Boric: dudas razonables




Es probable que Gabriel Boric sea el más sorprendido con la posición que ocupa en la carrera presidencial. Con cortos 35 años, el abanderado de Apruebo Dignidad se sitúa en la pole position para llegar a La Moneda. Sin duda el diputado había trazado un plan que tenía como destino llegar a disputar la Presidencia de la República, pero la oportunidad se le ha presentado más temprano de lo que seguramente proyectaba. Por lo mismo, existen dudas legítimas acerca de si se encuentra preparado para asumir el desafío.

Su juventud es hoy un activo electoral, pero será un problema en caso de llegar al poder. La falta de trayectoria le pasará la cuenta si ejerce el cargo, que demanda tomar decisiones basadas en la intuición y la experiencia. Resulta claro que Boric posee una vocación genuina y virtudes personales poco frecuentes en la fauna política, como la disposición al diálogo y cierto nivel de autocrítica. La pregunta es si eso basta para transformarlo en un líder que se imponga en momentos difíciles y para compensar su escasa preparación.

Hay dudas razonables en torno a estas cuestiones cruciales. Las declaraciones del candidato dejan entrever dificultad para entender los procesos económicos que, en buena medida, condicionan la viabilidad de las iniciativas que pondría en práctica si constituye gobierno. Se trata de una falencia que parece surgir del desprecio que su sector siente por el economicismo “neoliberal”. Ha tratado de suplirla con respuestas aprendidas de memoria que recita cuando es interrogado en temas que le son incómodos. Pero eso no alcanza. Pese al maquillaje, el manejo insuficiente se le nota. Es revelador de algunas inseguridades propias de su breve recorrido que no reconozca sus limitaciones y trate, en cambio, de aparentar lo que no es, en un intento vano por demostrar conocimientos de los que carece.

Otro cuestionamiento lógico es la naturaleza del vínculo con su socio de coalición. El Partido Comunista es un aliado diestro y díscolo a la vez, hábil para imponerse aun cuando sea minoritario. Existe el riesgo de que el PC termine engullendo a un Boric inexperto, maniatándolo o manejándolo. La voluntad inclaudicable de los comunistas queda de manifiesto en la Convención Constitucional, donde, pese a contar con apenas siete convencionales, controla un bloque que supera el tercio de los miembros de la entidad y se plantea como rival del sector que encabeza el Frente Amplio. Se da entonces la curiosa situación de que los aliados en la carrera presidencial y parlamentaria son adversarios en la CC. Eso augura una convivencia difícil en caso de que Apruebo Dignidad gane, y obliga a preguntarse cuál es el liderazgo real que Boric ha construido en la coalición con la que aspira gobernar.

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