Silencio, se rueda

Con las entradas agotadas y el montaje del circuito en el Parque O'Higgins casi terminado, la carrera eléctrica se prepara para partir otra vez de cero.


Es poco más del mediodía en la recta de pits del circuito que acogerá el sábado la tercera fecha del Mundial de Fórmula E. Los gritos resuenan con fuerza en las instalaciones del Parque O’Higgins, pero no provienen del track por el que circularán los pilotos, sino de una segunda pista, también electrificada, que cuelga sobre este; la de la montaña rusa de Fantasilandia que compartirá escenario con la prueba automotriz.

Porque esta vez, en el segundo arribo de la competencia a Chile y tras el controvertido estreno de 2018, se trataba de no cerrar las puertas a nadie, incluir en lugar de restringir, no cometer los mismos errores. De modo que el circuito abandonó la céntrica Plaza Italia para instalarse en la zona recreativa más popular de la comuna de Santiago, donde el sábado seguirán funcionando “con normalidad” -aseguran- la zona de quinchos y el concurrido parque de diversiones. “Es bastante mejor este emplazamiento. Todo lo que el año pasado eran problemas, este no. Fue acertado hacerlo en un lugar cerrado”, manifiesta Mauricio Melo, presidente de la Federación Chilena de Automovilismo.

Un circuito de 2,4 kilómetros que se recorrerá en sentido inverso al de las agujas del reloj, finalmente reasfaltado -a pesar de las promesas iniciales- solo de manera parcial. “La Elipse no se tocó porque por ahí pasan tanques (durante la parada militar) que harían pedazos el piso. La recta se mantuvo, es el piso original, pero toda la chicane por atrás se asfaltó de nuevo”, explica Melo.

Pero más allá de lo irregular del firme en el citado tramo, el montaje luce, a pie de pista, prácticamente completo a falta de cinco días para la largada y tras nueve jornadas de trabajo en turnos de ocho a ocho.

Las tribunas, con capacidad para 9.700 espectadores (incluidas las 76 butacas reservadas a personas con movilidad reducida); la zona del exclusivo Emotion Club (que alojará a otros 1.000 visitantes capaces de hacer frente a los 1.700 euros que cuesta cada ticket); y el E-Village, que recorrerá toda la zona verde paralela a la Avenida Viel, comienzan a tomar forma. Las entradas convencionales se encuentran agotadas desde hace tres semanas.

Mañana arribarán a Santiago las cajas y comenzará el montaje de los automóviles; mientras que el jueves la FIA procederá a la revisión técnica del circuito. Un circuito que este año ha sorteado las protestas relacionadas con la congestión y las molestias vecinales, pero que inquieta en términos de seguridad, pues el parque fue testigo reciente de dos episodios de violencia saldados con un asesinato y una denuncia por abuso sexual. “Es una lástima, porque son eventos que muestran el país al exterior. Es lamentable que en una zona de concentración de familias y justo ahora que viene la Fórmula E, ya existieran dos eventos graves. Pero se ha reforzado la seguridad”, culmina Melo.

¿Algún efecto del paso de la carrera? ¿Más aficionados? ¿Más practicantes? Nada. Ni rastro del año pasado. La FE vuelve a partir de cero en Santiago.

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