con entrevistas para redes sociales para calentar motores, así es que estaba preocupado de tener harta batería. Le expliqué de qué se iba a tratar la transmisión y luego bajé, no quise quedarme con ella porque estaban subiendo todos los invitados”.

-¿Por qué no te quedaste?

-Porque entendí que era un acto más político. Pero me duró poco la diplomacia, porque tuve que subir igual a buscar el cargador. Y en cuanto me asomé, la Presidenta me llamó. “Felipe, ven”, me dijo frente a todos.

Se puso al lado de Bachelet. Faltaba exactamente media hora para el inicio del evento. Ella lo presentó ante todos quienes estaban allí; entre ellos la ex ministra de Educación Adriana Delpiano, el abogado constitucionalista Fernando Atria, la ex ministra de Salud Helia Molina, y la ex vocera Paula Narváez. “Él es Felipe, más conocido en redes sociales como @obvioquesi”, recuerda él que ella dijo. Todos se quedaron callados. Ahí, ella irrumpió de nuevo: “¿Se acuerdan de la entrevista que hice en una cocina? Bueno, él me entrevistó”.

-¿Y se acordaban de ti?

-Sí, ahí se acordaron. “¡Ahhhh!”, dijeron en coro. Luego, Michelle -a veces la tuteo, a veces no- les dijo que me tenían que tratar bien porque soy amigo de la casa; y ahí me preguntó: “¿Se dice amigo o amigue?” Eso fue entrar en un tobogán millennial que me encantó, porque estaba genuinamente preocupada e interesada. Luego me preguntó cómo se usaba la “e” porque, explicó ante todos, el otro día la habían retado por decir “amigos, amigas y amigues”. Le dijeron que sólo tenía que decir “amigues”, y que ahí se enredó y que ya no sabía cómo hablar.

-¿Le hiciste un coaching millennial a Michelle Bachelet?

-De hecho, sí. Pensé: “¿Qué es esta charla TED a una ex Presidenta y ministros de la República?”. Estaba fascinado. Les hice una especie de coaching a todos. Partí explicándoles que la “e” abarca el masculino y femenino, tal como si fuera “amigo y amiga”, “hueón y hueona”. Y me di el lujo de decir esa palabra frente a ellos. También les conté que antes de que llegara la “e”, se ocupaba la “x” y el “@”. “¡Ah, eso era la x!”, me acuerdo que dijo una de las ex ministras. Todos se rieron.

-¿Te hicieron preguntas?

-No, porque fui muy didáctico. Les conté mi experiencia también. Les dije que hay gente que ocupa directamente el “todes”, pero que algunos se ofenden si no dices “todas y todos”, entonces lo mejor por ahora es decir “todas, todos y todes”.

Cuando fue el turno de hablar de la Presidenta en el evento, inmediatamente después de la presentación de Felipe -quien antes estuvo merodeando por el patio, entrevistando por live de Facebook a los invitados-, saludó “a todos, todas y todes”, aplicando lo aprendido unos minutos antes. Sacó risas y aplausos entre los presentes.

Desde Horizonte Ciudadano explican: “La Presidenta siempre está al tanto de lo que está pasando con los millennials y no de manera graciosa no más. Sabe que hay una necesidad de entenderlos e integrarlos. Por eso trata de tener gente joven en el equipo, por eso hizo alusión a que Valentina Quiroga (directora de la fundación) tiene 36 años, por eso estuvo Felipe ahí”.

Al final de la ceremonia, Felipe subió una foto a su Instagram. “Recién borré de mis pendientes hacer reír a la mamá de una Presidenta”, escribió abajo. En la imagen aparece él en el pedestal, mientras sonríe Ángela Jeria, Bachelet y varios de los presentes.

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Marzo, 2018: Selfie sacada durante entrevista para Pousta, el día en que se conocieron.

-¿Te consideras amigo de la ex mandataria?

-Mira, esto es como tener una plantita que hay que regar todos los días. Siento que con Bachelet tenemos una buena relación. No sé si llamarla amistad, pero creo que hay una afinidad y que incluso podría verme como un hijo.

-¿Vas a seguir vinculado a la fundación?

-Sí. Estaré en la comisión de género. Además, Valentina Quiroga fue demasiado amorosa, me dijo que fuera cuando quisiera. Michelle me dijo lo mismo. Y yo, que no soy nada de tonto, le dije que yo la ayudo, pero que ella me ayudara también porque voy a sacar un programa nuevo.

-¿Te abrirás una cuenta en YouTube?

-Sí. Y voy a hacer un programa que se llamará “O sea” y que se estrenará este mes. Traeré distintos invitados, y quiero que Michelle esté entre ellos. O sea, tiene que estar.

-Cuando estuviste con ella, hace más de una semana, aún no se conocían sus posibilidades de volver a la ONU. ¿Te comentó algo?

-En la conversación, donde además me presentó a Sofía, su hija menor, y a su yerno, me dijo que podía contar con ella, que sólo le avisara con tiempo porque iba a estar viajando mucho. Me dijo que quizá iba a vivir un rato afuera, pero que era cosa de coordinar. Y yo le creo. Si tuve que esperar nueve meses para que me diera un sí, y terminé en una relación más cercana con ella, seguro esta espera valdrá la pena incluso más que antes. A Bachelet, le creo.

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