Este es un doctor que les canta a los enfermos

Hasta hace un año, Eduardo Bronstein era un médico convencional, que cumplía con atender a sus pacientes con recetas y remedios. Pero una experiencia cambió su vida y lo volvió a conectar con el lado más humano de su profesión. Hoy lidera Doc Sing, un proyecto que busca ayudar a los enfermos cantándoles sus canciones favoritas.


Un suicidio. Ese fue el punto de quiebre en la vida del médico Eduardo Bronstein.

Ocurrió el año pasado. Cuando una de sus amigas, con la que estudió Medicina en la Universidad Católica, decidió terminar con todo. “Se quitó la vida y para mi generación fue muy impactante. Fuimos a la iglesia, participamos de la misa y cuando llegué a mi casa sentí la necesidad de hacerle una canción a ella. La escribí, la canté y la compartí en el chat de los compañeros de medicina”, recuerda Bronstein (46, separado, tres hijos). “Ahí me di cuenta de que sus cercanos sintieron un cierto consuelo con la canción. Eso generó en mí un cambio”.

Para Bronstein eso fue lo más parecido a una epifanía. El médico con especialidad en Salud Pública cuenta que durante toda su carrera, desarrollada principalmente en hospitales y postas del sector suroriente de Santiago, había estado en una búsqueda personal para hacer la medicina más humana, más cercana a sus pacientes, y esto terminaba esa búsqueda. “Con la canción sentí que esta idea de ayudar se podía canalizar a través de la música porque vi ese consuelo”, dice.

Doc Sing nació el 15 de enero pasado. Bronstein se sentó frente a su computador, creó una cuenta de Facebook y escribió en la red social un mensaje explicando básicamente en qué consiste el proyecto, que busca hacer más llevadero el dolor y la soledad de los pacientes que tienen desde un resfrío hasta un cáncer terminal: “Si tienes algún ser querido que esté enfermo, sufriendo y que lo podamos ayudar dedicándole su canción preferida, escríbenos”.

El mensaje se viralizó rápidamente y empezaron a llover las solicitudes de canciones. La primera que Bronstein dedicó y grabó fue “Wish you were here”, de Pink Floyd, a un paciente con cáncer en pleno proceso de quimioterapia.

Así partió Doc Sing. Y no se ha detenido más.

Playlist variado

Bronstein cuenta que viene de una familia de músicos. Dice que su abuela, la matriarca del clan, era concertista en piano y que su papá es un fanático del rock and roll. Por eso creció en un hogar lleno de instrumentos musicales. Según el médico, quien además estudió canto en la Corporación Arrau, todo eso marcó la importancia que ha tenido la música en su vida.

Eso se acentuó después de la crisis económica del 82, con la separación de sus padres y la partida de su papá a Buenos Aires. “Con mi hermano menor, Andrés, fuimos todos los veranos para allá entre los nueve y los 18 años. A veces estábamos harto rato solos, entonces escuchábamos los discos que tenía mi viejo y nos quedábamos tocando música. Ahí, en la soledad, se generó una intimidad entre los dos”, recuerda.

Por eso, no fue raro que cuando se dio cuenta que los pedidos de Doc Sing lo excedían llamara a su hermano, también músico, para que lo ayudara. Él fue el primero que se sumó y hoy ya son unos 40 músicos -incluidos cuatro médicos, cantantes líricos, profesores de música, folkloristas, administrativos de empresas y trabajadores sociales- que colaboran con el proyecto que en nueve meses ha dedicado más de 300 canciones.

Bronstein junto a su principal colaborador en Doc Sing, su hermano Andrés.

Las solicitudes llegan a través de las cuentas de Facebook, Instagram (@doc_sing) o el correo (doc.canto@gmail.com). Ahí Bronstein recoge los antecedentes del paciente y de su familia respecto a la enfermedad para luego dárselos a los colaboradores. “A través de un chat les digo: ‘miren este caso, ¿quién siente que lo puede cantar compenetrándose con el paciente?’. Lo hago porque cuando tú cantas hay una movilización de emociones bastante fuerte y estás pensando en esa persona”, dice.

Cuando se le pregunta por las referencias del proyecto, el médico menciona a la Nueva Canción Chilena, a Víctor Jara, el hippismo y hasta el reggaeton en lo musical. Y cuando piensa en la medicina, habla del neurólogo británico Oliver Sacks, pionero en estudiar cómo la música puede ayudar a los enfermos; del biólogo chileno Humberto Maturana, con su biología del amor, y a Patch Adams, el médico estadounidense creador de tratamientos paliativos a través de la risa y el humor.

Dice que de sus colegas ha recibidas críticas positivas. “Más de las que pensaba”, precisa. Porque igual hay escepticismo en las filas médicas. “Sabemos que se necesitan estudios para definir si esto es algo positivo o no”, cuenta Bronstein, y agrega que del Departamento de Salud Pública de la UC le han ofrecido medir con los pacientes a los que les dedica canciones para ver empíricamente sus avances. No descarta hacerlo. Pero luego reconoce que no le encuentra mucho sentido a esas mediciones: “No me parece que se necesite un estudio para demostrar que es bueno dar un abrazo, acoger a una persona, sonreírle o tratarla bien”.

-¿Sientes que las canciones ayudan?
-Sí, igual Doc Sing se plantea como un eslabón dentro de un tratamiento convencional. No le digo a la gente que abandone su tratamiento, sino que tratamos de aportar nuestro pequeño granito de arena.

-¿Es tan pequeño ese granito de arena?
-No tanto como nosotros pensábamos. Cuando la gente recibe una canción dedicada, además de sentir un alivio y escucharla varias veces, le cambia un poco el significado de lo que están viviendo. Me he dado cuenta de que la gente vive la enfermedad como un camino un poco heroico. Dicen: ‘estoy luchando’, ‘estoy saliendo adelante’. Esto es como dar un apoyo más a lo que ellos ya llevan.

-¿Qué clase de canciones piden más?
-De todo; desde tango u ópera o boleros hasta hard rock, heavy metal o baladas pop en inglés y español. Tienen su sitial las que hablan de temáticas motivacionales como “Color esperanza”, de Diego Torres, o “What a wonderful world” en todos sus estilos. La gran variedad y dispersión de géneros responde a que las personas que solicitan los temas son de toda edad. Creo que el sello es la nostalgia. Piden la canción que marcó su vida o la que significa algo para ellos.

-¿Cuáles crees que tienen mejores resultados?
-En general, como es personalizado, la que el paciente pide le genera resultados positivos, pero he visto que canciones con alta intensidad melódica y dramática tienen mejores efectos. Por ejemplo, “Don’t let the sun go down on me”, de Elton John; “Un beso y una flor”, de Nino Bravo, o “Wish you where here”, de Pink Floyd. Son canciones que movilizan recuerdos, emociones, pasión… ¡catarsis!

Esto dice que lo ha visto en los pacientes a los que les han dedicado canciones, con quienes después mantiene un vínculo. Como con Ernesto, a quien a los 70 años le diagnosticaron un cáncer a la próstata, estaba de mal ánimo y sin ganas de hacerse quimioterapia cuando su hija pidió que le dedicaran la canción “Somewhere over the rainbow”, de la película El mago de Oz. O con Angélica, quien luego de 40 años de matrimonio enviudó y cayó en depresión, hasta que le dedicaron “When a man loves a woman”, de Michael Bolton. O con Guillermo, en rehabilitación por drogas y alcohol con riesgo de recaer, que pidió canciones de U2. O con Leonor, una guagüita prematura y abandonada en el Hospital Sótero del Río, con un mal pronóstico y un equipo médico desmoralizado, a quien le dedicaron “Chiquitita” de Abba, con una letra modificada.

“Siempre pienso que ella algún día va a saber que le hicieron una canción”, cuenta Bronstein. Entonces hace una pausa y se pone a llorar. “Perdona, pero esto en verdad me emociona”, explica cuando logra reincorporarse.

El poder de la música

Esta entrevista transcurre en el departamento de Bronstein. Un departamento con una cocina americana con las paredes desteñidas, un sillón corto frente a la tele en el living, una pequeña mesa de centro con una botella de ginger ale a medio tomar y discos e instrumentos musicales repartidos por todos lados. Lo que uno podría llamar un departamento de soltero si no fuera porque a la entrada hay un cuadro con fotos y dibujos de los tres hijos del médico.

Se trata, más bien, de un departamento de separado. Una categoría en la que Bronstein entró hace pocos meses, cuando se distanció de su ex pareja. Ya había iniciado Doc Sing y la separación fue otro de los cambios que ha vivido en el último año.

“A mi hermano lo he visto con mucha garra y fuerza para levantarse todos los días, más conectado por este proyecto que le cambió el día”, dice Andrés, su hermano, quien reconoce otros cambios. “Antes estaba gordito y feliz con su familia, ‘arranadito’ como nos pasa a todos, pero esto fue como un big bang para todos”.

El doctor asume este proceso de transición. “Ahora estoy más energético, más feliz, antes estaba muy oscuro. Soy una persona antes de Doc Sing y otra ahora”, dice. Tampoco, asegura, ve de la misma forma a los enfermos: “Cuando te piden una canción movilizas muchas emociones, después reflexionas y ya no vuelves a ver a un paciente de la misma manera, lo sientes más cercano”.

Respecto del futuro del proyecto, dice que tratará de mantener la esencia: seguir en una red social donde le pidan una canción y él o alguien de su equipo la grabe con dedicatoria. También piensa ir a instituciones o donde estén los pacientes para cantarles. Esta nueva etapa partirá el próximo jueves cuando vayan a la Fundación Incluir, que atiende a adultos con síndrome de Down. “Tendrán una lista de canciones que les gustan y nosotros vamos a ir como grupo y se los vamos a cantar”, explica.

Esa no es la única idea que tiene Bronstein para el futuro de Doc Sing. Cuenta que le gustaría exportar el formato, llevándolo a otros países, y que acá quisiera sumar al circuito de bandas tributo: así, cuando un fanático de Oasis o The Beatles pida una canción, sea una banda quien se la dedique e interprete. Además, quiere abrir Doc Sing a otras artes y que se puedan dedicar fragmentos de una novela, un poema o de una obra de teatro.

Pero el gran sueño del doctor cantante -que atiende consulta en una clínica privada y colabora con un proyecto en el hospital Sótero del Río- es tener un lugar propio, en un concepto más cercano a una fundación. “Me gustaría que tengamos un espacio para recibir a la gente. Yo había pensado que funcionara como un lugar donde se hagan eventos por la noche para el paciente y que vayan los músicos allá”, explica.

-Un lugar para acercar la música a los pacientes. ¿Crees que ésta salva?
-Sí, es un contacto directo con lo que somos como seres humanos. La música es capaz de salvar una existencia de tal forma que le puede dar sentido al dolor, a la felicidad, al camino de la vida, por más dura que ésta sea.

-¿Crees que a ti también te salvó la música?
-Sí, creo que tengo la fuerza para liderar este sueño porque transmito lo que la música ha hecho conmigo: salvarme existencialmente y ayudar a encontrarme conmigo mismo. La música me ayudó a encontrar mi lugar en el mundo.


Las canciones más pedidas

  1. “Color esperanza”, de Diego Torres
  2. “Con una pala y un sombrero”, de Gervasio
  3. “Faithfully”, de Journey
  4. “What a wonderful world”, en todas sus versiones
  5. “Gigante, chiquito”, de Sergio Denis
  6. “I can’t help falling in love with you”, de Elvis Presley

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