"Encuentro terrible haber sido designado vocal de mesa. Traje la tele, pero falta la parrilla", dijo Javier Zamora, secretario de la mesa 194, 195 y 196 del Liceo Carmela Carvajal, en Providencia. Resignación era lo que sentía a pocas horas del partido de Chile contra Alemania, por la final de la Copa Confederaciones. Sin embargo, no pretendía quedarse sin ver el encuentro: junto a sus compañeros se organizaron para instalar un televisor y traer los alargadores para conectarlo.

En el centro de Santiago, en el Instituto Superior de Comercio (Insuco) de Amunátegui, dos comisarios llegaron con camisetas rojas a sus respectivas mesas. El día anterior, en la constitución de ellas, ambos decidieron traer un televisor portátil y comprar una antena para poder ver la final. "Es pequeña, pero van a caber bastantes goles adentro. Trajimos gorros, pitos, banderas. Estamos preparados para el triunfo", adelantaba Jorge Vergara.

La delegada electoral del Insuco, Carolina López, agregó que "sin descuidar las mesas, pondremos una tele, que nos facilitó el colegio, en el patio principal".

A 60 minutos del encuentro en Rusia, Marco Antonio González, presidente de la 16, 17 y 18 M en el Estadio Nacional, supervisaba los comicios y miraba el televisor que trajo a las 8 de la mañana. "Venimos todos camiseteados y trajimos harto cotillón para compartir a la hora del partido", dijo González.

En el recinto, la Cruz Roja instaló dos aparatos para mirar el duelo. Su presidente nacional, Patricio Acosta, explicó que "aparte de las galletas y el café, pusimos estos televisores para que la gente no se perdiera la final. Hemos tenido harto público. La gente aprovechó de tomarse la presión y un cafecito".

En tanto, en Rancagua, los vocales de mesa del Colegio Eduardo de Geyter obligaron al jefe de local a ver la final de la Copa Confederaciones, tras una rápida votación interna que permitió la instalación de pantallas en las mesas.

Colapso

Los vocales de mesa no fueron los únicos que se organizaron para ver el partido de la "Roja". Los votantes, principalmente en el sector oriente, esperaron que las mesas estuvieran constituidas para ir a sufragar. Así, colegios como el Verbo Divino o el Villa María Academy, en Las Condes, presentaron alto flujo de personas poco después del mediodía, provocando extensas filas.

Lilian Galleguillos fue al Verbo Divino con sus dos perros, ambos vestidos con indumentaria de la Selección, en un coche para bebés. "Demoré más de una hora y media en votar, pero menos mal alcanzaré a ver el partido", explicó la mujer.

En el Estadio Nacional, a media hora del partido, la imagen era similar. "Igual estoy nervioso. Queda poco. Si bien quiero cumplir con mi voto, pero también no deseo perderme ningún minuto de la final", señaló Ricardo Becerra, quien vestía la camiseta de la Selección y estaba esperando su turno para votar.

En el Colegio Alemania, en Las Condes, un hombre prefirió el fútbol que su pololeo: ante la orden de quedarse como vocales, se retiró y dejó a su novia en la mesa, quien debió asumir el puesto faltante. En Tocopilla, Juan Aguilar cometió el error de llegar temprano a sufragar. Pese a estar vestido con gorro y camiseta de la Selección, debió cumplir con su labor cívica.

Mientras se entonaban los himnos en San Petersburgo, varias mesas en el Colegio Carmela Carvajal, en Providencia, cantaban Puro Chile, al tiempo que preparaban los votos para el resto de la jornada.

Finalmente, entre las 14.00 y 16 horas, los centros de votación estuvieron semivacíos para ver la final. En las últimas horas de la jornada regresaron quienes no pudieron votar en la mañana. Pero a esa hora, las camisetas rojas ya no eran tantas.