El pasado 20 de enero, Kent y Rebecca Frasure, una pareja estadounidense, se embarcaron en el Diamond Princess para concretar el viaje de sus sueños: durante 16 días recorrerían el Mar del Sur de China, las costas de Taiwán, Hong Kong y Vietnam. Durante los primeros 10 días, los Frasure disfrutaron del viaje y no hubo nada que los distrajera. Sin embargo, todo cambió el sábado 1 de febrero. Ese día la tripulación del crucero británico notificó a las 2.666 personas a bordo que un pasajero que se bajó en Hong Kong fue diagnosticado con coronavirus. En ese momento, la pareja pensó que el caso no pasaría a mayores. El problema es que horas después, el barco viró de vuelta a Yokohama, donde fueron puestos en cuarentena por las autoridades locales. "Las autoridades japonesas empezaron a testearnos el 3 de febrero y en la tarde del día 5. Al principio fue todo normal", cuenta Kent a La Tercera.

La cosa comenzó a ponerse fea para los Frasure el 7 de febrero, día en que el viaje debía terminar. Fue ahí cuando ambos se dieron cuenta de que lo del coronavirus era gravísimo: los casos de contagios en el crucero alcanzaban los 102, mientras que los fallecidos en China sumaban 636. Como la mayoría de los pasajeros, Rebecca y Kent se sometieron a un test y ese mismo viernes 7 de febrero recibieron la noticia que no querían escuchar: ella dio positivo y fue derivada a un hospital en Tokio. Para peor, Kent permaneció encerrado en una cabina del crucero: "No tuvimos un beso de despedida porque no sabíamos lo que estaba pasando".

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Una pasajera baja del Diamond Princess el miércoles en Yokohama. Foto: AFP[/caption]

A esas alturas, las autoridades ya habían decretado el inicio de 14 días de cuarentena, pero aún así el número de contagiados aumentó exponencialmente: dos días después aparecieron 50 nuevos casos y en una semana se triplicaron con 135 infectados a bordo.

La crisis sanitaria convirtió a la embarcación en el lugar con más infectados del mundo, solo superada por la epidemia registrada en China continental. Actualmente, los fallecidos superan los 2.200, mientras que los contagios sobrepasaron los 76 mil, la enorme mayoría en territorio chino.

Recién el miércoles 19 de febrero el gobierno japonés autorizó el desembarco de los pasajeros no contagiados, poniendo fin a más de dos semanas de encierro y ansiedad para los pasajeros. No obstante, muchos aún se encuentran en el barco.

Primeros días

Como la mayoría de los turistas, la estudiante australiana Tehya Pffefer, de 18 años, tenía una vaga noción del peligro del virus cuando embarcó. "No estaba preocupada del coronavirus hasta que se nos informó del hombre infectado en Hong Kong, que estaba a bordo del barco. Antes de la cuarentena no tenía internet, así que no podía saber lo que ocurría afuera", comentó a La Tercera.

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coronavirus

El crucero Diamond Princess. Foto: AFP[/caption]

Lo mismo pensó Sarah Arana, de 53 años. Esta trabajadora social californiana recuerda que la noticia del pasajero infectado en Hong Kong no provocó una reacción inmediata en el barco. "Nos preocupamos, pero no demasiado. La gente se seguía moviendo libremente por el salón de comedor, comiendo en el buffet y bebiendo en los bares, porque nadie nos dijo que no lo hiciéramos. Todos estaban bastante relajados en ese punto y no creo que nadie esperaba que esto sería tan grande", dijo a este diario.

Una vez declarada la cuarentena, todos los entretenimientos del crucero fueron cerrados: el casino, las tiendas, los bares y comedores. Antes de la medida, Thiago Campos Soares trabajaba como vendedor en el shopping del Diamond Princess. Con la prohibición de salir de las cabinas, las funciones de muchos de los tripulantes cambiaron y a este brasileño de 33 años se le encargó vigilar los pasillos durante la noche. "Hay personas que aceptan el confinamiento y entienden lo que pasa, pero hay casos en el que el pasajero se altera: dice que quiere caminar, beber y que no le importa el virus", contó al diario brasileño O Globo.

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Un bus con pasajeros, aparentemente estadounidenses, del crucero Diamond Princess, son evacuados desde el puerto japonés de Yokohama.

Foto: Reuters.[/caption]

Debido a la cuarentena, la vida cotidiana en el crucero cambió radicalmente: tres veces al día el personal del crucero debió entrar con bandejas a la cabina, pero antes de ingresar los pasajeros tenían que ponerse mascarillas. La idea era evitar cualquier contacto directo entre la tripulación y los pasajeros: el aislamiento debía ser total.

Por eso mismo, los turistas se vieron obligados a tomar aire fresco por turnos. José Antonio Alatorre estuvo con su esposa en una cabina sin ventanas, lo que les hizo difícil diferenciar el día de la noche. Alatorre, citado por Univisión, contó que "no podíamos platicar con personas, ni hacer grupos, ni hablar. Antes teníamos que conversar con al menos un metro de distancia y luego las autoridades sanitarias japonesas recomendaron que al menos sean dos metros".

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Pasajeros del Diamond Princess se asoman a sus terrazas en el terminal de Yokohama. Foto: Reuters[/caption]

A pesar del aislamiento, Kent Frasure cree que pudo gozar de ciertos privilegios, por tener balcón en su cabina: "Así que podía salir cuando quisiera". Precisamente desde ese lugar mató el tiempo sacando fotografías al puerto de Yokohama, las cuales subió regularmente a su cuenta de Twitter. "Cada tres días se nos permitía ir a cubierta durante una hora, para estar afuera de la cabina. Hay un área de 100 metros de largo y 35 metros de ancho donde se puede caminar. No es mucho realmente", aseguró.

El miedo a contagiarse provocó en algunos pasajeros que no se atrevieran a moverse durante las dos semanas. "Me sentí extremadamente afortunada, entonces nunca subí a la cubierta, porque no quería exponerme de más al virus. Tenía miedo de contraerlo subiendo a cubierta", explicó Sarah Arana. "La parte más difícil fue escuchar que el número de los infectados crecía a diario y que la prensa se enteraba antes y los pasajeros eran los últimos en saber. Fue realmente frustrante y muchos de nosotros hablamos en contra del Ministerio de Salud de Japón por su falta de comunicación", agregó.

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Guardias de seguridad parados cerca del Diamond Princess en un puerto en Yokohama, cerca de Tokio. Foto: AP[/caption]

Varias veces al día los pasajeros del crucero escucharon las noticias respecto de su cuarentena en la voz de Gennaro Arma, el capitán del Diamond Princess. El italiano, de 45 años, intentó mantener la moral alta entre los turistas y tripulantes. "Es una situación difícil, inédita para todos nosotros. Pero, teniendo en cuenta las condiciones en las que nos encontramos, estamos tranquilos. A bordo hay tanto que hacer, que mi única preocupación era hacerme cargo de los pasajeros y el equipaje. Esperemos que esto termine luego", declaró, citado por el diario italiano La Repubblica.

El 14 de febrero, Arma mandó a repartir flores y chocolates con forma de corazón en todas las piezas, y hasta se dio el lujo de recitar un poema en el primer anuncio del día. A través de las redes sociales y en cartas que dejaron en sus puertas, los pasajeros mostraron su agradecimiento para el que calificaron como "el capitán valiente".

Consecuencias del encierro

A pesar de los esfuerzos de la tripulación por atender a los pasajeros, muchos tuvieron que requerir apoyo psicológico, debido a la ansiedad que produce estar encerrado en una cabina. Por este mismo motivo, a algunos se les recomendó no dar entrevistas.

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Pasajeros con mascarillas se despiden de quienes desembarcan el Diamond Princess en Yokohama. Foto: Reuters[/caption]

Laura Hawryluck, médica e investigadora de la Unidad de Tratamientos Críticos del Hospital de Toronto, ha estudiado casos de gente en cuarentena. "Las personas aisladas pueden presentar síntomas de angustia psicológica, como pesadillas, aumento en la alerta hacia el entorno y un rechazo hacia las personas que puedan tener indicios de estar infectadas", afirmó a La Tercera.

"La parte más difícil es el costo emocional. No es tan difícil como estar en una prisión, pero ciertamente me parece que a veces fue así. Encerrado sin nada que hacer te vuelve bastante viejo después de un par de días", afirmó Kent Frasure.

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Pasajeros con mascarilla miran hacia afuera por la ventana del bus mientras se alejan del Diamond Princess. Foto: Reuters[/caption]

Una de las causas de la rápida expansión de la enfermedad en el crucero podría explicarse en las condiciones en que usualmente trabajan los miembros del personal. "En algunos casos, las habitaciones son de cuatro por dos metros para dos personas, además que la tripulación tiene mucha interacción con los pasajeros (…). Sirviendo la cena pueden visitar varias habitaciones y tener muchas posibilidades de estar expuestos al virus", explicó Brandon Brown, epidemiólogo y profesor de medicina en la Universidad de California, Riverside.

Esto podría explicar el contagio del francés Michel Vittori, de 80 años que, aun habiendo hecho cuarentena, dio positivo en un test. Cuando se enteraron, los médicos japoneses lo trasladaron a un hospital en Tokio, dejando a su esposa Linda sola en la cabina que compartían. "Es triste, porque a pesar de todas las precauciones que tomamos, el virus nos llegó igual. Eso es lo que lamento", contó a la radio RTL en Francia. Aun así, Linda dio negativo en el examen y Michel no presentaba ningún síntoma de la neumonía cuando lo evacuaron.

Chilenos a bordo

El lunes 17 de febrero, el gobierno confirmó la presencia de cuatro chilenos en el Diamond Princess: dos tripulantes y dos pasajeros. El jueves, un día después del fin oficial de la cuarentena, se confirmó también el primer infectado chileno de coronavirus: una tripulante de 45 años que "durante el fin de semana presentó un cuadro de infección respiratoria aguda con fiebre alta y dolores musculares", según indicó el comunicado del ministerio. Ese mismo día se informó respecto de las dos primeras muertes de pasajeros del buque, correspondiente a una pareja de japoneses de 80 años que habían contraído la enfermedad en el crucero.

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Pasajeros con mascarillas se toman la temperatura tras bajarse del Diamond Princess en el terminal de Yokohama. Foto: Reuters[/caption]

José Luis Muñoz y Ximena Paredes, los dos turistas chilenos del Diamond Princess, pudieron evacuar la nave ese mismo día, ya que dieron negativo en los exámenes, aunque seguirán con observaciones médicas.

Evacuaciones

La cuarentena, como tal, ya terminó. Por eso, muchos países coordinaban evacuaciones con el gobierno japonés. De a poco, todos los turistas deberían abandonar el Diamond Princess. Estados Unidos fue el primer país en evacuar a más de 300 de sus ciudadanos. Ahora están pasando la cuarentena en bases de California y Texas. Entre ellos los 14 ciudadanos estadounidense contagiados con coronavirus. Otros países que han evacuado a sus ciudadanos son Canadá y Australia.

Aun así, esta primera evacuación no careció de polémica: en un video desde el interior del avión, una pasajera se quejó de que ni siquiera les habían hecho exámenes a todos, y que aun así viajarían en sillas muy pegadas las unas con las otras.

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Funcionarios escoltan a los pasajeros desembarcados del Diamond Princess hacia los buses en el puerto en Yokohama. Foto: AP[/caption]

Por motivos como estos, Mathew Smith, de California, decidió no embarcarse en el avión dispuesto por su país. "El gobierno norteamericano nos ofreció volar de regreso en extrañas condiciones, y ponernos en cuarentena de nuevo 14 días. (En caso de seguir en Tokio) no estaremos autorizados a volver a EE.UU., sino después de 14 días bajo el barco, y pasar otro test negativo allá. Preferimos seguir la cuarentena acá en Japón", explicó Mathew.

Tehya Pffefer, por su parte, ya volvió a Australia, donde se les impuso otra cuarentena en Darwin, al norte del país. "La parte más difícil es que no hemos visto a nuestra familia por más de un mes. A pesar de que hemos vuelto a Australia, requerimos hacer otra cuarentena por otros 14 días. Estoy en un estado diferente al que vivo. Pero, en otros 14 días más, veré a mi familia de nuevo" contó.

Cuando el último de los pasajeros evacue el crucero, será el turno de los tripulantes para someterse a una cuarentena de 14 días. Luego de eso, serán examinados por las autoridades japonesas y podrán volver a sus hogares.