La inventiva de Miró en 112 obras

Dibujos, óleos y esculturas del artista español se exhiben desde el 3 de agosto en el nuevo Centro de las Artes 660. Una muestra que refleja su interés por la materia y la experimentación.




Su obra navegó por mundos de ensueño, con personajes fantásticos de colores brillantes y símbolos arcaicos que aludían tanto al cosmos como a los seres mitológicos de las profundidades del mar. Sin embargo, cuando bajaba el pincel, Joan Miró podía ser el artista más pragmático y previsor de su generación. Nacido en 1893 y fallecido en la Navidad de 1983, Miró pasó gran parte del siglo XX produciendo una cantidad abismante de pinturas, dibujos, grabados y esculturas, que se empeñó en resguardar. Tenía claro que su legado no debía quedar desperdigado y a mediados de los años 70 creó en Barcelona, su ciudad natal, la Fundación Joan Miró con un gran fondo de obras catalogadas por él mismo. Aún le quedaba una década de trabajo.

"Creo que el interés por proteger su obra la heredó de su madre. Gracias a ella tenemos dibujos de Miró de cuando tenía ocho años, en los que ya se veía una sensibilidad especial por los colores. Nuestro acervo supera las 14 mil piezas", dice a La Tercera Rosa María Malet,  directora de la fundación y curadora de la muestra Joan Miró, la fuerza de la materia, que se abre a público el 3 de agosto en el Centro de las Artes 660, el nuevo espacio cultural de 14 mil metros cuadrados construido por Fundación CorpArtes en Rosario Norte 660, Las Condes.

Calificada por la curadora como una de las muestras más grandes que se han hecho en Latinoamérica con el trabajo del pintor, la exposición fue especialmente concebida para Chile y reúne 112 obras, que recorren desde sus inicios en el movimiento surrealista, pasando por su etapa de grabador en los años 40, cuando trabajó en Nueva York en el taller de William Hayter, hasta su producción de los años  70 y 80, cuando desarrolló esculturas a partir de objetos cotidianos. "No es la exposición más convencional de Miró. El público verá obras poco conocidas y que reflejan el interés de Miró por explorar técnicas diferentes", señala Malet, quien llegó a la fundación en los  80, cuando era una recién  egresada  de  la carrera de Historia del Arte. "Tuve la oportunidad de convivir con los Miró en su propia casa, ya que estuve trabajando en la distribución de su obra gráfica. Eran personas muy cercanas, Miró nunca tuvo aires de artista inalcanzable".

Además, a la inauguración de la muestra viene el historiador del arte Joan Punyet Miró, nieto del artista y quien está a cargo de velar por los derechos de sus obras.

GUERRA Y RATONERAS

Tildado por André Bretón como el "más surrealista de todos" sus seguidores, para Miró el atributo, más que un halago, era como un par de zapatos estrechos que no estaba dispuesto a calzar toda la vida. "Mucha gente, se refiere a mi estilo como surrealista, pero yo prefiero pensarlo como experimental. He creado muchas obras de arte y en diferentes medios", decía en 1968. Era cierto, del grupo surrealista donde estaba Tristan Tzara, Dalí y Max Ernst, Miró se desvinculó rápido por el apoyo incondicional que el grupo le dio al Partido Comunista. Miró no quería presiones políticas. Al contrario, lo que ansiaba era liberarse de toda atadura y convención, para llevar su arte a otros medios y lecturas.

A fines de los años 20, el catalán se abocó al dibujo y mucho al collage, y realizó sus primeras esculturas-objetos mezclando litografías con pedazos recortados de madera, que sorprendieron a la crítica y al público. El ejercicio llevó a Miró incluso a ser invitado a realizar los decorados para el ballet Jeux d'enfants, que se estrenó en 1932 en Montecarlo.

Sin embargo, con el drama de la Guerra Civil Española, Miró volvió a la pintura, con la que hizo su propio gesto político: en 1937, para el pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París, pintó El segador, una obra de gran formato, en la que un payés catalán empuña una hoz en actitud revolucionaria. Allí también estuvo Calder con la Fuente de Mercurio y Picasso con el Guernica.

"Era muy honesto con sus pensamientos políticos, tenía sentido de la justicia y sabía que un pintor podía transmitir con más sutileza y con igual potencia, aquello que el escritor si lo escribe o el político si lo dice puede generar conflictos", dice Rosa María Malet. Varias décadas después, en 1970, Miró donaría dos pinturas en apoyo al gobierno de Salvador Allende, que pertenecen hoy al Museo de la Solidaridad.

Dividida en cuatro etapas, la muestra incluye dibujos, aguadas, grabados, óleos y esculturas. Para la curadora, el trabajo más interesante es el de los años 30 y 40. "Allí se ve la importancia del trazo, cómo a los elementos más simples Miró podía sacarles una máxima expresividad. Su habilidad con el grabado es única, tenía mucha sensibilidad por el tacto y las superficies con relieve. Sus esculturas tienen un carácter más brutal e intenso", dice la directora de la fundación. Destaca una serie de 25 esculturas en bronce, que lograba ensamblando objetos cotidianos, como ratoneras, sartenes, lápices y cajas de sombreros.

"Obras desconocidas de Miró hay muy pocas. Su catálogo razonado está prácticamente acabado. Lo que queda es investigar en su técnica y contexto. Su obra cruza  casi toda la historia del siglo XX, incluyendo la Guerra Civil Española, la II Guerra Mundial y la Guerra Fría. Fue testigo, pero también partícipe a través del arte,  lo que lo convierte en referente ineludible", resume Malet.

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