Hace rato que el género telenovelesco dejó de ser exclusivamente para mujeres. Las recientes producciones infantiles y nocturnas ampliaron el segmento y, en esa línea, Mujeres de lujo va más allá: su público objetivo -conscientemente o no- son los hombres en su sentido más básico. Esos que se repiten los capítulos de Infieles y series afines, los que hacen esa matemática bien machista de que mientras más se muestre, mejor.

Y la telenovela de CHV es generosa en desnudos frontales y traseros. En escenas coreográficas de sexo bien iluminadas -no como la de los telefilmes del mismo canal, con mujeres pasadas de peso y hombres sudorosos-, en prostitutas que se acuestan con hombres de buen físico (porque sus "clientes" no son viejos decadentes ni gordos). En resumen, la fantasía completa.

Entre tanto destape, la trama sigue las convenciones del melodrama: un triángulo amoroso, con villanos y héroes. Y al menos ayer, tuvo una edición que  contrastó con la lentitud de Conde Vrolok. Un capítulo debut de ritmo endemoniado, bien musicalizado y visualmente superior a las anteriores producciones del canal privado.

En lo específico, Fernanda Urrejola asume un protagónico que debe perfeccionar: llora como heroína de teleserie venezolana, con histeria pero sin conmover por su tragedia (la desaparición de su hijo). Sí conmueve con su voluptuosidad. Bárbara Ruiz-Tagle, en cambio, insinuó que el suyo puede ser el mejor personaje de la historia. En lo general, Mujeres de lujo tiene las armas para ser "el" fenómeno del verano.