ONU pide reabrir escuelas para evitar “catástrofe generacional”

Alumnas en Nigeria usan mascarilla en la entrada de su colegio, donde un cartel dice “sin mascarilla no se entra”.

El secretario general de la ONU advirtió sobre las consecuencias de la falta de clases por la pandemia. “Que los estudiantes vuelvan a las escuelas de la manera más segura debe ser una prioridad”, señaló.




Mientras los países debaten sobre las medidas de seguridad para reabrir los colegios en medio de la pandemia de Covid-19, la ONU lanzó una importante alerta: el mundo enfrenta una “catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas” por el cierre de las escuelas durante la crisis sanitaria.

Así lo advirtió este martes el secretario general de la ONU, António Guterres, en un anuncio para el lanzamiento de una nueva campaña global llamada Save our future. Según las cifras de Naciones Unidas, cerca de 1.600 millones de estudiantes de todas las edades y en todos los países se han visto afectados por el cierre de colegios, con repercusiones inmediatas y de largo plazo en ámbitos como la nutrición, el matrimonio infantil y la igualdad de género.

“Hacer que los estudiantes vuelvan a las escuelas y a las instituciones de aprendizaje de la manera más segura posible debe ser una prioridad” una vez que la transmisión local de Covid-19 esté bajo control, instó Guterres, quien detalló además que al menos 40 millones de niños en todo el mundo han perdido su educación en etapa preescolar.

Es que, pese a que ha habido grandes esfuerzos por asegurar una educación virtual, ésta no llega a todos de la misma manera. El jefe de la ONU recalcó que los estudiantes con discapacidades, los miembros de comunidades minoritarias o desfavorecidas, así como los refugiados y las personas desplazadas, se encuentran entre los que corren el mayor riesgo de quedarse atrás en materia de educación. Por otro lado, incluso aquellos que pueden acceder a la educación a distancia enfrentan desafíos dentro de sus propios hogares.

Por eso, Guterres advirtió que “estamos en un momento decisivo para los niños y jóvenes del mundo”. “Las decisiones que los gobiernos y los socios toman ahora tendrán un impacto duradero en cientos de millones de jóvenes y en las perspectivas de desarrollo de los países en las próximas décadas”, agregó.

Varios países que lograron mantener la propagación del virus a raya permitieron la reapertura de colegios entre mayo y junio, principalmente en Europa, sin que eso significara rebrotes que obligaran a cerrarlos otra vez. Sin embargo, en otras partes la situación fue más dramática, lo que ha intensificado la discusión en torno a la vuelta a clases.

En Israel, el gobierno apuró el regreso a clases de los estudiantes en mayo, confiando en que el país ya había superado la pandemia. Pero un aumento en los casos de Covid-19 obligó a clausurar más de 240 escuelas y a reconfinar a más de 22.520 profesores y estudiantes. En Seúl también tuvieron que volver a cerrar cerca de 200 colegios.

Pruebas y rastreo

En línea con lo sugerido por la ONU, los países están lidiando con la pregunta de cómo reabrir las escuelas de manera segura. Dos estudios publicados en The Lancet Child & Adolescent Health en los últimos días dan claves sobre las estrategias para el regreso al aula: pruebas ampliadas, rastreo efectivo de los contactos de aquellos que dan positivo, y aislamiento.

Uno de ellos, llevado a cabo por investigadores de Reino Unido, muestra que el efecto combinado de contagios en alumnos y padres sería suficiente para causar una segunda ola si no hubiera un programa efectivo de prueba y rastreo. El estudio indica que esta posible segunda ola podría evitarse siempre y cuando entre el 59% y el 87% de las personas sintomáticas de la comunidad se hagan la prueba en algún momento durante la infección, sus contactos sean rastreados y los contagiados sean aislados. Pero “sin una estrategia de aislamiento y de trazabilidad con cobertura suficiente, Reino Unido corre el riesgo de una segunda ola epidémica grave” en diciembre o febrero, advirtieron los investigadores.

El otro estudio realizado en Australia descubrió que a pesar de que las escuelas permanecieron abiertas en Nueva Gales del Sur entre fines de enero y principios de abril, los niños y profesores no contribuyeron significativamente a la propagación del Covid-19, debido a que existían buenas estrategias de seguimiento y rastreo de contactos de los casos positivos.

Y un último estudio publicado la semana pasada en la revista JAMA Network Open, sostuvo que si las universidades desean permanecer abiertas durante este otoño, los estudiantes deberían ser evaluados cada dos días, incluso con una prueba de baja calidad que detecta el 70% de los casos positivos de Covid-19.

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