Visita de museo: El inmortal arco de Triumph inglés

Triumph

La visita al recientemente inaugurado museo de la marca de motos británica trasciende todo lo imaginable. Este es el relato de un recorrido por 116 años de historia y el encuentro con fantasmas inmortales, que salen a nuestro paso desde la gloria más pura que los determinó con el sello de lo que jamás perece.


Cuidado si es que no creemos en fantasmas y después resulta que se nos aparece uno. Pasa. O al menos algo cercano a esto si tenemos la dicha y fortuna de que Dios, la vida, el destino o una combinación de estas tres opciones nos lleve hasta un semicampestre confín muy inglés llamado Hinckley, tranquilo poblado ubicado a una hora y media de camino en auto desde Birmingham, en el mismísimo Reino Unido. ¿Londres? Está como a unas tres horas de acá.

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La experiencia de recorrer la fábrica, los cuarteles centrales y el museo abierto hace poco más de uno año de la marca de motos Triumph Motorcycles es verdaderamente paranormal. Nada de miedos. No. Es paranormal de lo increíble que es. Más allá de las sofisticadas y ultrasecretas líneas de montaje de sus máquinas maravillosas que lideran hace dos años los crecimientos de las ventas mundiales de la alta cilindrada, acá habita una colección que habla por 116 años de historia. Así de abarcador.

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Y como ante la sencilla mención de la palabra Triumph invocamos a la manufactura acaso más cinematográfica del universo del motor, las imágenes y transparencias de cada imaginario personal se convulsionan en una experiencia única, imposible de repetir y materializar en algún otro lugar del planeta. En lo personal, recomiendo el recodo algo sombrío pero lleno de energía reservado al gran Steve McQueen… ¿Sabían que murió cuando apenas tenía 50 años? ¿Sabían que no precisó de dobles para rodar aquella escena inmortal en el aplaudido filme sesentero “El Gran Escape”? Él solito, a bordo de la misma Triumph TR6 Trophy que lo acompaña en el Visitor Center de Hinckley. Él, solito manejando sobre pastizales (ni lo intenten…), él solito arrancando de sus carceleros nazis. Qué tipo. Qué manejo. ¿No han visto la película? Bueno, prueben echándole un vistazo a la escena en YouTube, el resto será querer verla, sí o sí. Ese hombre, esa moto, están en un museo de motos. Por unas pocas libras esterlinas, miles de visitantes se someten a esta sesión espiritista donde el gran Steve McQueen, o el soldado prisionero Hilts, “The Cooler King”, si prefieren, más que espantar cautiva y vuelve a vivir.

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Y no está solo junto a esa moto todoterreno de 1963. Hay más, mucho más. La ruta sagrada debe recorrerse desde el primer ejemplar fabricado por Triumph en el año 1902. Una bicicleta con motor capaz de desarrollar casi dos caballos de fuerza. Después la producción salta a algo más motociclístico, pero en 1916, donde los 1,75 Hp se van a la “descomunal” cifra de cuatro caballos. Perdón por entrecomillar el descomunal, para la época lo fue. Era y es historia, porque el valor de este tipo de motos es ese y se calcula porque sus equivalencias se debaten entre la historia convulsa del brutal siglo XX y todo lo que ha sucedido hasta hoy. Esas motos y las motos de hoy son piezas de tecnología inseparable de lo que va sucediendo en esto que entendemos y nos queda por mundo.

“Es que me da lo mismo Steve McQueen”… Entonces ¿qué me dicen de un tal Marlon Brando? La moto que el jovencísimo actor usó en “El Salvaje” también está acá. Rockeros, deportistas y todo tipo de celebridades cayeron en el embrujo. Y en rodajes emblemáticos. Desde el aspirante a piloto Richard Gere en “Reto al Destino”, hasta la “Misión Imposible” de Tom Cruise… ¡Sí, todo acá! Y por favor detenerse en los quiñazos y hasta balazos que tiene la Tiger 800 que estuvo en la filmación de la saga del recontraespionaje.

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“A diferencia de los otros fabricantes, nosotros decimos con mucho orgullo que el 63% de las motos está hecho por nosotros, sus componentes los hacemos acá, a mano, la pintura, es emocionante y por eso es muy significativo venir y empaparse de estos más de cien años de historia, que también sustentan el presente y proyectan el futuro”, señala Pedro Lima, export sales regional manager de Triumph Motorcycles.

A su vez, Paul Stroud, el director comercial de Triumph Motorcycles, refrendó con elocuencia el sentido de este museo en el momento de su apertura hace poco más de un año: “Estamos muy orgullosos y emocionados de poder invitar a los fanáticos de Triumph y el motociclismo de todo el mundo para que vengan y experimenten nuestra marca de primera mano, aquí en la fábrica donde cada Triumph comienza su vida”.

Claro, porque además del recorrido histórico, hay una posibilidad de contratar el tour por la línea de montaje, donde uno debe entregarse a recorrer la suerte de cada pistón, de cada biela y adivinar la devoción y alegría con que trabaja cada operario. “Cada día es un desafío nuevo, ya que su trabajo va cambiando y eso porque el CEO de la marca, en vez de hacer asesorías de mejoramiento externas, va preguntando cotidianamente a cada trabajador cómo se puede mejorar un poco más”, nos explica Clark, un enamorado jefe de sección que guía nuestra visita por Hinckley.

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Según Paul Strod, el director de la firma, “con tantas motos importantes y raras en exhibición, Visitor Experience será una necesidad para los fanáticos de las motocicletas y las películas, pero también una oportunidad para ayudarnos a celebrar nuestra orgullosa herencia y nuestra pasión por construir motocicletas geniales. Esperamos que esto recompense e inspire a todos los fanáticos de la marca y encienda un amor por Triumph en toda una nueva generación”.

El cine juega un rol importante, claro, pero no es el único. El gen deportivo de una marca forjada en la pista, en los cronos, en las carreras, llevó a que el Visitor Experience de Hinckley esté dividido en ocho áreas temáticas que se combinan para crear el sentido de ser Triumph de un modo muy -y ante todo- completo.

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Desde la celebración de la actitud compartida de los corredores y los fanáticos, hasta la increíble línea de sangre de las bicicletas, las carreras y la cultura popular, hasta la red global que representan los corredores y la historia completa de diseño desde el boceto hasta el ensamblaje final. Quienes traspasen el umbral se darán de frente con el hogar de la marca, construido por los corredores, para los corredores.

Un recorrido de la mano de 116 años plagados de amor, caídas, luchas y resurgimientos que convierten a Triumph en un fabricante tan único que lo suyo ya trepó hasta la cima de lo inmortal. Si alguien lo duda, que vaya y mire en los ojos de Steve McQueen o de Marlon Brando. MT

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