¿Qué pasaría si a la Premier League de Inglaterra o a La Liga de España llegaran cinco futbolistas chilenos? ¿O si una decena de futbolistas estuviese compitiendo en torneos de altísimo nivel? Seguramente los espacios deportivos se colmarían con sus historias y conoceríamos a los amigos, familiares y las notas que cada jugador obtuvo en sus escuelas.

Pues bien. Eso es precisamente lo que ocurre con el balonmano femenino en Chile, pero del que poco se sabe. Una disciplina que, en silencio, luce un contingente numeroso, compuesto por Valeska Lovera (BM Beti Onak), Alicia Torres (BM San José Obrero), Valentina Pérez (Rodríguez Cleba), Antonella Piantini y Madeleine Cortez (CB Lanzarote Puerto del Carmen), Sofía Alarcón y Josefa Araya (BM San Adrián), Francisca Parra (Aula Valladolid), Catalina Sepúlveda (CD BM Castellón), Maura Álvarez (Adesal), Rocío Gómez (SHBC La Motte de Francia), Valeria Flores (Palencia Turismo), Fernanda Álvarez (Oviedo) y Claudia Álvarez (Córdoba BM). Además, cinco de ellas integran equipos de la máxima división hispana, una de las más exigentes del Viejo Continente.

Fotos realizadas para llepo.photos

Pero ¿cómo logró un deporte colectivo nacional, que tiene una presencia en un Mundial (China 2009) y un bronce en los Sudamericanos Santiago 2014 como mayores logros, convertirse en una fuente de exportación? ¿Cómo un país que ha destacado en los últimos años por asistir a mundiales juveniles y junior se ilusiona con ser una potencia continental?

La respuesta va de la mano de las propias protagonistas.

» Trabajo en Europa

El balonmano femenino en Chile se encuentra trabajando en un proyecto a mediano plazo como pocas veces se había visto. Encabezando esta apuesta de las “Lobas” se encuentra Diego Soto (43 años), entrenador español que se atrevió a dejar su espacio de confort en la península ibérica para un desafío mayor, consciente de que llegaba a un puesto en el que la continuidad de los procesos no era algo habitual.

El exentrenador del BM Torrelavega y el Club León Balonmano (Cleba) no solo llegó dispuesto a cambiar esa falencia, sino a potenciar a la selección con miras a los Juegos Panamericanos Santiago 2023.

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Y el camino a seguir está definido. Según el leonés, un aspecto clave es potenciar la salida de jugadoras a ligas más competitivas y donde puedan jugar a un ritmo de alta exigencia, con mayor continuidad al que encuentra en Chile. Estar todas en Europa permitirá que, cuando existan recesos por fechas de selecciones europeas, sea posible reunirlas para disputar amistosos y avanzar así en el conocimiento del estilo de juego que quiere impregnar el jefe técnico. Por si fuese poco, en España encuentran facilidades para seguir con los estudios.

“Es una estrategia diseñada por diferentes circunstancias. Si la jugadora milita o sale fuera de Chile significa muchas cosas buenas para ella: gozar de una estructura profesional o semiprofesional alrededor de ella, significa entrenamientos continuos, significa técnicos continuos formados, significa competición todos los fines de semana”, indica Diego Soto.

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Una de las jugadoras más experimentadas del plantel y que conoce desde el comienzo el proceso es Valeria Flores (jugadora y entrenadora del Palencia Turismo). Con 11 temporadas en España, y con el Mundial de China en 2009, recuerda cuando decidió irse: “cuando me vine a Europa estaban la Inga (Feutchmann), María Eugenia Musalem y yo. Luego se vino Daniela Caneza, y ahora somos cerca de 15. Hay que tener ovarios para venirse, no es tan fácil como se puede pensar. Aparte de lo anímico, es acostumbrarse a vivir otro estilo de vida y ver otro mundo del balonmano”.

Respecto del mayor cambio que enfrentó, Flores dice que “cuando me vine, tenía otra mirada, casi de la idea ‘soy la puta ama’, soy súper buena, en la selección hacía un montón de goles, pero llegué acá y me di cuenta de que no tenía idea de lo que era jugar balonmano, aprendí todo, se juega todos los fines de semana y entrenas para cada partido, tienes que ver videos, estudiar al rival, es muy distinto a lo que existe en Chile, también tácticamente, por qué se hace una cosa en lugar de otra y para qué se hace. Por eso, no todas aguantan y hay algunas que se han devuelto a mitad de temporada”.

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El poco conocimiento que existe del balonmano era otro factor que incidía. Según Antonella Piantini, actual portera del CB Lanzarote Puerto del Carmen y con paso por tres equipos italianos, recuerda que “cuando empecé a jugar handball, ni siquiera sabía que uno se podía ir a jugar afuera del país, y cuando me enteré de que uno podía aspirar a salir me cambió toda la mentalidad”.

Desde esos días, la evolución ha sido enorme, lo que ha permitido instalar a Chile como uno de los equipos fuertes del continente, al punto de que existe ilusión con clasificar al Mundial de 2021. “Si seguimos con este ritmo y si se siguen sumando jugadoras a nivel competitivo afuera creo que podemos conseguir un buen logro y vamos a llegar mejor preparadas que años anteriores. Cruzamos los dedos para tener una continuidad con el entrenador, porque he tenido entrenadores por año prácticamente, nunca uno por más de dos años, entonces eso es muy importante para nosotras como equipo”, precisa Piantini.

La capitana del equipo, Francisca Parra (Aula Valladolid) apunta al discreto nivel que existe en la competencia local como otra de las razones para la salida de jugadoras. “Que haya tantas jugadoras en el extranjero se debe a que en Chile es muy difícil desarrollarse como deportista y como handbolista. Nuestra liga no es muy buena, no es muy competitiva, y para mí, por lo menos, era muy frustrante competir contra otros países y que fuesen mucho mejores que uno, porque tienen ligas mejores y más roce sus jugadores, entonces la única forma de mejorar es contar con jugadoras en España o en Europa. Eso entrega competitividad”.

Otro aspecto que le permite a Chile ser observado de forma distinta pasa por el crecimiento en series menores. Según Valentina Pérez (Rodríguez Cleba), “el proceso de formación en Chile también ha avanzado un montón, en juveniles y cadetes, manejan más contendido que lo que se tenía hace 10 años. Y si bien falta mucho por avanzar, al ser jugadora de balonmano en Chile no es tan lejano jugar en el extranjero, el mismo hecho de que casi todas estemos en Europa nos da más experiencia y eso en los torneos nos va a beneficiar”.

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Con todos estos cambios, lo que sí queda claro es que a las “Lobas” se le mira distinto. Como dice Valeria Flores, “Chile ahora ya no es un país desconocido, ya se conocen jugadoras chilenas y eso es bueno, que haya más valientes que se atrevan a cambiar un poco la idiosincrasia con que nos crían, especialmente a las mujeres, que hay más opciones que estudiar, casarse, tener hijos y una casa, hay otras realidades que se pueden conseguir”.

Es la gran apuesta de las “Lobas”, la Selección que desde España espera llevar a Chile a lo más alto en Santiago 2023. MT