Mauricio Alvarez, un tenista sin fronteras

A sus 25 años, ha recorrido los países más exóticos del mundo, en la búsqueda de ser un mejor deportista. Pese a ser 1.469º del mundo, sus metas siguen siendo las mismas.

 

Pocas personas pueden decir que a los 25 años han recorrido 32 países haciendo lo que más les gusta. Pero hay. Esta es la historia de Mauricio Alvarez (1.469º), un tenista chileno que ha dado la vuelta al mundo en busca de su sueño: llegar a lo más alto del circuito. Para cumplirlo ha pasado por exóticos países como Ghana, Burundí o Ruanda, donde esta semana intervino en el Futuro 2.

Nacido en Newcastle, Inglaterra, mientras su padre realizaba un doctorado en hidráulica, criado en Ñuñoa y estudiante en Quinta Normal, Mauricio siempre estuvo ligado al tenis, pero recién a los 12 años comenzó a tomarlo como una opción real. En este paso, su familia fue importante, pues hasta hoy siempre lo apoyó.

“Estudiaba en el Instituto Alonso de Ercilla, que está muy cerca del Club de Tenis de la Universidad de Chile y del Club Mundial. Entonces, me iba todas las tardes a jugar. Aunque me gustaba jugar a la pelota, sabía que me destacaría más jugando tenis. Así fue como un día se hizo un torneo femenino y había un entrenador australiano que jugó conmigo y me vio futuro. 

Me llevó un par de veces a entrenar a su academia en Miami”, recuerda. Con esfuerzo se metió entre los 10 mejores tenistas del país en su categoría. No obstante, su progresión fue tardía. “Fui quemando etapas a una edad avanzada. Además, tuve muchos cambios: pasé de tener derecho y revés a dos manos a tenerlos a una”, reconoce.

Asimismo, su vida dio un giro al abandonar las aulas para rendir, primero, exámenes libres y, luego, completar la enseñanza media en un curso especial en el colegio Concordia con otros deportistas en su misma situación.“En esa época estaba en la academia TSP, y conocí a varios jugadores como Hans Podlipnik, Guillermo Hormazábal. Me dirigían Juan Pablo Abarca y Arturo Palma, con quien viajábamos a las giras”, comenta.

A los 17, partiría a entrenar a Buenos Aires, con Hernán Cerro, a quien conoció en Centroamérica: “Allá viví la parte motivacional que no había en Chile. Por fin no me sentía uno más del montón”.El continente negroEn 2007, Mauricio se dio cuenta que podía llegar a cualquier parte en busca de su sueño. Así comenzó una gira por Africa, donde jugó torneos en Nigeria y Ghana. “Esa vez nos fuimos en avión desde Sao Paulo hasta Johannesburgo y luego a Lagos y Benin City, en Nigeria. En esa última parte iba con un cagazo grande, porque el avión no era de una aerolínea. Pero llegamos bien a un aeropuerto local, que parecía terminal de buses. A partir de ahí perdí el miedo. Fui un aventurero”, confiesa.

En esas lejanas naciones conoció la realidad de las clasificaciones, que “lejos son lo más duro del tenis, donde no eres nadie”. Después de este viaje, disputó torneos por Europa gracias a su pasaporte comunitario. Luego, vinieron torneos en Venezuela, donde se replanteó su futuro. Ingresó a estudiar ingeniería comercial en la Universidad Diego Portales. “Quería aparecer en el ranking y eso me iba comiendo la cabeza. Tenía 19 años y no sumaba puntos. Más encima, mi papá se esforzaba por financiarme a través de su empresa de ingeniería. Pude irme a California a estudiar becado, pero no quise”, apunta.

Seis meses después estaba de vuelta. “No me veía como ingeniero comercial y me encontré con mi entrenador de niño, quien me dijo que yo era un jugador de tenis. Eso me motivó”, relata.

A su retorno, inició una gira por Ecuador. “Me salió casi gratis, porque tenía kilómetros acumulados. Ahí fue increíble, porque sumé mis primeros dos puntos, cuando le gané a Iván Endara y llegué a cuartos de final. Fue un momento increíble”. Desde ese momento siempre ha tenido ranking ATP.

A partir de este despegue vinieron más unidades y la posibilidad de jugar interclubes en Alemania y Suiza. Un club de Berlín le pagó 4.400 euros (US$ 5.700) por cinco semanas, más que todo lo que había ganado en su carrera. Este dinero y el de las clases que realiza le permitieron financiar su carrera y volver tres veces más a Africa. Por otra parte, fue becado por el coach español Miguel Obradors, con quien ha logrado su mejor tenis. Incluso, a partir de mañana subirá unos 100 lugares, para ubicarse cerca del puesto 1.350.

En Alemania conoció a su novia en Munich, donde defiende al TC Blutenburg, mientras seguía el debut de Chile en Sudáfrica 2010. ¿El retiro? “Mi meta es seguir sumando y jugar algún día Roland Garros. Y para lograrlo, debo seguir adelante. El tiempo dirá cómo termina esta historia y lo mejor es que depende de mí”. 

 

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