Hace justo un año, un 62% de chilenos y chilenas rechazó el texto de una nueva Constitución. El resultado no sólo implicó abrir un segundo proceso constitucional que está en marcha. También tuvo un efecto rebote no menor: una durísima derrota para el gobierno y sectores de la izquierda que se habían jugado el todo por el todo.

Pero en el camino trazado por aquellos que estaban a favor del Apruebo, no enfilaron todos. Un grupo de personalidades del mundo progresista cruzó la vereda y se la jugaron por rechazar. Felipe Harboe fue uno de ellos.

Exmilitante del PPD, exsenador, Harboe fue parte de la Convención Constitucional y al poco andar fue tomando una ruta propia. Marcó postura crítica y fue un vehemente opositor de esa propuesta de nueva Constitución.

Usted fue uno de los promotores del Rechazo. Hoy, el nuevo proceso constitucional se ve tensionado. Podría no aprobarse. Mirando hacia atrás, ¿fue un error?

No, no me parece un error. El texto que nos proponían era identitario, divisionista. No reflejaba los valores de la sociedad chilena. Era más bien una borrachera electoral que no tenía destino. Así que no. No me arrepiento un minuto de haber votado por el Rechazo.

¿Y cómo observa los nudos de este nuevo proceso constitucional, la dificultad para ir llegando a acuerdos?

Claro, mirado así, uno empieza a advertir el mismo síndrome, pero desde el otro lado. Pero si aquellos que están haciendo eso creen que las personas de centroizquierda que estuvimos en el Rechazo hoy vamos a aprobar cualquier texto, están muy equivocados.

¿Cuáles son sus líneas rojas?

Nosotros vamos a privilegiar un texto que defienda las libertades, que respete la consagración del Estado social y democrático de derechos, que no retroceda un milímetro en los derechos que se han conquistado a favor de las mujeres y que tenga claros elementos en relación al cuidado del medioambiente. Si eso no se garantiza, si los republicanos pretenden instalar ideas conservadoras para imponerlas a la sociedad, no vamos a concurrir con el voto a favor.

¿Advierte síntomas parecidos a los del primer proceso?

Sí. Porque aunque este segundo proceso ha tenido más sobriedad, lo que hemos visto en los últimos días es la imposición de ciertas ideas por parte de quienes hoy tienen la mayoría. O sea, la consagración constitucional del rodeo debiera ser una norma de carácter legal. No me parece adecuado que quede en la Constitución. En ese sentido, están cometiendo los mismos errores. Y eso sí que es un problema para el país.

¿Por qué?

Porque la política tiene que sacar la cara del barro. El texto constitucional tiene que ser la ley marco, la cancha en la cual se mueva la democracia. Una mayoría circunstancial no puede pretender imponer su visión al resto de la sociedad. Las legítimas diferencias políticas de un país las resuelven las elecciones. No las constituciones.

"Aquí los únicos responsables del momento político que vive Chile son los Stingo, los Baradit, los Atria y todos aquellos que, irresponsablemente, se farrearon la gran oportunidad histórica de tener una nueva Constitución". FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA

Si gana nuevamente el rechazo o se termina por aprobar un texto más conservador, ¿no habrá sido una derrota haber llamado a rechazar el proceso anterior?

No, no. Aquí los únicos responsables del momento político que vive Chile son los Stingo, los Baradit, los Atria y todos aquellos que, irresponsablemente, se farrearon la gran oportunidad histórica de tener una nueva Constitución. En ese grupo de gente está la gran responsabilidad.

¿Eran tan poderosos?

Ellos articularon la Convención. Y a pesar de todas las advertencias que les hicimos, no nos escucharon. Nos decían: “Ustedes no entienden nada. Son políticos. Nosotros representamos al pueblo”. Bueno, ahí están los resultados.

¿En ellos pone toda la responsabilidad?

O sea, la responsabilidad del momento político que vivimos hoy, de cómo ha crecido el conservadurismo, es de aquellos que cometieron la irresponsabilidad de farrearse el primer proceso constitucional. Y en eso tienen también responsabilidad el gobierno y el Presidente Boric.

¿Avalaron?

Avalaron totalmente. Estuvieron detrás de ese proceso refundacional. En dos o tres oportunidades, yo conversé con el exministro Giorgio Jackson para decirle que el texto que se estaba fraguando no tenía destino. ¿Y qué hizo? Miró para el techo. No nos quisieron escuchar. Lamentablemente, los resultados nos dieron la razón.

La centroizquierda

Hoy, la mayoría circunstancial la tiene el Partido Republicano. En este nuevo escenario, ¿cómo y hacia dónde debiera moverse la centroizquierda?

El mundo de la centroizquierda está dividido. Están los que renegaron de su existencia y perdieron la identidad. Me refiero al Partido Radical, a la DC, al PPD. Sus directivas llamaron a votar por el Apruebo, pero sus bases rechazaron. O sea, no los acompañaron. Pero hay otro fenómeno en curso. La mayoría ciudadana no se identifica con un sector político. Está en un vaivén. Hay bacheletistas que votaron por los republicanos y hay gente que votó por Piñera y después por Boric. Tenemos un cuadro de confusión.

¿El clivaje derecha-izquierda realmente se rompió?

Hoy día la gente no está votando encuadrada en la tradicional división política que hubo en Chile desde 1989. Yo creo que el plebiscito del 4 de septiembre del año pasado terminó por sepultar el binomio derecha versus izquierda.

Pero claramente hay una división…

Sí, pero es una lógica de división entre demócratas y autócratas, y con los autócratas en los extremos de la derecha y de la izquierda.

Vuelvo a la pregunta anterior: ¿Qué pasa con la centroizquierda? Ni siquiera tiene líderes que muestren algún camino.

La centroizquierda tradicional fue fagocitada por el mundo del Frente Amplio. Intentaron parecerse, pero terminaron sin identidad. En estricto rigor, ¿qué influencia política real tienen hoy la DC, los radicales o el PPD? Ni una.

El PPD tiene a Carolina Tohá como jefa política del gobierno…

Carolina Tohá es ministra de Interior porque es Carolina Tohá. No porque sea del PPD. Mi punto es que cuando ese mundo de centroizquierda desconoció lo que había hecho, se montó en la lógica de la retroexcavadora, de socavar las bases de lo que se había construido, la gente se fue con quienes le ofrecían futuro. Y a todos los que dijimos reiteradamente que no se fueran detrás del Frente Amplio, que teníamos que reivindicar lo que se había hecho y promover cambios desde ahí, nos cancelaron políticamente.

¿Quedó abierta una herida?

Sí. El plebiscito del 4 de septiembre generó una fractura política y humana en el mundo de la centroizquierda. Fundamentalmente, con quienes estuvimos dispuestos a cruzar la vereda y atrevernos a decir que no íbamos a aprobar un proyecto refundacional.

¿Y ahora qué?

En un mediano plazo, debiera constituirse una nueva centroizquierda. O sea, lo que debiera ocurrir prontamente es que todos los que entendimos que el proyecto de Constitución no era el adecuado, debiéramos confluir en un espacio común.

"Aquí ya no va a pasar lo que el Frente Amplio pretendía: que el legado del Presidente Boric fuera una nueva Constitución. Y ya es bastante claro que tampoco va a haber una reforma a las pensiones". FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA

¿Con quiénes?

Ya se han realizado conversaciones con militantes y también exmilitantes de la DC, del PPD, del PR y algunos del Partido Socialista, pero sobre todo con mucha gente independiente. Hemos estado trabajando documentos juntos.

¿Bajo qué paraguas?

Deberíamos poder confluir en una especie de federación de partidos de centro y de centroizquierda, pero donde también tenga espacio la derecha liberal. La idea es armar una gran coalición de centro. Pero creo que el verdadero debate va a venir durante el próximo período. Porque soy un convencido de que la actual coalición no va a volver a gobernar.

El legado

¿Da por descontado que Gabriel Boric le va a entregar la banda a la derecha?

Es probable, muy probable. Y más allá de no ser partidario ni defensor de este gobierno, me angustia pensar que el legado del Presidente Boric será una polarización política y un auge, como nunca habíamos visto, de la derecha más radical. No veo otro legado en el camino.

¿Nada?

No, porque si me preguntas hoy día, yo creo que si la elección del nuevo texto constitucional fuera el próximo domingo, se podría rechazar.

Pero en esta vuelta el gobierno ha mantenido prescindencia del proceso…

Sí, pero me refiero a que aquí ya no va a pasar lo que el Frente Amplio pretendía: que el legado del Presidente Boric fuera una nueva Constitución. Y ya es bastante claro que tampoco va a haber una reforma a las pensiones. O sea, nada de lo que prometió va a ocurrir.

¿La derrota del plebiscito no dejó eso bastante claro? El gobierno tuvo que abandonar su plan original e ingresaron figuras de los famosos 30 años…

Sí, y uno se pregunta: ¿Qué sería de este gobierno sin Marcel, Tohá o Monsalve? Porque esa es la tríada operativa que está salvando el gobierno. Pero quedan dos años para que termine su mandato. La gran pregunta es ¿cuál será el legado de Boric? No hay buenos indicadores económicos ni sociales. Y te voy a decir más: de todas las medidas que se han tomado, la mejor medida económica para Chile fue el rechazo del 4 de septiembre.

¿Cómo?

Claro, porque ese resultado frenó la escalada de gente que estaba sacando la plata para afuera. Segundo, generó calma en el sentido de que no había un proyecto refundacional que iba a cambiar las bases institucionales del país. Estoy convencido de que el Rechazo fue la principal medida económica que se tomó.

Usted dijo hace poco que el legado de Boric será el auge de la ultraderecha…

El fortalecimiento de la derecha radical.

¿Esa derecha no venía creciendo de antes? De hecho, José Antonio Kast fue tan competitivo que compitió con Boric.

Claro, pero la radicalidad de la votación de los republicanos en la constituyente es una respuesta al ánimo refundacional del primer proceso constituyente. En segundo lugar, está la crisis de seguridad. La gente no votó republicano porque el candidato era bueno o malo. Votó porque ellos lograron hacer el match entre ser la verdadera oposición a un gobierno que lo está haciendo mal y por la crisis de inseguridad. De ahí sale este auge de la derecha más conservadora.

¿Un Macron?

¿Existe espacio para que esa centroizquierda pudiera reconstituirse? Dice que perdió su identidad…

Yo creo que el Partido Socialista ya tomó una opción. Consolidó su alianza con el mundo del Frente Amplio y el PC. Por lo tanto, una eventual alianza del PS con la DC y el PPD sólo sería en la medida en que los otros se sumen. No veo que se pueda reconstituir el Socialismo Democrático.

Entonces, ¿la reconfiguración de una centroizquierda debe venir por otro lado?

Efectivamente. Porque, además, si uno hiciera política ficción, para la próxima elección presidencial vas a tener un candidato de la derecha más conservadora y otra candidata de la centroderecha.

¿Evelyn Matthei?

Claro. Y luego habrá alguien de centro.

¿Podría ser Ximena Rincón?

No lo sabemos. Luego habrá un candidato o candidata del mundo del PS, Frente Amplio y el PC. Seguramente, ese nombre va a salir de una primaria entre Carolina Tohá, Álvaro Elizalde y Camila Vallejo. Y siguiendo esa línea, probablemente, la izquierda más radical también levantará un nombre como Jorge Sharp. Eso configura un mapa de cinco candidaturas y ahí cualquier cosa puede pasar.

El cientista político Alfredo Joignant ha dicho que podría pasar lo que ya pasó en Francia: que la centroizquierda vote por la centroderecha para evitar la derecha más radical, ¿lo ve?

Es tan volátil lo que está pasando… Nos podría pasar lo que dice Alfredo. Pero también podría suceder que aparezca una figura tipo Emmanuel Macron, que sin mayor base política electoral, pero de origen de izquierda o de centroizquierda, aglutine a un mundo distinto.

¿Alguien como usted?

No, no (risas). Pero podrían ocurrir esas dos cosas, ¿te fijas? Porque lo que no veo es que los partidos nuevos, como Amarillos o Demócratas, sean lo suficientemente fuertes para que salga alguien desde las bases.