Entre 1954 y 1955, un autor inglés saltó a la fama por revivir el género de la fantasía épica con una trilogía de libros llamada "El Señor de los Anillos", que con el paso de los años daría vida a un verdadero movimiento cultural, con fanáticos de todas las edades repartidos por el globo.

Uno de los fans de la obra de J.R.R. Tolkien era el director de cine B Peter Jackson, quien hizo suya la tarea de llevar a la pantalla grande esta épica, lanzando la primera de tres películas en 2001, con una recepción tan abrumadora que, pocos años más tarde, dio pie a la adaptación de otra de las obras del autor, "El Hobbit", un libro más breve, pero que también fue pensado como una trilogía de películas.

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No se podía desaprovechar el gran impulso cinematográfico que había tenido la nueva resurrección de la fantasía en la pantalla grande y, nuevamente, las películas arrasaron en la taquilla.

Los años han pasado, pero los fanáticos siguen reuniéndose, analizando y disfrutando la obra de ambos autores y es que, como pocas veces, de estas películas hay mucho más que ver que solo la utilería o los disfraces.

La producción de "El Señor de los Anillos" dejó en la localidad de Matamata, Nueva Zelandia, la única y verdadera villa de los hobbits, Hobbiton, hoy lugar de peregrinación para más de 600.000 fanáticos por año.

Con el auge de Nueva Zelandia como destino turístico, muchos se han atrevido a recorrer sus tierras y parajes, varios de ellos utilizados para las cintas originales, gracias a su prodigiosa naturaleza.

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¿Pero qué tiene Hobbiton de especial? Desde 2002, cuando se estrenó la segunda parte de la trilogía, "Las Dos Torres", se comenzaron a hacer los primeros tours guiados por el set de la aldea de los hobbits, todo en pequeña escala, ya que estos seres fantásticos no superan el 1,20 metro de estatura.

Al ser un set de grabación en exterior, cada estación tiene su propia magia a la hora de las visitas, así, mientras en otoño se puede disfrutar del cambio de las hojas de verde a amarillo y anaranjado, en el invierno los largos pastizales transportan a una era mágica, sin olvidar primavera y verano, donde las flores y los paisajes soleados son protagonistas, basta solo con elegir una época del año, ya que en Hobbiton se trabaja los 365 días.

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Para quienes no hayan visto las películas, en estas 500 hectáreas de terreno las casas están ubicadas bajo pequeños montículos y son un 60% más pequeñas que las dimensiones habituales, eso para lograr el efecto de que el mago Gandalf se viera mucho más grande en las cintas.

Mucho verde, grandes pastizales interrumpidos por una eventual entrada a una casa por medio de una colorida puerta redonda empotrada en las mismas formas montañosas, flores y árboles de todo tipo son parte del paisaje.

De acuerdo con Lily Craig, encargada de comunicaciones y marketing de Hobbiton (Hobbitontours.com), la forma más fácil de llegar es desde Matamata, donde se puede tomar un transporte especial incluido en el tour, para hacer de esta experiencia algo mucho más sencillo y sin complicaciones, aunque también se puede acceder en auto particular.

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En general, los tours más populares por la villa de los hobbits van desde los US$ 58 para los más básicos, con un paseo guiado con anécdotas de la filmación y una parada en la posada The Green Dragon, hasta los US$ 134 para un tour con banquete nocturno, la experiencia premium más deseada por los fanáticos del mundo de fantasía de J.R.R. Tolkien. Si se busca una experiencia completamente única, también se ofrecen eventos especiales, e incluso la oportunidad de celebrar matrimonios, por lo que no hay excusas para no disfrutar si ya se está en Nueva Zelandia.

Recomendado para toda la familia por sus bellos paisajes y amplios senderos, hay precios reducidos para niños entre nueve y 17 años, mientras que los menores de ocho años pueden recorrer el lugar de manera gratuita.

Ahora basta con animarse a conocer la recreación de uno de los lugares más emblemáticos de la obra de J.R.R. Tolkien y simplemente dejarse llevar por la magia de un mundo fantástico. MT