Si vas para Chile




Me ha dado pena la forma irresponsable en que algunos políticos de derecha han asociado inmigración y delincuencia. Entiéndase bien. No me complica en lo más mínimo que alguien plantee la necesidad de ser más eficientes en neutralizar la acción de los criminales (ya sea que se trate de los narcos criollos de La Legua o de los importados en Antofagasta). Lo que pido es humanismo. Empatía y respeto. No es fácil vivir fuera de la tierra natal. Atrás quedan los paisajes, los olores y los sabores familiares. Ya no cuentas con los contactos que facilitan la vida. Allá lejos, en tu país de origen, se han quedado, muy probablemente, padres, hermanos, primos y abuelos.

Hemos sido millones los chilenos que hemos vivido, alguna vez, la experiencia de vivir un tiempo fuera de la patria. Unos buscando oportunidades económicas. Otros intentando completar estudios. Algunos, en fin, víctimas del destierro. No existen dos experiencias iguales. Y si muchos han sido recibidos con los brazos abiertos en sus nuevas comunidades, otros han debido sufrir la discriminación y la sospecha. Como fuere, siempre se recuerda a Chile con cariño.

Pocos han recogido mejor estos sentimientos que Chito Faró. A este músico chileno, cuyo nombre verdadero era Enrique Motto, le debemos una de nuestras tonadas más populares: "Si vas para Chile".

Corría 1942, y el entonces joven Chito Faró se encontraba viviendo en Buenos Aires. En un ataque de nostalgia por el terruño, compuso la canción que todos conocemos bien: "Si vas para Chile, te ruego que pases por donde vive mi amada; es una casita muy linda y chiquita, que está en las faldas de un cerro enclavada. La adornan las parras y cruza un estero, y al frente hay un sauce que llora que llora porque yo la quiero. Si vas para Chile, te ruego viajero, le digas a ella que de amor me muero".

Justo a continuación de la referencia a elementos del paisaje físico de nuestra patria (Parras, esteros y sauces), Faró aventura una tesis sobre el paisaje moral chileno: "Campesinos y gentes del pueblo te saldrán al encuentro viajero. Y veras como quieren en Chile al amigo cuando es forastero".

No estoy completamente seguro que, a nivel descriptivo, Faró tenga razón. Estoy convencido, sin embargo, que él propone un ideal valioso. ¿Cómo podría ser de otra manera tratándose el nuestro de un país que se ha beneficiado tanto del aporte de sucesivas oleadas migratorias (pienso en alemanes, palestinos, italianos, croatas, sirios, etc.)? ¿Cómo podría ser de otra manera tratándose el nuestro de un país que ha visto a Suecia, Australia, Argentina o Venezuela, recibir, en distintos momentos, a compatriotas que buscan oportunidades (o escapan de la persecución)? ¿Cómo podría ser de otra manera tratándose el nuestro de un país que dio refugio a perseguidos, y se emociona cada vez que sacudimos los estadios del mundo gritando la estrofa del Himno Nacional que dice "… o el asilo contra la opresión"?

Hagamos un esfuerzo, entonces, por discutir un perfeccionamiento de la regulación de extranjería sin necesidad de instalar, o reforzar, estereotipos xenófobos. Las reglas de control de un país que quiere al amigo cuando es forastero.

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