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Pablo González (47) nunca ha visitado Richmond, pero acordó junto a un amigo que a las 18.00 horas de este jueves de julio se encontrarán sobre sus calles y correrán por el mismo circuito que en 2015 albergó el Mundial de Ciclismo de Ruta. El ex ciclista profesional lleva casi cuatro meses de una estricta cuarentena y no la romperá por viajar a Virginia (EE.UU.) para cumplir el desafío. Muy por el contrario: lo hará desde la intimidad del living de su hogar, solo mirando la televisión durante las horas que demore en pedalear los 262 kilómetros de prueba. “Haremos la misma ruta, pero a través de un sistema de realidad virtual llamado Zwift”, explica.

Desde que comenzó el confinamiento, las pantallas –de la TV, celulares o computadores– se han transformado en una nueva extensión de la realidad, algo así como una ventana a un mundo lleno de interacciones y donde están todos, justo cuando el distanciamiento social es la norma de rigor. Y el entrenador del equipo Road Runners se ha hecho de ellas para continuar dictando sus clases, ahora de manera remota.

“Ha sido algo genial, porque pese a no poder entrenar todos juntos como antes, las nuevas tecnologías permitieron seguir haciéndolo”.

Pablo González

Un estudio de Fieldworks Consultores y Samsung Chile, realizado en junio, confirmó la importancia que las pantallas han tenido para todos durante la pandemia. Desde lo fundamental, como el teletrabajo o los estudios, comunicarse con familiares o amigos, realizar las compras del hogar y hasta tomar clases de yoga (aumentaron al doble, según una encuesta Sparta y Cadem), nunca se estuvo tan atento a lo que una pantalla podría mostrar.

“Desde el comienzo de la crisis sanitaria, hemos observado un aumento sostenido en el tráfico de datos en el segmento residencial, oscilando entre 35% hasta el doble respecto al tráfico promedio previo al confinamiento”, reconoce Alfonso Emperanza, director de Claro Chile. “La mayor cantidad de conexiones y tráfico de internet se producen, en general, los viernes y sábados. Si bien antes el aumento en fines de semana era muy notorio, ahora la curva se aplana por los mayores consumos en los días entre semana”, profundiza. En su compañía, el principal aumento horario de descargas es desde las 16.00 a las 23.00 horas.


Las cifras son contundentes. Según la Subtel, durante marzo y abril de este año solo el consumo de redes sociales creció un 103% (87.068 terabytes más), mientras que el total de datos en internet aumentó en un 114,4% (902.860 TB). Hasta para aquellos que no era tan habitual, mirar un monitor comenzó a ser una acción diaria. Según una primera encuesta, 55% ayudó a un conocido a utilizar alguna red social para mantenerse en contacto.

Youtube y Whatsapp, eso sí, fueron las aplicaciones que más aumentaron su consumo, llegando a más del 70% de la población, siendo las redes sociales más utilizadas, de acuerdo a un sondeo de Kantar.



“Es algo normal”, dice la psicóloga Paula Hernández. “Las redes sociales o cualquier estímulo que se pueda conseguir a través de una pantalla pasa a ser un refugio para las personas que están viviendo en cuarentena. Antes, teníamos muchas formas de evadir nuestros problemas, en cambio, ahora las personas deben vivir una vida introspectiva, ya que se ven enfrentadas a mucho más tiempo a solas”, explica.

Por la pandemia, Hernández –así como un número significativo de especialistas de todo tipo– también debió trasladar su consulta a este nuevo escenario, algo que a estas alturas le resulta natural.

“Se logran incluso otras conexiones, más íntimas, porque las personas están hablando, pero desde sus hogares”.

Paula Hernández

Bajo su premisa, no es casualidad que durante los últimos meses el tiempo en videollamadas de WhatsApp aumentara en más de 1.000%, según el último informe Earning Calls de Facebook, o que las ventas en computación aumentaron 317% en Mercado Libre, o que un 205% en las ventas online de este ítem según la consultora Nielsen.

Un manual para todo

En este presente casi orwelliano, la oferta de contenidos es infinita. De acuerdo a la encuesta Sparta-Cadem, un 62% de los chilenos consultados dice haber visto o seguir con regularidad tutoriales en la web o redes sociales para ejercitarse.

La cifra la lideran ampliamente las mujeres y la plataforma predilecta son YouTube (46,7%) e Instagram (42,6%).

En ambos géneros, las tendencias es que resaltan son que mientras más jóvenes los usuarios, más uso hacen de estas tecnologías, o que el estrato social que más las usa es el C3. Por ello, una de las instructoras que más seguidores ha ganado es Anaís Sorensen (26). Su cuenta supera los 530.000 seguidores y a sus clases diarias de yoga asisten más de 4.000 personas en directo, llegando a las 50.000 reproducciones en promedio. La siguen sin problemas, apenas frente a una pantalla.

“Mis clases son para cualquiera y son gratis, entonces me sigue gente de Chile y el mundo. Comencé a hacer clases así en noviembre, pero sólo por Zoom. Con la pandemia, empecé a hacerlas por Instagram y crecí en seguidores exponencialmente. Ha sido súper gratificante, porque tengo a familias completas haciendo yoga en el living; como que me meto adentro de sus casas, pero es solo a través de la videollamada”, dice. Su audiencia creció tanto, que debió contratar a su madre y su hermana para que le ayuden a manejar las redes y correo electrónico.

No es la única. Muchos otros también han debido trasladarse a las pantallas y ha nacido un nuevo elenco de influencers en campos inesperados como la medicina. Y es que las informaciones de salud y ciencia también han sido otra de las tendencias durante estos meses. Y allí, uno de los emisores que resalta es el médico Guillermo Guevara (36), que a través su cuenta de Instagram comenzó a difundir desde enero videos de consejos y cuidados para el Covid19.

Todas sus publicaciones cuentan con miles de reproducciones, transformándose en uno los primeros influencers de la medicina en Chile. “Preparo a médicos para dar el examen Eunacom, así que estoy un poco acostumbrado a tener que dar clases o comunicarme con las nuevas tecnologías. Incluso, como fue algo que encontró de sorpresa a las universidades, me han pedido que ayude a actualizar las metodologías de varias”, cuenta.

La experiencia de Guevara frente a las pantallas es total. Además de médico, estudió Derecho y en marzo decidió realizar su práctica profesional. La hizo en la Corporación de Asistencia Judicial de Las Condes, donde vio cómo la emergencia aceleró el proceso de modernización del sistema. “Antes era impensado que una audiencia se hiciera por videoconferencia, pero hoy eso se hizo algo normal. Ahora, los documentos se envían por correo electrónico y aunque parece algo simple, esos cambios aún no se habían hecho”, asegura.

En abril, el Poder Judicial permitió que el 82% de sus trabajadores operen desde el teletrabajo, a través de plataformas de videoconferencias, como Zoom, Hangouts y Skype y Webex.

La educación es una de las áreas que más se vio obligada a volcarse a las pantallas. El Mineduc lanzó la plataforma Aprendo En Línea, una web que cuenta con 20 mil recursos pedagógicos y en la que han participado más de 4 millones de estudiantes y profesores.


En el Liceo Bicentenario Indómito de Purén, al norte de La Araucanía, el profesor Lenguaje y Literatura Alfredo Núñez (34) ha liderado la revolución de su establecimiento reemplazando las guías físicas por videos y audios de WhatsApp. “El gran problema que tenemos aquí es la conectividad, entonces no puedo exigir a los estudiantes que asistan a una clase por videoconferencia, porque muchos ni siquiera pueden. Descubrí que algunas compañías tienen datos liberados para WhatsApp y redes sociales, así que comencé a generar contenidos fáciles de descargar para que se compartieran por allí”.


Luego, los trabajos son recibidos por el mismo canal, para finalmente ser evaluados. “Ya no se pueden hacer pruebas, porque es imposible saber si los estudiantes copian o no. Esta es la oportunidad de evolucionar”, recalca.

Múltiples pantallas

Pero no solo en tutoriales o clases se aumentó la interacción, pues con la televisión ocurrió lo mismo. Ya es común, por ejemplo, advertir una suerte de renacimiento de la televisión local, que ha reprogramado contenidos, con 11 antiguas teleseries liderando en las pantallas. Según la Asociación Nacional de Televisión (Anatel), desde que se inició la cuarentena, sumando la programación abierta y la de pago, desde el 16 de marzo al 6 de julio se registran en promedio siete horas diarias de consumo de televisión, un 30% más que en un período normal, superando incluso el récord de seis horas alcanzado durante el estallido social.

El fenómeno es profundo. Durante la pandemia, los hombres comenzaron a consumir más televisión: en 2019, un 41,7% de hombres y un 58,3% mujeres la miraba; ahora, esa cifra varió en 44,8% y 55,2%, respectivamente. En cuanto a la edad, el segmento de 35 y 49 años fue el que más creció, representando un 25,1% del total de la audiencia, mientras que en los estratos socioeconómicos, el alza se dio en el segmento D, que ahora registra un 45% del total de espectadores (+4%).

Además, el contenido por streaming ha tenido una enorme alza. Del tráfico de internet total que alcanzó Entel, por ejemplo, sobre el 65% del uso es ha sido para estas transmisiones.

Mientras Netflix aumenta sostenidamente sus suscriptores –durante este año, la plataforma ha sumado casi 26 millones de suscriptores nuevos, frente a los casi 28 millones de todo 2019– Chile también generó uno propio. Se trata de Onda Media, un proyecto impulsado por el Ministerio de Cultura, que solo exhibe realizaciones nacionales. “Las visualizaciones de películas nacionales crecieron en un 1.000% con solo poner ‘enter’ en el teclado del computador o en los distintos dispositivos móviles donde se puede descargar la aplicación”, explica la Ministra Consuelo Valdés.

La cartera impulsa además la lectura digital a través de la app de la Biblioteca Pública, donde los jóvenes son los que más leen: 71,3% tienen entre 21 y 50 años.

Desde marzo a junio, 115.368 nuevos usuarios activos (68% más) sumó esta plataforma, siendo la literatura universal (Edgar Allan Poe y George Orwell), la sexualidad, la literatura chilena (Jorge Baradit, Gabriela Mistral e Isabel Allende) y cocina los géneros más leídos.

Por supuesto, las aplicaciones de entretenimiento que lideran el ranking de uso de datos son otras:


Pero la televisión ha multiplicado sus funciones y –por ejemplo– también sirve ahora para jugar al fútbol. Con el tiempo de ocio disparado, el consumo de videojuegos ha crecido a más del doble. Y allí, el juego predilecto de muchos es FIFA20, que al ser un simulador de fútbol, ha reunido a grupos de amigos en campeonatos virtuales en ligas que funcionan como cualquiera que se dispute sobre el césped real.

Guido Vargas, del sitio La Arenga del Abuelo, es quien lidera esta nueva forma de jugar. Comenzó desde mayo con la Copa del Abuelo, un torneo que enfrenta a jugadores del fútbol profesional, jugadores profesionales de esport y simples fanáticos. “Ha sido algo súper interesante lo que se ha dado, porque como la modalidad de juego simula ser un jugador en cancha, cada uno debe dedicarse a entrenarlo. Jugadores profesionales, como Nicolás Castillo o Mauricio Pinilla, me han dicho que lo que les gusta es que es como estar en la cancha, porque puedes gritarle a tus compañeros o celebrar como tú quieras”, cuenta.

En total, su liga ya reúne a 1.150 jugadores, repartidos en 80 equipos de hasta 16 jugadores. El nicho más fuerte, dice, está entre los 21 y 30 años, mientras (40 equipos), seguido por los de 14 a 17 (25) y los mayores de 30 (15).

“Los partidos son desde las 21 horas y algo interesante que ha pasado es que, además de amigos jugando, hay papás que sus hijos le han enseñado a hacerlo”.

Guido Vargas

El confinamiento obligó al mundo a reescribir sus lenguajes y cambiar aceleradamente los escenarios de interacción. El mundo que George Orwell imaginó en su obra fundamental, 1984, parece ya algo normal. Escapar de una pantalla parece casi imposible, y todos los consultados creen que la tendencia llegó para quedarse.