El papá de Alberto Montt (46) adoraba los perros, por eso determinó que un can sería la única mascota que tendrían. Sin embargo, sus tías pensaban diferente. De hecho, todo lo contrario: amaban a los gatos. Fue en esas recurrentes visitas familiares que Alberto Montt interactuó con felinos. Con muchos. Y fue una de sus tías quien le enseñó a dibujar su primer animal. ¿Adivinas? Sí, un gato. De aquella experiencia personal, el ilustrador chileno sacó la idea de hacer un libro dedicado a aquella especie que considera "alucinante". Si bien han sido parte de sus viñetas en varias oportunidades, no habían sido protagonistas de un libro. Dios y Diablo, son sus personajes recurrentes, así como algunos que hayan su origen en la cultura pop como Star Wars, Game of Thrones, Disney o los Looney Tunes. Incluso su hija Laura (8) fue una de sus protagonistas junto a un pequeño dinosaurio de peluche -Laura y Dino-. Pero Montt no gusta de aquellas historias de humor demasiado simple. Por lo mismo no disfrutaba de leer Condorito ni gozaba al ver El chavo del 8. "Me molestaba mucho la repetición, episodio a episodio era siempre lo mismo. No lograba conectarme con los chistes, ni con los personajes. Siempre me pareció raro ver a los adultos actuando de niños. Me daban susto, eran muy creepy", dice a Culto una mañana en su casa. Más allá de una risa pasajera hija del efecto "meme", lo que Montt busca es algo más cercano al efecto Mafalda: dibujos cuyo mensaje generen un cambio, por mínimo que sea. "Lo que pretendo con las viñetas es que la gente diga a lo sumo 'ahh, mira, es una buena idea'. Eso para mí ya es un éxito. Que alguien pueda relacionarse con una idea tuya, y sentir que fue buena, que le sorprendió, que le dio una nueva mirada o incluso que ya la había pensado, para mí eso es alucinante". Entre bosquejos, lápices desparramados y viñetas enmarcadas en las paredes, Alberto Montt nos recibe para hablar de gatos, ilustración, vocación, su amistad con el argentino Liniers y, sobre todo, humor gráfico.

-En Solo necesito un gato relatas que tu padre era doglover, pero tus tías eran amantes de los gatos, ¿tú cómo te declaras?

No soy doglover, diría que soy más catlover sin volverme loco. Me fascinan los gatos, pero no tengo. No he tenido gato los últimos 20 años. Cada día me dan ganas de tener un gato y cada día digo "no, no tiene sentido porque paso viajando". Ahora me dan más ganas de tener un gato por Laura y que ella crezca en compañía de esos bichos que encuentro alucinantes. Los perros están bien, pero no me emocionan. No vibro viéndolos ni jugando con ellos. Cuando veo un pug me dan ganas de pisarlos, eso no me pasa con los gatos. Quizás uno persa, que tienen cara de haberse golpeado con un vidrio. Me gustan los animales en general y los gatos específicamente. No soy un doglover, pero tampoco un dog hater. No tendría uno, apestan.

-¿Cúanto te demoraste en hacer el libro y cómo fue el proceso creativo?

Fue muy rápido, el libro lo hice en un mes. Hay muchos datos que los sabía, otros que los averigüé y los conversé, muchos datos son reales, otros son poco corroborables, pero lo que me gustó de la idea de un libro sobre gatos en principio era justamente eso, jugar con la mitología que se crea alrededor de los gatos. Desde datos absolutamente extraños hasta todo el rollo religioso, egipcio, la nota esotérica que tiene con las brujas. De hecho no está ahí, debí haberlo puesto. Lo hice tan rápido que ahora en el transcurso de las entrevistas me he dado cuenta que habían muchos datos que me hubiese gustado poner y que se me fueron, porque tenía una ansiedad por sacarlo que parece que tendré que hacer un volumen dos. Dibujé para el libro, siempre dibujo gatos, viñetas con gatos, gatos para subir a las redes. Pero esta vez fueron dibujos para el libro y también traté un poco de cambiar el registro. Son dibujos mucho más sueltos, pintados a la rápida, más torpemente, sin buscar la perfección. No es que dibuje perfecto, pero tengo un estilo que trato de seguir al pie de la letra, y en este caso no lo hice, iba haciendo lo que me salía. De hecho hay varios estilos dentro del libro.

-¿Cuáles son tus revistas de humor favoritas?

Mafalda porque puede ser leída en muchos niveles y puedes relacionarte con lo que está contando Quino en distintas etapas de tu vida. Si eres muy chico lo lees desde esa visión, si eres más grande, un poco más crítico, entonces tiene tantas variables y tantas posibilidades que me parece lo más complejo. Además que no pasa de moda, sigue vigente -lamentablemente- hasta ahora, más de 40 años después.

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Viñeta de Diablo y Dios.[/caption]

-Si no fueses ilustrador, ¿a qué te hubieses dedicado?

Siempre quise ser biólogo marino, pero por A o B razones, no me resultó. Siempre fue la biología o las leyes lo que me llamaba la atención. Terminé siendo diseñador en contra de todas mis expectativas y fue como que el mundo me llevó por un camino y nunca salí. Al diseño no le tengo ningún cariño, pero a la ilustración absolutamente. Entonces mi sensación es que al final no hice nada y terminé dibujando porque es lo que hacía, siento que nunca llegué a tener una carrera, sino que seguí haciendo lo que hacía de chiquito y no me llegaron los estudios. Como si no hubiese cambiado nada de mi vida o no incorporé ningún conocimiento nuevo. La ilustración siempre estuvo ahí.

-¿Tienes una rutina o método para trabajar?

No hay una rutina o método, llega una idea y la anoto. Lo cual es terrible porque significa que a veces me levanto a las 4 de la mañana a trabajar y al mismo tiempo me permite no aburrirme con una rutina. Todavía no estoy seguro si es muy bueno o muy malo. Funciona, pero siempre tengo sueño.

-¿Qué te hace reír?

Muchas cosas cosas me hacen reír, no muchas me hacen reír para afuera, pero muchas me hacen reír para adentro -con el "jajaja" que tecleas-. Me hace reír mucho el humor que tiene que ver con los dolores, ese humor que toma aquello que a uno le duele y lo transforma y convierte, le da una mirada diferente. Incluye la muerte, el desamor, la violencia... Me gusta cuando la gente logra hacer humor con esos temas, que no es reírse de los temas, es reírse de una construcción de una idea nueva sobre esos temas. Eso es lo que generalmente me da mucha alegría y admiración, porque lograrlo no es fácil.

-¿Qué le dirías a Laura si te dijera que quiere ser ilustradora como tú?

Olvídalo, te quedas en la Facultad de Medicina hasta que yo diga.

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Viñeta de Dino y Laura.[/caption]

"El hermano que nunca quise"

-¿Recuerdas el día en que conociste a Liniers? Entiendo que primero fuiste su fan, ¿cómo fue?

Mi Robin, dejémoslo así (ríe). Fue terrible, porque me lo presentó una amiga en común, una ilustradora que se llama Isol, que es una grosa, y yo ya conocía las cosas que hacía Liniers. Comencé a hacer viñetas 8 años después que Liniers, o sea Liniers ya era un rockstar cuando yo comencé. Isol me dio su mail y le escribí. Eso fue hace unos 13-14 años. Bueno, llegué a su casa, me recibió muy amable, me regaló merchandising, me dijo "bueno, chao". Para él fue recibir a un fan en la casa. Entonces fui, me despedí, y para mí fue el día que conocí a Liniers, pero él no se acuerda obviamente porque yo era uno más de los pelotudos que llegan, con la diferencia que yo llegaba recomendado por esta amiga. Entonces siempre nos reímos de eso porque cuando nos preguntan cómo nos conocimos él no se acuerda y yo claramente me acuerdo, porque iba a ver a un rockstar.

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Ricardo Siri "Liniers" y Alberto Montt.[/caption]

-¿Y cómo pasaron del fanatismo a ser amigos y luego a convertirse en una dupla de trabajo?

Fue súper fácil porque la segunda vez que lo vi fue en Chile. Él estaba firmando libros y yo llegué a su presentación de libros. Le dije "hola" y él me puso cara de "te conozco de algún lado". Le dije que nos conocimos y se acordó de aquella visita y conocía mi trabajo. Ese día salimos, justo al cumpleaños de una persona en común, porque el mundo es muy chiquito, y en el camino fuimos conversando. Creo que a los primeros 8-10 minutos de conversación, fue como "¡somos amigos!", y esto sí es algo que compartimos en el discurso: nos hicimos amigos muy rápido. Porque de repente eran las mismas... ¿viste esa gente que tiene una cantidad de bagaje histórico que es casi como si fuera la misma persona, pero al mismo tiempo tienes las suficientes diferencias para que no sea un clon? Fue eso. Nos reímos mucho. Después cada vez que yo iba a Argentina él presentaba mis libros y yo presentaba los de él acá en Chile. O si nos encontrábamos en México paseábamos juntos. Entonces fue una amistad que se fue dando muy rápido, pero al mismo tiempo muy sólida, porque íbamos haciendo cosas. Cuando te encuentras con la misma persona 68 veces en distintos países, se comienza a generar una hermandad, hasta el punto en que se convierte en el hermano que nunca quise.

"Cuando leo a Quino ya no soy el mismo de 5 minutos antes"

-En más de una viñeta en redes sociales te has pronunciado sobre el estallido social, ¿cómo lo has vivido? ¿Has ido a las marchas?

Cuando estalló todo yo estaba en Kioto, estuve hasta la primera semana de noviembre fuera de Chile, entonces mi participación fue pura ansiedad en el hotel. Estar conectadísimo a redes, sacando lo que tenía que sacar en las viñetas. Esa fue mi marcha, lo que pude hacer y sigo haciendo. Sigo opinando a través de mis dibujos, que hoy en día es mi mejor plataforma.

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Viñeta en torno al estallido social.[/caption]

-Banksy dice que "el arte debe consolar a los perturbados y perturbar a los cómodos", ¿estás de acuerdo?

Sin duda, si el arte no te confronta... o no sé si el arte, vamos al humor que es lo que me concierne. Si el humor no te confronta contigo mismo y con lo que piensas, ¿para qué? Lo otro son solo chistecitos, que está bien, pero el humor que disfruto profundamente, el que intento hacer y que logro una vez cada 60 viñetas o más, es ese humor que de una u otra forma te invita a cuestionarte. Veo mucho humor sencillo y simple en redes, que está bien que exista, pero no lo disfruto porque después de verlo, al rato estoy en otro sitio. Pero cuando leo a Quino, me pasa que una vez que leo una de sus viñetas ya no soy el mismo de 5 minutos antes. Eso para mí tiene un valor incalculable. A eso apunto, allí es donde quisiera ir. A lograr algo que de alguna u otra forma toque a una persona que lo lee, que 5 minutos después, es otra.

-¿Crees que existe un límite para el humor?

Creo que hoy, más que nunca, se necesitan borrar los límites del humor. Primero hay que hacer una distinción entre humor y bullying. Una cosa es hacer humor con algo y otra cosa es reírse de ese algo, son cosas totalmente distintas. Creo que cuando el humor está bien construido, no se burla de las cosas, sino que hace chistes utilizando esas cosas. Por ejemplo, si hay un chiste usando la muerte de niños, hay que ser idiota para entender que me estoy riendo de que mueran niños. A través de eso quizás estoy hablando de la violencia, de la prepotencia, del daño por parte de un Estado, qué sé yo. El humor es complejo y hay que decodificarlo. En esa falta de decodificación hay una pérdida en la traducción de información, donde puede haber susceptibilidades heridas. A mí me da lo mismo. O sea mis susceptibilidades se hieren todos los días y no por eso voy a prohibir que la gente hable de tal o cual cosa, que es totalmente distinto a prohibir derechamente los discursos de odio. Creo que no hay límites en el humor, hay calidades del humor.

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Viñeta de Alberto Montt.[/caption]

-¿En qué estás hoy?

Estoy trabajando en un libro con una amiga, sobre un unicornio malvado en un libro para chicos muy chicos, y estoy terminando una recopilación de En dosis diarias. Son los cinco primeros volúmenes, un "Grandes éxitos" más una colita extra. Eso yo creo que va estar el primer trimestre de 2020.