La historia de Moby (Nueva York, 1965), al menos hasta hace diez años, era bastante conocida: nacido en Harlem, hijo de una secretaria y de un profesor de química que le dio su apodo en homenaje a Herman Melville –autor de Moby Dick y supuesto ancestro familiar– y que luego murió borracho en un accidente cuando este tenía sólo dos años, Richard Melville Hall vivió una infancia de pobreza y abusos, seguida de una adolescencia donde experimentó en diversos grupos de punk antes de encontrar cierto reconocimiento como DJ en los 90 y el éxito absoluto a fines de esa década con Play (1999), el disco superventas que lo convirtió en estrella mundial y llevó su música a películas, series de televisión, comerciales, giras planetarias y duetos con las celebridades de la época. Si la electrónica hoy en día llena estadios es en gran parte gracias a él.

Pero luego de otro par de álbumes de considerable impacto (18 de 2002 y Hotel de 2005), la carrera de Moby comenzó a abandonar la masividad. Tras un periodo de dependencia de las drogas y el alcohol acompañado de intentos de suicidio vino su retiro de los grandes escenarios –desde 2014 que no sale oficialmente de gira–, una saga de álbumes experimentales de corte ambient y fines terapéuticos –uno de estos de casi cuatro horas de duración–, una consistente labor de activismo pro animalista y vegano y un proceso de auto-revisión que materializó en dos autobiografías publicadas en los últimos cinco años.

Si bien el último de esos libros acaparó más titulares por un desmentido de Natalie Portman –quien negó haber sido pareja del artista, como este afirmó en sus páginas– que por su éxito editorial, nada pareciera alterar el estado zen y el aura de gurú que transmite Moby hoy, a sus 55 años.

“Por más extraño que pueda sonar, prefiero estar sentado en mi patio comiendo pizza vegana y tocando covers de Neil Young con un par de amigos, que estar de gira y pararme sobre un escenario frente a 100 mil personas”, reconoce el músico desde su casa en Los Angeles, la ciudad a la que se mudó hace doce años.

Tras dos décadas de festivales, eventos y seis nominaciones al Grammy, Melville sortea la pandemia en una suerte de cautiverio feliz, sacando música a ritmo frenético desde el estudio que tiene en su casa, ocupado en labores domésticas, campañas benéficas y nuevos proyectos en los que repasa su propia historia. “En cuanto a experiencia pandémica, creo no tener nada de qué quejarme realmente”, reconoce desde el otro lado de la videollamada. “Me sentiría de una manera muy distinta si esto hubiese pasado hace 20 años, antes de que me volviera sobrio. Estaría muy frustrado ante la imposibilidad de salir. Pero ahora que estoy viejo y aburrido me alegra bastante poder quedarme en la casa”.

Desde la comodidad de su hogar Moby presenta sus nuevas propuestas. Entre ellas, Reprise, un ambicioso disco liberado el viernes en el que reinterpreta los éxitos de su discografía junto a la Budapest Art Orchestra e invitados estelares como Mark Lanegan y Kris Kristofferson, en su primer lanzamiento al alero de Deutsche Grammophon. Otro sueño cumplido para el artista neoyorquino, que en su adolescencia trabajó en una disquería neoyorquina ordenando álbumes del histórico sello alemán de música clásica.

“Yo nunca realmente esperé tener una carrera como músico. Cuando era chico mi idea era hacer música en mi tiempo libre y enseñar filosofía en alguna universidad, pero que nadie en realidad escucharía alguna vez mi trabajo. Y es divertido darme cuenta después de todos estos años que tuve esta carrera tan extraña y sorprendente, que me lleva ahora a sacar este disco con el sello más antiguo y respetado del mundo”, comenta.

El ejercicio auto exploratorio no queda allí, ya que junto al nuevo LP el autor de Porcelain estrena una película que califica de “documental autobiográfico surrealista” (Moby Doc) y que ha desconcertado a la crítica, en la que repasa su vida, obra y traumas entre pasajes animados, recreaciones, abundante archivo y registros junto a amigos como David Lynch y David Bowie. “¿Por qué diablos querría hacer un documental sobre mí?”, pregunta el músico al inicio del metraje. “La razón por la que he escrito dos memorias, por la que hice este documental, es simplemente como una forma de tratar de compartir mi experiencia de haber tenido una extraña vida humana”, explica ahora a Culto.

¿Considera que su carrera musical y el éxito que alcanzó en su momento fue algo accidental?

Oh sí. Desde mi punto de vista, cada parte de mi carrera como músico ha sido accidental y no planeada. De hecho, han habido momentos en que he intentado planificar cosas y todo ha terminado mal. Nunca imaginé que haría discos, que saldría de gira, nunca imaginé que saldría de Estados Unidos, porque mi familia era muy pobre y asumí que pasaría toda mi vida en Nueva York. Ni en mis sueños estaba la idea de tocar frente a una gran multitud. Todo ha sido accidental y sorpresivo.

¿El objetivo de este nuevo documental es relatar esa experiencia personal, mostrar que cualquiera puede superar sus adversidades y cumplir sus metas? ¿De dónde surge esta necesidad de contar su propia historia en libros y películas?

A medida que pasa el tiempo me he ido dando cuenta que me encanta escuchar la historia de otras personas, especialmente si alguien ha tenido experiencias interesantes, de las que han aprendido algo. Y si están dispuestos a ser honestos me fascina poder escucharlas. Como te decía, mi vida ha sido muy distinta a lo que imaginé que sería y espero haber aprendido algo de los errores que he cometido. Está esta creencia de que la fama o la riqueza arreglarán nuestra condición humana, pero la evidencia dice lo contrario: todos vamos a experimentar los aspectos principales de la condición humana, independiente de nuestro estatus socioeconómico, nuestra nacionalidad o género. Todos nos enfermamos, todos perdemos a la gente que está alrededor nuestro y todos morimos. Y ninguno de nosotros sabe cuán significativa fue nuestra vida. Son temas confusos y yo quería compartir con el resto la forma que he encontrado para enfrentarlos.

¿Hay algo de lo que se arrepiente especialmente al revisar su carrera?

He cometido tantos errores a nivel musical, artístico, profesional, personal... y creo que eso aplica para todos. Pero a la vez estoy muy agradecido de dónde estoy ahora y esa perspectiva es el resultado de la experiencia. Si eres agradecido de esa perspectiva tienes que agradecer también todas las experiencias que te llevaron a esa perspectiva, incluso si esas experiencias fueron terribles.

¿Cuál es su relación actual con la industria musical? ¿Volver a los ránkings y a los premios es algo que está todavía entre sus prioridades?

Hace como 14 años tuve una revelación. Vi una entrevista que dio David Lynch en Inglaterra donde dijo algo que es tan simple y tan cierto. Dijo: la creatividad es hermosa. Y en ese momento me di cuenta que tenía razón. Me gusta el negocio de la música, el mundo del entretenimiento, pero la única cosa en la que me debo enfocar es en la música. En el momento en que me empiezo a preocupar de lo comercial o de los ránkings es cuando pierdes un tornillo.

Hay músicos que son realmente buenos en pensar en ránkings y cifras de streaming, pero yo no soy una de esas personas. Afortunadamente mi trabajo es ir al estudio, tratar de hacer música que me guste y esperar que a alguien más le guste también.