Greta antes de Greta

Greta




Después de iniciar su huelga frente al Parlamento de Estocolmo en 2018, la joven de 16 años se convirtió en símbolo de la causa. Elegida como una de las “líderes de la futura generación” por Time, Greta viene a Chile por la COP25. Todo empezó el 20 de agosto de 2018, cuando Greta Thunberg se sentó sola por primera vez delante del Parlamento sueco para iniciar una huelga diaria hasta que el gobierno cumpliera con el compromiso de recorte de emisiones del Acuerdo de París contra el cambio climático. “¿De qué sirve estudiar para el futuro si ese futuro parece que no va a ser?”, justificó. A partir de ahí, la joven activista sueca, hoy de 16 años, logró erigirse en todo un símbolo de la causa. Así, pasó de ser una desconocida a movilizar al Parlamento de Estocolmo, a crear el movimiento mundial Friday’s For Future, a asistir a la Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU en Polonia y a participar del Foro Económico Mundial de Davos. Su intervención en este último evento, en enero, no pasó desapercibida. “No quiero su esperanza, quiero que empiecen a entrar en pánico”, lanzó en su discurso. [caption id="attachment_831904" align="alignnone" width="600"]

La activista climática sueca Greta Thunberg habla en la Cumbre de Acción Climática organizada por la ONU en Nueva York el 23 de septiembre. Foto: Reuters[/caption] Hija de Malena Ernman, una de las cantantes de ópera más famosas de Suecia, y de Svante Thunberg, un actor y autor (llamado así por Svante Arrhenius, el científico ganador del Premio Nobel que en 1896 calculó por primera vez cómo las emisiones de CO2 podrían provocar el efecto invernadero), Greta era excepcionalmente brillante: estudió piano, ballet y teatro. Pero todo cambió cuando vio películas en su escuela sobre el derretimiento del Ártico y el destino de los osos polares y los mamíferos marinos hinchados con plástico. “A todos (mis compañeros) les importaba y pensaban que era terrible. Pero luego todos pudieron dejarlo atrás, pero yo no pude. Me sentí muy sola y luego me deprimí mucho. Dejé de comer y dejé de ir a la escuela”, comentó la propia Greta a

La Tercera

, en una entrevista en mayo. En efecto, cuando tenía 11 años sufrió un episodio de depresión severa: solo hablaba con su familia y con su profesora, Anita von Berens. Unos meses después, Greta y Beata, su hermana menor, fueron diagnosticadas con Asperger. “Padecer este mal hace que vea el mundo de otra forma, o blanco o negro, y la cuestión del clima es una de ellas”, explicó al canal público sueco SVT. [caption id="attachment_781721" align="alignnone" width="600"]

Greta junto a su padre, Svante Thunberg, y el capitán alemán Boris Herrmann. Foto: Reuters[/caption] Presionada por las hijas, la familia acabó superando la crisis con un cambio significativo en su modo de vida y un compromiso colectivo de lucha contra el cambio climático, según confiesa en el libro Scener ur hjärtat (Escenas del corazón), escrito conjuntamente por sus cuatro miembros a modo de terapia y cuya publicación levantó suspicacias, ya que coincidió con el inicio de las huelgas de Greta. Pero ya en 2015, en el marco de su cruzada, Greta había dejado de volar en aviones por su huella de carbono, y un año después su madre hizo lo mismo, renunciando a una carrera internacional. La familia instaló baterías solares y comenzó a cultivar sus propios vegetales en una parcela fuera de Estocolmo. Además, se trasladan en bicicleta. El auto eléctrico solo lo usan cuando es necesario, según The New Yorker. Elegida Mujer del Año en Suecia por el tabloide Expressen y una de las “líderes de la futura generación” por la revista Time, Greta ha dicho que se inspiró en las movilizaciones de los estudiantes de Florida, quienes salieron a las calles en 2018 para exigir un mayor control de armas tras el tiroteo en una escuela de Parkland, que dejó 17 muertos. [caption id="attachment_831203" align="alignnone" width="600"]

Greta Thunberg marcha junto a otros jóvenes durante la Huelga Climática Global el 20 de septiembre en Nueva York. Foto: AFP[/caption] La fama de Greta, sin embargo, ha llegado acompañada de polémicas. El activista sueco Ingmar Rentzhog la invitó a formar parte de la directiva de su fundación sobre temas climáticos, pero usó sin su permiso su nombre para atraer inversionistas, lo que provocó que la joven acabara abandonándola. Incluso, según The Sunday Times, su éxito ha sido impulsado por grandes lobbies y empresas energéticas verdes que la utilizarían como punta de lanza para “facilitar la transición al corporativismo verde”. “No voy a dejar que eso me detenga, porque sé que esto es mucho más importante”, retruca Greta, quien hizo un alto en sus clases en agosto para viajar en un velero ecológico a EE.UU. Al respecto, su equipo de comunicaciones dijo a este medio que la joven “reanudará (las clases) el próximo año en la etapa que dejó antes del año sabático, por lo tanto, no se perderá ningún componente de su educación”. Sobre Donald Trump, un declarado negacionista del cambio climático, Greta ha dicho que “no está segura” de reunirse con él. “No creo que él escuche ”, dijo a La Tercera. Y de cara a su visita a Chile, con motivo de la COP25 en diciembre, la joven comentó su impresión del país. “Sé que es extremadamente largo. La naturaleza es muy hermosa. Algunas fotos de Santiago fueron realmente maravillosas”.

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