Duele Chile

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Cuando llegaba la noche, desconocidos incendiaron la Parroquia de la Veracruz, en el barrio Lastarria.



SEÑOR DIRECTOR

Las últimas semanas han sido muy intensas para todos quienes vivimos en nuestra patria. La intolerancia y la irracionalidad se han tomado las calles de diversos barrios, atemorizando a los vecinos y todos quienes quieren vivir en paz y armonía. En los últimos días hemos podido conocer actos de barbarie y vandalismo contra iglesias y templos en Santiago y regiones, afectando a diversos credos y religiones. La semana pasada fue ultrajada y asaltada la parroquia de la Asunción, violentando su mobiliario y símbolos religiosos, y ayer conocimos el ataque, incendio y destrucción de la Iglesia de la Veracruz -monumento histórico de 1852-, ambos lugares de fe, encuentro y oración, que le pertenecen a las comunidades del sector y al pueblo de Chile. Estos actos de violencia atentan contra lo más sagrado que tenemos los que compartimos la fe en Jesús, como es la casa del Señor.

La población ha presentado, a través de protestas pacíficas masivas, el dolor de la inequidad, de los abusos y de la precariedad en muchas áreas de la sociedad. Sin embargo, un grupo minoritario ha empleado la violencia como método para amedrentar e infundir temor, lo que es condenable y debe ser reprobado con fuerza por todos los actores políticos y líderes de la sociedad. Esta reprobación y condena lamentablemente no la hemos visto con la necesaria convicción que esperan nuestros habitantes y el país.

Duele Chile, porque se ha perdido el respeto a la dignidad de la persona. Duele Chile, porque los valores sagrados son atacados con odio y violencia. El dolor de Chile nos llama a rezar y a actuar por el presente y futuro del país. Porque Chile duele, nuestro llamado es a trabajar por la paz y por la unidad nacional.

Ignacio Sánchez D.

Rector Pontificia Universidad Católica de Chile

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