Los riesgos de quitarse la mascarilla al aire libre

Ilustración: Gabriel Ebensperger

Este jueves 14, el Ministerio de Salud dará a conocer los detalles del nuevo plan sanitario para enfrentar la pandemia, que incluye un cambio en la normativa del uso de mascarilla en espacios abiertos. Aunque las condiciones para que ello ocurra son bien restrictivas -como que no haya una persona a menos de un metro de distancia-, especialistas de la U. Andrés Bello y la U. de los Andes temen que la medida confunda a la población y se produzca una relajación excesiva. Todo esto, a las puertas de un invierno que se prevé complicado.




Todo indica que la nueva normativa en el uso de mascarillas va, efectivamente, acorde con la situación actual de la pandemia, y ello será explicado este jueves 14, cuando el Ministerio de Salud detalle el nuevo plan, “Seguimos Cuidándonos Paso a Paso”. Hay voces disidentes, pero se contrarían con otras también entendidas en cifras y evolución del Covid 19, las que hacen la salvedad en un gran ‘pero’: el invierno próximo, que se nos presenta amenazante.

Nadie pone en duda de que la mascarilla es una molestia, y dos años con ella, como medida obligatoria, tiene fatigados a muchos. Sin embargo, ha sido un importante elemento para la contención del virus. A partir del 14, indican desde la Subsecretaría de Salud Pública, se podrá dejar de usar en espacios abiertos, siempre y cuando la distancia entre una persona y otra sea mayor a un metro, y mientras nos encontremos en las fases de Bajo o Medio Impacto Sanitario.

“Este cambio se enmarca en el nuevo plan Seguimos Cuidándonos Paso a Paso y fue fruto de un amplio consenso entre los expertos que integran la Comisión Nacional de Respuesta Pandémica, el Consejo Asesor Externo, además de siete mesas técnicas y autoridades -señalan-. Se concluyó que la baja en la circulación viral, la alta cobertura del esquema primario de vacunación (sobre 90%), además de la adopción por parte de la ciudadanía de medidas preventivas y el contexto internacional actual, hacen posible dar este paso, siempre recordando que esta nueva norma está sujeta a condiciones como mantener la distancia entre personas y respetar las condiciones de la fase respectiva”.

“Creo que es una medida que tiene fundamento científico, que está bien orientada, pero la forma en que se comunique puede tener efectos colaterales”, opina el doctor Sebastián Ugarte, director del Programa de Especialización de Medicina Intensiva de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

Su mayor temor radica en la falsa sensación de seguridad que pueda existir en las personas. “Probablemente el impacto de la medida en sí misma no signifique un incremento en el número de casos, porque el mayor riesgo que previene el uso de mascarilla es en espacios cerrados -agrega-. Sin embargo, tiene un efecto inevitable en la comunicación de riesgo. Todas las medidas que implican una relajación de las barreras de contagio transmiten una sensación de seguridad y pueden contribuir a una falsa percepción de que el riesgo de la pandemia ha sido superado. Quienes vemos pacientes graves hubiéramos preferido a ver cómo se desenvolverá el país frente a la llegada del invierno antes de liberalizar medidas”.

En Chile, el uso de la mascarilla es obligatorio en espacios públicos desde abril de 2020. Esto es, en lugares abiertos y en los cerrados donde haya 10 o más personas. Ahora esa medida se adapta según las circunstancias en lugares al aire libre, aunque claramente mantener la distancia de más de un metro en calles concurridas es imposible. Ni pensar en ferias libres. ¿Qué queda? Calles solitarias y plazas y parques amplios.

Y, bueno, tampoco es que se esté dando libertad absoluta. “Es importante aclarar que no se trata de una flexibilización del uso de mascarillas, sino de una modificación a la norma, atendiendo al contexto actual de la pandemia y a las necesidades de la población. Estas decisiones cuentan con un amplio consenso, de parte, por ejemplo, del Consejo Asesor externo, de las Mesas Técnicas permanentes de la Comisión, así como también de los propios expertos del Ministerio de Salud”, reiteran desde la Subsecretaría de Salud Pública.

La médica salubrista Marcela Garrido, jefa del departamento de Epidemiología y Estudios en Salud de la Universidad de los Andes, está de acuerdo con la decisión de liberar en parte el uso del cubreboca. “Esto significa, en el fondo, que hay bajo riesgo de contagio en espacios abiertos bien ventilados, siempre y cuando se mantenga una distancia prudente entre una persona y otra. Estamos viendo casos graves, y estos seguirán ocurriendo, sobre todo cando aumenten los casos, pero dado el contexto actual de la pandemia, con R efectivos bajos y número de casos nuevos que se mantienen a la baja, creo que es una decisión correcta”.

Sí se debe considerar, acota, que, en eventos masivos, con mucha aglomeración de personas, el riesgo de contagio aumentará, y por eso lo ideal es que los aforos también sean estrictos en las distintas fases del plan. “Y si alguien sabe que tiene un factor de riesgo por el que puede hacer una enfermedad grave, o porque no se pudo vacunar por algún motivo, siempre será preferible que ocupe mascarilla aun en espacios abiertos”.

LOS OTROS VIRUS

En países como Estados Unidos, Brasil, México y Argentina ya se ha flexibilizado el uso de este artículo en lugares abiertos. Algunos lugares de Europa simplemente han quitado esa obligatoriedad. En la Subsecretaría de Salud Pública especifican que si bien no se ha tomado la experiencia de un país específico para el nuevo plan, “la evidencia considera estudios realizados en diferentes países, así como también a nivel más global”.

De igual manera, Naldy Febre, directora del magíster en Gestión de Riesgos, Seguridad y Salud en Trabajo y profesora titular de la Facultad de Enfermería de la UNAB, tiene sus reparos: “España está tratando de sacar la mascarilla de los espacios cerrados incluso, pero ellos ya pasaron el invierno y están saliendo de la quinta ola. Nosotros tuvimos recién la tercera, por ómicron. Yo les digo a mis hijos: ‘La ministra no está mal, porque la evidencia dice que en espacios abiertos como aceras o plazas públicas el riesgo es bajo, pero sí tienen que mantener una distancia de más de un metro con otra persona’. Por lo tanto, mi política es usar mascarilla”.

Teme que haya confusión entre la población. “Creo que esta medida hubiera calzado mejor al finalizar el período de invierno, porque lo que nos importa es que las personas entiendan que el covid todavía es un riesgo para un millón de personas de personas que no están vacunadas, para todos quienes no quieren vacunar ni a sus hijos ni ellos mismos porque son antivacunas, y porque existe el riesgo de que podamos desarrollar una nueva variante. El Centro de Enfermedades Infecciosas de Atlanta dice: ‘Usted puede dejar de usar mascarilla al aire libre, pero, ojo, piense en su salud propia, piense en con quiénes vive y qué vulnerabilidad tienen, y fíjese en cuántos tienen la inmunización en su casa’. Eso es interesante de avaluar”.

El doctor Ugarte incorpora otro elemento: “Hay que recordar que en la última semana la velocidad de vacunaciones ha disminuido un 50% con respecto a las cifras de vacunación que teníamos a comienzos de marzo. Como la vacunación es voluntaria, uno puede entender que esto no se debe a problemas logísticos de la vacuna, sino a un menor interés de la población, que no está percibiendo de manera correcta el peligro que todavía existe en esta pandemia”. Por ello, enfatiza, la campaña de comunicación del Ministerio de Salud debería ser clarísima.

“Recordemos también, por ejemplo, que en Gran Bretaña la relajación del uso de la mascarilla en compañías aéreas ha llevado a la suspensión de más de 120 vuelos al día por contagio de las tripulaciones. Todavía nos queda el invierno por delante, están circulando otros virus, hay nuevas variantes ya presentes en el país… Entonces, es un equilibrio delicado el cómo avanzar en dar más libertades a la población, que estrictamente en este momento parece razonable, pero en dos o tres meses podríamos encontrarnos en otra instancia epidemiológica. Y, desde luego, retirar las mascarillas hoy para volver a instaurarlas con el nivel de adhesión que tienen hoy no será fácil”.

Naldy Febre indica que la llegada del invierno a Chile traerá una gran circulación de virus influenza y que existe la posibilidad de que una persona lo presente en coexistencia con el virus del covid 19. “Además, está lo que la comunidad científica ha llamado ‘deltacron’, que es la variante delta más la ómicron. Aparentemente es un poco más invasivo, pero cuando se está inmunizado se previenen la hospitalización, la enfermedad severa y la muerte”.

También hay que considerar, añade, la circulación de un sublinaje de la ómicron, que es el BA.2. “Deberíamos pensar que estas combinaciones virales sí podrían significar un impacto en el sistema de atención, porque, aunque se tenga la cuarta dosis, ello no evita que la persona pueda contagiarse de una nueva variante. Cada vez que el virus pasa de un ser humano a otro le estamos dando la posibilidad de mutar”, explica la profesional de la UNAB.

Los “otros virus” ya están causando problemas. La doctora Marcela Garrido explica que se está viendo una alta demanda por camas críticas y no necesariamente por el coronavirus, sino por todas las demás afecciones respiratorias. “Vemos influenza, parainfluenza, virus respiratorio sincicial, y, en menor proporción, metaneumovirus, pero siempre hay un aumento durante el invierno. Por eso el llamado es a protegerse, especialmente aquellos grupos que son la población objetiva de las campañas de vacunación, como la de la influenza”.

Todo esto, dice, se debe en parte al rebote secundario del encierro prolongado que tuvimos por dos años y la poca vida social o contacto que mantuvimos con otras personas durante la pandemia. “Al parecer tenemos menos inmunidad y estamos más susceptibles de enfermarnos por virus tradicionales”, puntualiza.

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