Cargar la suerte: el amor en los tiempos de ibuprofeno

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Andrés Calamaro.

"Pido respeto señores —reclama el cantante—: soy Diego Armando Canciones". Grabado en Los Ángeles y editado en medio de algunas polémicas, el último disco de Calamaro es un disco de rock & roll para la trinchera de marfil.




A fines de julio del 2018, llegaron noticias desde la otra punta del continente. Después de cuatro sesiones en unos estudios de Magnolia Boulevard, Andrés Calamaro tenía el corazón de su nuevo disco en el medio del pecho. Aunque aún no tenía título, sabíamos que el personal incluía a Gustavo Borner (ingeniero y productor), Germán Wiedemer (arreglador, pianista, organista y compositor) y cinco sesionistas con una suculenta foja de servicios: Aaron Sterling, Mark Goldemberg, Rich Hinman, Erik Kertes y Brandon Field. Es decir que, en la era dorada de los feats. y la compresión para Spotify, Andrés había grabado un disco old school: un Cadillac blanco para la tradición aristocrática del viejo y desusado rock & roll. ¿Acaso había alguien más dispuesto para manejar ese coche?

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Sonaba curioso. En el preciso momento en que volvía a codearse con buena parte del underground cultural argentino (desde Los Espíritus hasta Shaman, pasando por los encuentros con el escritor Fabián Casas y su programa radial en La Patriada), anunciaba un disco grabado en Los Ángeles con músicos prestigiosos de la Costa Oeste. Andrés, sin embargo, siempre fue un anfibio. Un artista expuesto en el prime-time pero casi un misántropo. Un heredero legítimo de las primeras carabelas del rock argentino pero un explorador de las mil tradiciones musicales.

https://www.youtube.com/watch?v=OjGghlqcgaA

El primer adelanto fue "Verdades afiladas". Un slow-rock tocado con swing y autoridad, donde Calamaro lanzaba cuchillos sobre la silueta de madera como un ilusionista. Era un buen botón de muestra, pero —todavía no lo sabíamos— resultaba algo injusto con la apuesta del disco. Como había sucedido con "Cuando no estás" y Bohemio, el single era una ficha tan segura que tenía gusto a poco. Por fortuna, un mes después Cargar la suerte ya estaba en las calles. Bah, ¿ya es lícito decir que Spotify son las calles?

https://open.spotify.com/album/5y3l6sn4M3ACns2H51wGrl?si=c_SUiFXjQDiV3KA9-jw_MQ

"Pido respeto señores —reclama, cantando sus décimas sobre una canción pop—, soy Diego Armando Canciones". Cargar la suerte, en ese sentido, agrega una piel a la galería: el crack sin falsa humildad, el compositor de rock con chispazos queribles de vulgaridad y la inspiración viboreando en la palma de la lengua. Editadas oficialmente el 2 de noviembre de 2018, al menos cuatro o cinco de estas doce canciones muestran sus credenciales para ingresar en el canon del Salmón. Por empezar, "Cuarteles de invierno" y la larga parrafada dylaniana de "Las rimas".

https://www.youtube.com/watch?v=Rr-eA8QiDD0

Es verdad. Una parte del disco no saca los pies del rellano del confort, pero lo sostienen algunas cotas de inspiración (y una canción inspirada de Calamaro es un escudo contra la muerte) y un nivel sofisticadísimo de ejecución. En ese contexto, solo las guitarras acústicas de "My mafia", los bronces de "Falso LV" o la zapada fantasma del final resultan un bálsamo para nuestros oídos saturados. La voz del cantante, en ese oasis de aire limpio, se abre paso sin machete: con la verba afilada agazapada detrás del traje a medida.

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El disco fue bien recibido por la crítica, pero un episodio proyectó una sombra sobre su lectura entre algunos sectores del progresismo. En pleno debate para la sanción de la Ley de Cupo, un proyecto que propone "un mínimo de 30 por ciento de artistas solistas femeninas y/o agrupaciones musicales mixtas en todos los espectáculos de música popular y programaciones anuales", Calamaro dejó caer su opinión. "Un nuevo proyecto de ley propone igualdad estadística de géneros para celebrar eventos musicales —dijo en una entrevista con Jesús Fernández Úbeda, para el medio español Zenda Libros—, y no me consta que las prostitutas califiquen para este 50/50… No creo que me hagan quemar mis discos de Miles Davis grabados por el patriarcado heterosexual que sometió a la música en el siglo veinte. O Camarón con Paco de Lucía, uno de los cuales debería ser suplantado por un artista transgénero… o similar. Me temo que soy un señor del siglo pasado".

Con la velocidad de la luz, Paula Maffia —una de las grandes cancionistas y activistas de la última década— decidió hacer pública su respuesta. "En el mismo día en que muere una niña wichí forzada a dar a luz, el 'genio indiscutido' de Andrés Calamaro se mofa del 'heteropatriarcado' y llama prostitutas a las mujeres que pedimos cupo mínimo en los escenarios (erróneamente, dice que pedimos 50% cuando es un gentil 30%) —escribió Maffia en su cuenta de Twitter—. Nuestro acceso a los escenarios, entre otras cosas, busca visibilizar nuestras luchas, como la despenalización del aborto, los derechos sobre nuestros cuerpos y sexualidad, nuestros anhelos y despechos, en definitiva, busca visibilizar lo que hasta los 'poetas' se niegan a ver".

https://culto.latercera.com/2019/10/10/honestidad-brutal-calamaro/

La polémica allanó el terreno para otro anuncio. En el comienzo del verano, Calamaro presentó en sociedad el primer número de Nervio: una revista digital que, bajo el lema de "Cultura & Delito" y la dirección del cronista policial Rodolfo Palacios, se propuso recuperar un cierto espíritu corrosivo y contracultural de los ochenta con las plumas prestigiosas de Casas, Enrique Symns, María Moreno, Fernando Noy, Marta Dillon y Martín Caparrós, entre otros. El giro era inesperado solo en parte. Aunque Calamaro nunca rindió cuentas desde el periodismo, su actividad en las redes sociales siempre fue intensa y parece escribir permanentemente desde el destierro. Desde una trinchera de marfil con varios frentes: la corrección política, el vigilante medio argentino, su propia sal, su propia desinformación.

Así, en una de las canciones de Cargar la suerte pide perdón por su desconsideración social y en la siguiente reclama la aparición de los hijos y nietos robados durante la última dictadura. Calamaro, a su modo, también es eso. La paradoja del artista que reclama una soberanía individual a rajatablas ("Me tiré cinco años sin salir de mi apartamento/ durmiendo poco y nada pero sin remordimiento") pero escribe canciones que trascienden todos los estratos sociales. Con el dedo untado en hiel, "My Mafia" se ocupa de tocar precisamente ese núcleo indivisible del disco.

https://www.youtube.com/watch?v=jBACuJFTc_M

Rodado en riguroso blanco y negro por el director Vicente Linares, el videoclip es una suerte de homenaje a Víctor Manuel Vital: un jovencísimo muchacho de San Fernando que, después de ganarse un prestigio como Robin Hood del conurbano, fue acribillado por la policía bonaerense el 6 de febrero de 1999. Tenía solo 17 años. "Es un tributo a los marginales y los vulnerables, un recordatorio al Frente Vital, muerto por la policía hace veinte años —dijo Andrés, que sobre el final visita la tumba del caído para ofrecer sus respetos—. Jóvenes delincuentes marginales repartiendo alimentos entre los más humildes".

La pregunta es pertinente. ¿Qué cosa roba Andrés Calamaro para devolverle al pueblo? La respuesta está soplando en el viento.

https://culto.latercera.com/2019/10/10/lezcano-dias-distintos-calamaro/

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